GIA En todos los lugares en los que me han secuestrado últimamente, este es, sin duda, el que menos me gusta. Hace un calor de mierda. Tanto que siento que voy a explotar. Fiel a lo que predijo el doctor O’Malley, las náuseas severas de la mañana han ido disminuyendo. Puedo funcionar, moverme, y después de aproximadamente un día, el médico de Benicio, que ha estado a cargo de mí, me retira los sueros intravenosos. Eso es genial. Lo que no es nada genial, sin embargo, es el hecho de que soy prisionera en esta casa enorme y sofocante, sin aire acondicionado. Benicio no ha aparecido desde que llegué. He visto al médico dos veces y, después de que terminó el suero, tampoco lo he vuelto a ver a él. Desde entonces, durante los últimos días, he estado completamente sola. Algún día me secu

