*RICCARDO* ¡Ah, por fin! ¡La imponente silueta de mi mansión se alzaba frente a mí, un faro de solidez y poder después de esta odiosa jornada! Apenas el chofer detuvo el Rolls-Royce, salté fuera con una urgencia que rozaba la desesperación. —¡Antonia! ¡Luisa! ¡Rápido, lleven a Valeria a la suite principal! ¡Asegúrense de que tenga todo lo que necesite: una infusión caliente, compresas, lo que sea! ¡Que no le falte de nada! ¡Y preparadle un baño relajante, con esas sales de lavanda que tanto le gustan! ¡Quiero que se sienta como una reina, después del sobresalto que hemos tenido! Las observé alejarse, dedicándole miradas compasivas a Valeria mientras la acompañaban al interior. ¡Ay, mi dulce Valeria! La emboscada… ¡Maldita sea la hora en que ese infeliz de Visconti se cruzó en mi camino

