TU PADRE...(DANNY) TE ODIABA

986 Palabras
Albert- Punto de Vista —Danny lo sabía —dice ella—. Por eso te odiaba tanto. Parpadeo. —¿Sabía qué?” —Que no eras su hijo. Todo desaparece. El edificio, la gente que sale por la puerta, las tumbas al otro lado de la calle, el césped verde y el cielo azul, el sonido de los pájaros. Alguien ha absorbido todo el aire y yo estoy en el vacío. Ella espera pacientemente a que la noticia se registre. Me quedé boquiabierto, pero mi cerebro no funciona. Presiono Control-Alt-Suprimir, intento reiniciarlo, pero me sigue apareciendo la pantalla azul de la muerte. —¿Qué?” digo. —Tuve una aventura —dice. Por su tono, podría estar leyendo un aburrido mensaje político—. Un par de años después de casarnos. Su nombre era Alfred Mansfield. Danny nos pilló juntos. Golpeó a Al bastante fuerte. Le dijo que si se me acercaba de nuevo, lo mataría. Nunca más lo volví a ver. A medida que crecías, quedó claro que no eras el hijo de Danny. Te pareces mucho a Al. —Su mirada se detiene en mi pelo, en mi cara, la distancia en sus ojos me dice que lo está viendo a él, no a mí. —Eso no significa que sea su hijo. —Mi corazón late aceleradamente y me cuesta recuperar el aliento. —En ese momento no me acostaba con Danny”, dice. —Habíamos tenido una gran discusión. Esa es una de las razones por las que me fui con Al”. —¿Por qué no me lo dijiste?” —Danny me hizo prometer que no lo haría”. Trago saliva con fuerza. —Simplemente decidió castigarme por ello durante catorce años. Ella no parece culpable ni molesta. Me devuelve la mirada con calma. Estoy vagamente consciente de que mi hermano está de pie a mi lado. ¿Cuánto tiempo ha estado allí? ¿Lo escuchó todo? Siempre fue el favorito de papá. Ahora sé por qué. —¿Por qué no lo detuviste? —le susurré—. ¿Por qué no te fuiste y nos llevaste contigo? ¿Cómo pudiste dejar que me hiciera eso? —No soy una persona fuerte”, afirma. Es una afirmación que no lleva implícita ni culpa ni resentimiento. Lo entiendo. Papá era un monstruo que quería controlar a todos y todo lo que lo rodeaba y que castigaba a quienes no obedecían. Para mí fue difícil hacerle frente; para una mujer era imposible. Pero yo era su hija y era su responsabilidad cuidarme. La frustración y la furia me invaden. —Me pegaba todos los días, mamá. Me mandó al hospital, por el amor de Dios”. Mi voz se quiebra. Aun así, ella no dice nada. Sean pone una mano sobre mi brazo, lo que parece una advertencia, aunque no dice nada. Se supone que debes amar a tu madre. Cada Día de la Madre, lo veo en las tarjetas y en los anuncios de regalos: los pendientes, el perfume y los chocolates que se supone que debes comprar para agradecer tu amor. Pero la odio. Me siento culpable por pensar eso, pero es la verdad. Ella nunca me ha defendido ni me ha protegido. Nunca ha estado de mi lado. Esto no tiene sentido. Es demasiado poco y demasiado tarde. Recupero la compostura como si estuviera atrapando gallinas y metiéndolas en una bolsa. Necesito irme antes de decir algo de lo que me arrepienta. —¿Sabe algo de mí? —pregunto—. Ella niega con la cabeza. Tengo mil preguntas que quisiera hacerle, pero no quiero pasar ni un minuto más en su presencia. Miro a mi hermano. Su rostro no refleja sorpresa: él lo sabe, o al menos lo había adivinado. Me doy la vuelta y sin decir nada más me alejo. Camino todo el camino de regreso, atravesando los Jardines Botánicos y pasando por Beehive hasta llegar a la costa. Me lleva más de una hora, caminando rápido. Llueve en un momento, una lluvia cálida de verano, que me empapa el traje y me aplasta el pelo contra la cabeza, pero apenas me doy cuenta. Me gustaría decir que me tomo el tiempo de pensar en mi situación y rumiar sobre mi pasado, pero no lo hago. En cambio, los pensamientos y las emociones se arremolinan en un gran desorden, como un balde lleno de vísceras de animales arrojado a una lavadora. Llego al museo arrugada y agotada con los pies doloridos, y me quedo parada en la entrada y me doy cuenta de que no puedo entrar así. Debería haber regresado a mi hotel, pero ni siquiera puedo recordar cómo se llama en este momento, y mucho menos dónde encontrarlo. Durante todos estos años, me he sentido como si tuviera un demonio dentro de mí, el ADN de mi padre formando una doble hélice de crueldad y rencor que sabía que era inseparable del mío. Pero, como cuando sale el sol, me doy cuenta de que él no era mi padre. No he heredado nada de él. No tengo su sangre. No tiene nada que ver conmigo. En cuanto al día antes de mi decimocuarto cumpleaños, cuando me golpeó con un palo de golf y me golpeó repetidamente en la espalda, los hombros y la cabeza. Y una pequeña parte de mí recuerda sentir una emoción cuando lo hizo, porque sabía que estaba yendo demasiado lejos y que eso significaba que finalmente me alejarían de él. Cumplió condena por eso, dos años, creo. Podría haber cumplido doscientos años, y aún así no habría sido suficiente. Es como si alguien hubiera bajado y desabrochado suavemente el candado que rodeaba mi tobillo, y el peso que me tiraba hacia abajo se hubiera levantado. Empieza a llover de nuevo. Al menos creo que por eso tengo la cara mojada.
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