El frio de la calle me golpeo con fuerza una vez más y también la realidad. estaba sola. lejos de mi familia y de mis amigos, excepto por Xander, pero yo lo apartaba una y otra vez, por mis miedos y por no romper la relación que él tenía con su padre, pero ¿Cuánto tiempo más podría seguir fingiendo, apartándolo, pensando que él podría comenzar una nueva relación sin que me importara? ¿Qué es lo que debía hacer?
El viaje a casa fue el más largo de todos. me arrepentía de haber aceptado la propuesta de Giovanni para salir, luego de lo sucedido en la oficina, solo quería tirarme en la cama y llorar hasta que el cansancio me venciera, pero como no podía ya rechazar la invitación, solo me quedaba intentar ocupar mi mente con todos esos asuntos que debía de resolver antes de mi partida hacia Francia.
- Con que ¿Paris, ¿eh? - preguntó Jessica del otro lado de la línea- ¿No es algo inesperado? La ciudad del amor, suena tan romántico-
- No lo creo, de romance nada, ya lo sabes. Pero me hubiese gustado que me lo dijese con antelación, ya sabes, como para dejar todo organizado. Al menos ya he encontrado mi pasaporte. Me olvidaba, mañana ¿A qué hora traerás a Justin? - indagué. Las cosas entre ella y Josh estaban progresando y volverían a salir y nuevamente me ofrecí a cuidar al pequeño terremoto.
- Ehhh, no te molestaré sabiendo que tienes un vuelvo el domingo, además, Josh vendrá a casa para cenar y ver una película. Creo que es maravilloso que sugiriera eso ya que con el frio que está haciendo no quisiera exponer a Justin a él – respondió mi amiga y supe que era un gran paso para ella llevarlo a su casa y presentarlo ante su hijito.
- ¿Estas segura? no me es problema- le mencioné.
- ¡No, que va! no te preocupes. Es genial que empiecen a conocerse. Realmente quiero que funcione esta vez- dijo mi amiga y su voz estaba llena de expectativas e ilusiones.
- Estoy segura de que funcionara, ten confianza, ¿Sí? Bueno, debo dejarte, tengo que vestirme para la cita con Giovanni- respondí rápidamente al ver que el tiempo estaba pasando demasiado rápido.
- ¡Ten una noche salvaje! - contesto Jessica a forma de despedida.
Claro que su definición de noche salvaje era diferente a la mía. Yo no pensaba en tener sexo con Giovanni, ni siquiera me creía capaz de besarlo normalmente si no tenía algo de alcohol incorporado en mis venas. Era una hipócrita y una cobarde.
Elegí un atuendo casual, pero llamativo. Opte por llevar puesto una capa color rojo oscuro, un vestido corto y ajustado de color n***o y unas botas del mismo color. El cabello me caía sobre los hombros con ondas y mis pestañas, gracias a la máscara de rímel, realzaban mi rostro. Por primera vez, en mucho tiempo me sentía completamente bella, no por lo que alguien pudiese decirme si no por mí misma. Cuando me vi finalmente en el espejo, supe que eso era algo que necesitaba urgentemente: confianza en mí.
- -Emily, me has dejado sin habla- murmuro Giovanni al verme- Nunca te había visto así. estas hermosa, quiero decir no es que no lo seas- carraspeo y sonreí. Estaba nervioso y por extraño que pareciera, eso era agradable.
- Creo que esto es justo lo que necesitaba- replique sonrojada ante su halago- un cambio. Quizás cuando este en Paris me compre algo de ropa, zapatos nuevos y perfumes, dicen que los perfumes franceses son los mejores en el mundo.
- ¿Francia? - pregunto confuso ante mi confesión- ¿Cuándo?
- El domingo, por la mañana. Ya sabes, viaje de negocios.
- -Ah- ¿Eso era una respuesta? pensé en mi fuero interno, mientras el auto comenzaba a transitar por la ciudad, que pese al frio, estaba atestada de gente y autos por doquier.
- ¿Dónde vamos? - inquirí cuando el silencio se me hizo insoportable.
- Es sorpresa, y si te lo dijera, pues ya no lo sería, ¿No crees? No seas impaciente- contesto Giovanni y una sonrisa curvo sus labios denotando que lo que creí era una pizca de decepción hacía unos momentos luego de mencionarle mi viaje, se había evaporado.
Cuando finalmente llegamos al restaurante, unos cuarenta minutos después, descubrí que él tenía razón para no decirme donde íbamos, porque si lo hubiese hecho se habría perdido el encanto y la magia de la sorpresa. Era uno de mis sitios preferidos en la ciudad, al que no podía concurrir a menudo porque realmente no era para nada económico. Pero, a pesar de que me hacía muy feliz que Giovanni me trajese aquí, también me sentía muy culpable. No quería que malgastase su dinero así en mí, en alguien que apreciaba su gesto absolutamente, pero como un amigo, no como el hombre con el que me querría acostar o mantener una relación de pareja.
En el salón privado se hallaba una mesa reservada a su nombre, amplia, como para que pudiesen cenar cuatro personas y eso me entristeció aún más. ¿Hacia cuanto estaba planeando esta cita? ¿Cómo le diría en su momento que no lo veía más que un amigo? Esos ojos verdes, enojados y centellantes eran los culpables de que no pudiese corresponder a sus sentimientos. Quizás, solo quizás, si Xander no hubiese aparecido nuevamente en mi vida hubiese podido darle la oportunidad que Giovanni realmente se merecía, pero ¿Lo amaría? o ¿Me mentiría a mí misma al estar junto a una persona por el placer de no estar sola para siempre?
- Creo que la sorpresa no te ha gustado- dijo Giovanni luego de sentarse frente mío y extrayéndome de mi introspección
- Oh, Giovanni, es hermosa, gracias. Pero no deberías de haberte molestado. Ya sabes, en hacer la reservación anticipada y eso…- repliqué con culpa.
- No te preocupes, en realidad pude reservarla hoy mismo ya que un cliente había dado de baja su reservación, y aunque hubiese preferido que fuese una mesa masa intima, para dos, esto es lo que pude conseguir y me siento afortunado.
- Es un detalle muy hermoso, gracias- murmure intentado darle una sonrisa, que para mi suerte resulto ser extremadamente convincente.
Era el lugar ideal para los enamorados, los amantes o para aquellos que se animasen a proponerle a otra persona matrimonio, el aire olía ligeramente a esencia de rosas y la música lenta, pero baja, lo colmaba todo; las luces tenues provistas por lámparas y velas pequeñas, que parecían no consumirse nunca alumbraban el salón, dándole un aspecto privado y romántico y fue por eso mismo que mi estomago se contrajo aún más.
Giovanni pidió, luego de consultármelo, uno de los mejores vinos de la casa y esos pequeños detalles me llenaban de un sentimiento de culpabilidad. Quería terminar con esto lo más pronto posible, pero tendría que intentar ser lo más sutil que pudiese, porque tampoco quería darles falsas esperanzas. Entonces, mientras bebía un sorbo de vino tinto e intentaba escuchar la conversación de Giovanni sobre nuevos softwares, lo sentí. Fue como si una brisa helada se hubiese colado por una ventana abierta provocándome un escalofrío.