CAPÍTULO 6

2782 Palabras
Las infidelidades son una cosa bastante extrañas. Muchas personas viven engañando a su pareja todo el tiempo, para ellos es el equivalente a respirar, pero existen muchas otras personas que lo hacen por necesidad. La incómoda situación de haber conocido tarde a la persona que realmente amamos, es una cruel jugarreta de el destino traídor a quien le encanta colocarnos en una circunstancia muy difícil en la cual debemos decidir entre quedarnos con las ganas o quedarnos con la culpa. En mi caso preferí quedarme con la culpa, estaba convencida de que ese hombre nació para estar conmigo, el problema es que llegué algunos años tarde a su vida, si lo hubiese conocido primero, estoy muy segura de que sería mi esposo en lugar de ser el esclavo de esa amargada cascarrabias que solamente piensa en venir a su oficina para hacerle escándalos, dejándolo en ridículo ante sus compañeros de trabajo. Esa mañana esa misma culpa, la que había decidido llevar en mis hombros como precio para poder tener a mi jefe como siempre lo he deseado, ahora me estaba carcomiendo estando encerrada en ese pequeño cuarto de suministros, agregado a eso puedo acotar el inmenso temor que sentía de ser descubierta en esas condiciones. El ambiente era tenso y preocupante. Mi corazón latía apresuradamente mientras escuchaba la voz de esa mujer del otro lado de la puerta. — Tú nunca cierras la puerta de tú oficina ¿se puede saber que estás escondiendo? — sus pasos eran suaves y acechantes. Ella estaba completamente segura de que su esposo la estaba engañando. — Estaba revisando unos papeles muy importantes, y por eso necesitaba privacidad para poder concentrarme — respondió sin tartamudear ni sonar preocupado, al parecer tenía mucha experiencia diciendo mentiras. — ¿Porqué no viniste a dormir a la casa nuevamente? Ésta es la tercera vez en la semana que haces lo mismo, me juraste que no volverías a dormir en la calle, pero has vuelto a romper tu promesa. No me extraña tratándose de tí. — Sabes que estaba en una reunión de negocio con mis socios del trabajo, tú los conoces muy bien. Sabes que son personas serias que jamás se prestarían para ser mi alcahuete. Mientras ellos tenían su pelea marital, yo aprovechaba el tiempo para terminar de vestirme rápidamente, de esa manera, si era descubierta, y sacada por un agarrón de cabello, al menos no estaría desnuda. Su nombre verdadero era Mónica Deprano, una mujer extraordinariamente elegante, todo aquél que quisiera describirle debía comenzar haciendo énfasis en su marcada figura y excelente estilo de la moda. Era una mujer extremadamente bella, rubia de ojos verdes exhibiendo un perfil europeo. En pocas palabras, era la mujer que yo no sería jamás. — ¿Tienes a otra mujer? — su voz se quebró levemente. — ¿De qué diablos hablas Mónica? ¿Realmente quieres volver a tener esta discusión conmigo? Siempre estás a la defensiva con tus acusaciones sin fundamentos ¿Al menos te preocupa el hecho de que no hemos tenido sexo desde hace más de un mes? — Lo sé perfectamente, pero si al menos te quedaras a dormir en la casa, las cosas tal vez serían un poco distintas. Cada noche debo quedarme despierta hasta altas horas de la madrugada tratando de adivinar si vendrás o no vendrás, como si se tratase de algún tipo de lotería poder dormir junto a mi esposo — rompió en llanto al ya no poder aguantar ese peso de las malas acciones de Noah como pareja. — Mi amor por favor, no digas eso. Tú sabes que todo lo que hago es por tí y nuestro hijo, para que sigamos teniendo la calidad de vida a la que estamos acostumbrados. No entiendo porque me celas, sabes que jamás tendría ojos para otra mujer que no fueras tú — Noah se acercó a ella y comenzó a acariciar su mentón suavemente tratando de hacer que ella dejase de llorar, algo que lograría muy fácilmente con su enorme poder de convencimiento. — ¿Seguro? — todas sabemos que significa cuando decimos