SAL Los guardias jamás nos esperaban. Eso queda más que claro. Los liquidamos en unos diez segundos. Me cuesta admitirlo, pero el plan de Liam no era tan malo. Y funcionó. Lo que ninguno de nosotros esperaba, sin embargo, era ver a dos mujeres saltar de una Ford F-150 hecha pedazos. Una de ellas es la mujer que amo más que a nada en el mundo. Gia. Se ve aterradoramente delgada. Dios. ¿Ha estado comiendo? ¿Qué carajos ha intentado darle de comer ese irlandés de mierda? Estoy a punto de girarme para gritarle, pero no puedo apartar la mirada de ella. Escucho a Liam bajarse de su cuatrimoto y Dominic lo imita. —Gia— llama Dominic—. ¿Estás herida? Ella responde en italiano, tajante. Dice que está bien. Que no está herida. Que está bien y agradecería que no la trataran como a una niñ

