Así, otro guía intentó acercarse y colocarle una correa a Perseo, pero este gruñó levemente. No era una amenaza, sino una advertencia clara. No quería ser tocado. Teseo, imitando a su mentor, también mostró resistencia. Nadie allí podía tocarlos, solo su único y verdadero amo. Los perros eran amigables con todos, pero ellos nada más aceptaban el contacto de su señor. Intentaron darles comandos de obediencia. Pero nada pasaba. Perseo guio a Teseo hacia un rincón de la sala y ambos se acostaron en el piso, observando el entrenamiento de los demás canes sin involucrarse. Los entrenadores intercambiaron miradas preocupadas. Nunca habían visto tal grado de lealtad y resistencia en perros de servicio. Decidieron informar a Horus. En la oficina del director general, Priscilla Whitmore se acer

