-Este lugar es precioso –repetía Jimena a cada rato ligeramente incómoda al andar en silencio junto a alguien como Norberto. Tenía tanto que decirle. Pero por ahora solo se sofocaba viendo como él la miraba, sin poder evitar sonrojarse en más de una ocasión. Pacientemente la sujetaba para no dejarla caer cada vez que alguna roca maliciosa se interponía en su camino haciéndola perder el equilibrio. -Sí, lo es... - aceptaba él disfrutando de cada paso en su compañía. -Es increíble lo mucho que ha cambiado, está más cuidado, menos dañado por la mano del hombre. -Sí, según supe lo restauraron, ahora es una zona protegida. -A veces no nos damos cuenta del daño que podemos causar...-reflexionó en voz alta. -Cierto...- y no solo al medio ambiente pensó para sí misma sintiéndome levemente cul

