La noche comenzaba a caer sobre Londres, envolviendo al hotel La Corona en una atmósfera elegante y reservada. En uno de sus salones privados, Hera Dempsey, impecable como siempre, organizaba con meticulosidad una cena especial. Sus ojos revisaban con agudeza cada detalle en la mesa: el mantel de lino, la vajilla de porcelana, las copas brillantes bajo las luces tenues y cálidas. La cena debía ser perfecta, pues esperaba a los tres hermanos de la familia Hermes: Horus, Hipólita y Hércules. Les tenía una sorpresa, pero no revelaría nada hasta el momento adecuado. Vestía un conjunto de pantalón y chaqueta de seda azul oscuro, adornado con detalles de encaje discreto que delineaban su silueta. Su cabello recogido y sus labios teñidos de rojo borgoña proyectaban autoridad. Cuando sus hermanos

