GIA —Entonces. ¿Me dirás por qué te niegas a tomar unas burbujas, entonces? Levanto la vista desde la cama de la pequeña cabaña. Sal y Stassi se fueron… hace rato. No estoy del todo segura. ¿Días, tal vez? Al menos un par. Quizá más. La verdad es que no puedo medir el tiempo. Todo lo que tengo es la enfermedad. Es casi constante. No he comido nada en días. Semanas. Ni idea. Mi cuerpo se siente fatal, y mi piel parece como si de verdad me estuviera convirtiendo en un fantasma. Debería preocuparme por mí misma. Pero no lo estoy. Hay como una distancia extraña a mi alrededor. Es como si me estuviera viendo hundirme cada vez más en una especie de estado raro, casi de cadáver, pero sin poder hacer nada al respecto. Me observo desde lejos, y al mismo tiempo estoy dentro de mí… Sí. No

