–Buenos días perdida. –Saluda Andrew a Anna. La ha llamado por teléfono, ella acaba de llegar de dejar a su hija en la guarde. – ¡Andrew! ¡Qué tal! ¿Cómo va todo? –Pregunta Anna contenta, Andrew ha sido la única persona que la visitaba en la cárcel aparte de su hermana, y aunque estaba en la obligación de hacerlo por ser su abogado, pero también se convirtió en su amigo, él y su hermana son las únicas personas en quien confía, la cárcel también te quita eso; poder confiar en la gente. –Todo bien, mucho trabajo, ¿Qué te parece si te invito a cenar y te propongo algo? –Pregunta Andrew misterioso. –Si es casarte conmigo, lo siento soy una expresidiaria. –Contesta Anna riendo. –No, no es eso, pero yo me casaría con una expresidiaria, no lo dudes. – ¿Qué me tienes que proponer? –Pregunta A

