SAL Después de que termino, Catalina me mira durante un segundo. Luego asiente. —Está bien. Entonces. Amas a Gia. —Sí —susurro. —¿Y vas a renunciar a ella así nada más? Parpadeo. —No es tan simple. —Sí, creo que es bastante jodidamente simple, hermano mío. —Gia no me quiere —digo con amargura. —¿Y tú crees que eso la detendría? Alzar la vista hacia ella me permite ver que Catalina habla en serio. —¿Qué quieres decir con eso? Ella resopla. —Quiero decir que, si hay algo que sé de Gia Vitali, es que es mucho más que un perro con un hueso. Es una loba con una presa. Prácticamente inventó el concepto de la persistencia. Si te amara, no se detendría. —Catalina —suspiro—. Lo sé. Por eso sé que no me ama de vuelta. Porque si Gia me amara, haría todo lo que estuviera en su poder par

