Capítulo 59 Los artículos

1107 Palabras

En el penthouse, Hafsa había retirado los cojines del sofá y los había alineado junto a la ventana, formando un pequeño rincón para rezar. La luna no era visible esa noche, pero la ciudad brillaba bajo las luces artificiales, un océano de cristales rotos que latía sin descanso. Amal cerró la puerta suavemente tras salir. Hafsa estaba sola, envuelta en el silencio de la suite. La alfombra bajo sus pies tenía un diseño floral tenue, apenas perceptible, y en esa quietud sagrada, inició la oración del Isha. Sus movimientos eran precisos, disciplinados. Cada gesto estaba impregnado de devoción. El ayaba verde, ahora sin pliegues, caía con suavidad sobre sus hombros, mientras se inclinaba, se postraba y recitaba los versos que la anclaban a su fe. Sus ojos cerrados transmitían una paz que cont

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