esa palabra, hemos caído en sus redes y estamos a punto de ser sus víctimas nuevamente. — Te lo aseguro — empezó a besarla apretándola fuertemente con esos musculosos brazos enormes, esos labios que hace unos minutos me besaban a mí, ahora la besaban a ella con mucho deseo yendo desde la boca al cuello provocando un leve gemido al ser levantada y sentada sobre el escritorio mientras que Noah apartaba todo lo que estuviera a su paso sobre ese escritorio tirándolo al suelo sin importarle que se pudiera romper algo. Yo miraba a través de la ranura entre la puerta y la pared sin poder creer lo que estaba presenciando ¿cómo diablos podía estar desnudándola a ella? ¿Si hace apenas unos minutos intentaba desnudarme a mí? La camisa de mi jefe voló lejos al ser arrojada por Mónica quién esperaba impaciente ser penetrada por su atractivo esposo, él sin dejar nada a la imaginación comenzó la fiesta inmediatamente empujando su cuerpo contra el de ella una y otra vez haciendo que ella le dedicara todo un recital con sus mejores gemidos generados por todo el placer que estaban sintiendo ambos. No sabía como sentirme, ni mucho menos como reaccionar. Era primera vez en mi vida que estaba ante una situación así, les juro que me sentía como la mujer más estúpida de el mundo, y lo peor de todo es que ni siquiera podía llorar debido al temor que tenía de ser encontrada en ese lugar. Solamente me quedaba una opción, esperar allí mientras ellos terminaban su intensa faena de reconciliación. Me pregunté a mí misma ¿En serio esto es lo que quieres para tí? ¿Sigues creyendo que es mejor quedarse con la culpa que con las ganas? No existe peor juez que uno mismo, nadie más puede hacerte entrar en razón tan rápidamente que cuando tu cerebro finalmente entiende la triste realidad. Lo más extraño de el caso, es que mientras yo recibía el regaño de mi vida de parte de mi subconsciente, no podía dejar de mirar a través de esa ranura en la puerta, como mi jefe movía todo su escultural cuerpo completamente inspirado, el sudor bañaba todo su ser, y era excitante ver las venas de sus brazos brotar de esa manera tan portentosa, además de mirar su trasero tan redondo como firme mereciendo ser nalgueado.pero aún así, siendo el hombre más guapo de todo el planeta tierra, no podía perdonarle semejante falta de respeto. No me molestaba el llanto que ahogaba con mis manos en el silencio de ese pequeño cuarto, ni tampoco haberme quedando con las ganas de tener sexo. Me molestaba lo descarado que había sido por hacerle el amor a su mujer técnicamente al frente de mí luego de que nos besamos tan lujuriosamente. Rick caminaba tranquilamente a través de un vacío callejón de una calle muy peligrosa en un barrio de mala muerte aún peor de donde nosotros vivíamos. Había colocado todo mi dinero dentro de un pequeño sobre para tratar de dar un poco de formalidad a el "pago" que realizaría, estaba bastante contento de poder abonar una buena parte de la deuda, y de esa manera poder dormir tranquilo al menos por una semana más mientras (según él) trabajaría fuertemente para conseguir el resto de el dinero. El muy idiota le debía esa gran cantidad a la banda de el sujeto más peligroso de toda la región, todos lo conocían bajo el seudónimo de "Mister Marlon" y era el responsable de una increíble cantidad de asesinatos en todo el estado ¿que más le daría acabar con la insignificante vida de Rick haciéndolo desaparecer por completo? Pero las cosas podían calmarse un poco con ese dinero que estaba a punto de entregar. — ¿Tienes las pelotas de venir a dar la cara en mi barrio cuando sabes que me debes? — Marlon era un hombre un poco obeso y calvo que disfrutaba mucho llevar siempre la ventaja en todo. Ese día se encontraba sentado en una acera viendo como Rick se acercaba a él lentamente y con la cara totalmente pálida. — Vengo a traerle esto, míster Marlon — le entregó el sobre en sus manos con mucho respeto