Si de tener razones de peso para adueñarme del esposo de mi hermana gemela Líah, había muchas. —Pero era lo correcto?—Sabia que no, primero lo que mal empieza, mal acaba así se lee la frase. —¿Lo amaba?—Era casi cierto que así era, pero ¿Acaso eso me daba el derecho de quedarme con todo ese bonito cariño, esa genial vida? ¡No me lo daba! Casi había pasado un año, un año en el que yo me gané el amor y la admiración de todos los que conocían a Benjamín, aparte todo el círculo conocido de Líah Michel. Vaya vida de porquería la que iban a tener al volver ella otra vez. Pero así son las cosas en este mundo. Parecería que lo injusto se sale con lo suyo, que las almas inocentes sufren sin que nadie los evite, así como alguna vez en la vida me negaron el derecho a tener padres. Vaya, la vida

