La relación entre mi jefe y yo se había tornado un poco turbia luego de ese pequeño incidente en su oficina. De mi parte solamente quería brindar un servicio óptimo que diera muestra de mi innegable profesionalidad a la hora de ejercer mis labores como asistente. Una reunión muy importante con unos socios extranjeros se suscitaba casi de manera improvista debido a que no se esperaba que se diera de manera definitiva, pero lo cierto es que los tres ejecutivos más famosos en el mundo de los cortejos funerarios se encontraban sentados junto a el señor Eugenio Zamarra (propietario de la empresa) y mi jefe Noah Beliar (gerente general). Cinco personas que necesitaba atender muy bien para que su reunión resultara amena, y de esa manera se pudiese firmar ese anhelado acuerdo entre empresas. Fuí a