hacía él, mejor dicho, miedo. — No está completo, aún falta mucho dinero — miró a Rick directamente a los ojos luego de terminar de contar los billetes. — Solamente es un abono, señor Marlon. Le prometo traer el resto de la deuda para este fin de semana — sus manos temblaban y su voz era mucho más aguda que de costumbre. —Entiendo, solo que ahora el monto se duplicó. Es decir, que aún sigues debiendo exactamente lo mismo — Marlon reía de una manera malvada y malisiosa. — ¡¿Qué?! Eso es absurdo, estoy cumpliendo con las cosas como lo acordamos, no me puedes duplicar la deuda así como así, entonces técnicamente, es como si nunca te hubiera dado los miles de dólares que acabo de darte — Rick estaba sobresaltado. No podía creer lo que sus oídos habían escuchado. — ¿Me estas llamando ladrón, pedazo de basura insolente? — No señor Marlon — sus manos elevadas ante ese obeso sujeto solamente demostraban el inmenso temor que Rick tenía en ese momento. — Tú fuiste quién decidió atrasarse con el pago de mi dinero, ahora te toca pagar o sufrir las consecuencias, y si por casualidad se te ocurre huir o salir de la ciudad, debes tener muy presente de que entonces iremos tras tu linda esposa, pero alguien deberá pagar ¿entendido? — Si señor Marlon, le prometo que este fin de semana tendré el dinero pata tí — Rick observaba como los escoltas de Mister Marlon exhibían sus armas de fuego luciendo muy amenazantes. — Más te vale Rick, más te vale — Marlon encendió un cigarrillo y dejó que el humo proveniente de sus pulmones se evaporara en el aire — ahora largo de aquí, no quiero seguir viendo tu patético rostro de perdedor. Rick se alejó lentamente de ese lugar sin saber lo que haría con su vida, estaba realmente metido en problemas sabiendo que debía conseguir ese dinero o sería hombre muerto. Mientras tanto yo seguía esperando a que esa sesión de coito finalizara, jamás había visto un hombre durar tanto, era algo muy tedioso para mí que me encontraba a la espera, seguramente para Mónica todo fue muy distinto, pero yo me encontraba tan aburrida que me dediqué a leer una revista para matar el tiempo que hiciera falta para ese orgasmo. Iba a mitad de la revista cuando escuché ese inconfundible gemido final, ese que indica que todo terminó. Luego de eso tuve que esperar unos minutos más para que se vistieran y ella saliera de la oficina. — Te amo, te espero para cenar. Hoy te prepararé tu comida favorita — Mónica estaba tan feliz, su rostro había cambiado considerablemente a comparación de como llegó. — Solamente tú sabes preparar el risotto como a mí me encanta, tenemos una cita, allí estaré, tenlo por seguro — Noah Beliar tomaba un poco de agua para recuperar fluidos mientras veía a su esposa salir de la oficina cerrando la puerta tras su espalda. Fue el momento perfecto para finalmente salir de ese pequeño cuarto y hacer mi mejor escena merecedora de premio de la academia. Mi sangre hervía debido a la rabia incontrolable que corría a través de mis venas, solamente deseaba salir de esa oficina antes de enloquecer y comenzar a romper todo a mi paso. Noah intentó detenerme, pues obviamente se sentía apenado, o quizás no ¿quién sabe? Es muy difícil adivinar los pensamientos de un hombre, puesto que el noventa por ciento de sus decisiones no las toman ellos, las toma su m*****o. — Julieta por favor espera, deja que al menos te explique — Extendió su mano tratando de tomar mi brazo mientras pasaba a su lado. — Ni se te ocurra tocarme, y no me vuelvas a llamar Julieta, para tí soy la señorita Heras... Tu secretaria solamente, porque únicamente será la relación que habrá entre usted y yo a partir de este momento, una relación laboral con mucho respeto de por medio. Que tenga buen día... Señor Beliar — golpee la puerta azotándola lo más fuerte que pude al salir. Mis lágrimas salían por si solas de mis ojos sin que yo pudiera impedirlo, muchos de los compañeros me veían llorar caminando en los pasillos luego de salir de la oficina de el jefe, pero en ese momento nada me importaba, solamente quería llegar lo más rápido posible al podio de recepción donde se encontraba mi mejor amiga Patty para desahogar todo ese mal que sentía dentro de mí, así como cuando cristo echó a los mercaderes de su templo, yo necesitaba echar de mi corazón toda esa rabia mezclada con tristeza que embargaba mi ser en ese instante. Al llegar a ella caí en sus brazos como un niño que acaba de perder su juguete nuevo, llorando a ríos y con el alma destrozada. Patty obviamente me recibió de brazos abiertos dándome su apoyo siempre incondicional que servía perfectamente como ese consuelo que tanto necesitaba. — No quiero saber más nada de ningún hombre Patty, todos son una basura — lloraba dejando salir todo ese odio y veneno que quemaba mi interior. — Dejalo salir amiga, dejalo salir. Mamá Patty está aquí para consolarte, todo estará bien — Patty acariciaba mi cabello mientras yo lloraba como una estúpida con la cabeza recostada en sus piernas oculta con el podio de recepción para que nadie pudiera vernos. — Disculpe señorita, buen día ¿puedes decirme donde queda la oficina central de el señor Eugenio Zamarra? — preguntó una mujer asomándose en el podio de recepción buscando alguna información. — Señorita, por favor ¿Qué no ve que a mi amiga le acaban de herir el corazón? Un poco más de respeto y consideración por el amor de Dios. Ya nadie respeta el dolor ajeno en estos días, es por eso que el mundo está así como está.. ¡Maleducada! — reclamó Patty muy molesta abrazándome mientras gritaba a una cliente de la empresa. La señora solamente miró desconcertada y se alejó sin decir nada más. — Amiga, no quiero alertarte, ni mucho menos ponerte bajo presión, pero el jefe papasito viene para acá — Patty hablaba a regañadientes informando lo que mis ojos empañados no podían ver. — No me importa saber nada de ese patán, solamente actúa normal, como si solo me estuvieras abrazando, me interesa un pepino lo que ese estúpido piense — dije sin levantar mi rostro de sus piernas humedecidas por mi lágrimas torrenciales que caían como cascadas. Noah Beliar estaba parado justo frente al podio de recepción mirando mis pies y notando que estaba acostada sobre las piernas de su recepcionista, él solamente arregló su saco, acomodó su cuello y saludó muy seriamente con su voz grave. — ¡Buen día Patricia! — Buen día señor Beliar — Patty lo mirada con cara de preocupación al no saber como este reaccionaría, pero él solamente dió media vuelta y volvió tranquilamente a su oficina volteando atrás cada cierto tiempo para verme, pero yo no lo quería ver, estaba realmente molesta. En mi casa se encontraba un Rick muy preocupado revisando toda mi ropa interior con la esperanza de hallar más dinero escondido que pudiera solucionar su problema, y saldar esa enorme deuda con esos peligrosos matones que conformaban la mafia más temida de toda la región. Había volteado patas arriba todas mis cosas, incluyendo mi joyero, mis zapatos, hasta una virgen que tenía en mi mesita de noche, pero fue inútil. Ese era todo el dinero que con mucho esfuerzo logré reunir en bastante tiempo, muchas veces dejé de comprar cosas para mí con tal de juntar cada centavo y de esa manera estar más cerca de ese automóvil tan anhelado, era todo lo que tenía, Rick se había percatado que robarme ya no solucionaría su problema, así que debía pensar en alguna otra solución de manera muy rápida puesto que el tiempo se agotaba con cada minuto que pasaba, y él no iba a esperar que viniera la gente de Míster Marlon a buscarlo. Fue en ese preciso momento cuando recordó que en su cartera siempre guardaba el número de su madre, además de la dirección de la casa donde ella vivía en otro estado, tal vez esa sería su gran plan b, tal vez era hora de comenzar a planear su huida.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR