~ Claudia y Leroy II ~
...Ximena estaba debajo de Andrés, a él solo podíamos verle la espalda, además de sus repetitivos y rápidos movimientos.
La penetraba duro, lamía sus enormes y duros senos, se los amasaba, mordía sus pezones, luego besaba su boca, su cuello.
- ¡Métemela, métemela toda!
Tal como se la metías a Beatriz. Gritaba la maldita perra. -
Se escucharon varios gemidos más, me lancé sobre Andrés y Ximena para darles una buena paliza.
Luego de eso ya no supe más...
Al rato desperté, estaba tendida en el sofá de la casa de Andrés y Beatriz.
Leroy me miraba, su cara reflejaba una tristeza enorme. Lo primero que le pregunté fue sí había alcanzado a golpear al puto de Andrés. Y a expulsar de la casa a la zorra de Ximena.
Leroy me miró como sorprendido, mi siguiente pregunta fue:
- ¿Qué me ha pasado? -
Leroy me miró y dijo:
¿Acaso te estás volviendo loca, o qué te pasa?
Lo miré asustada, jamás lo había visto con esa cara, ni jamás me había hablado así.
- ¿Pero qué mierda te pasa, LeRoy? - Pregunté.
- Acompáñame, y vamos rápido antes que llegue la policía - Me respondió.
Yo lo miré con total sorpresa. ¿Qué mierda estaba pasando, tan fuerte había golpeado a estos dos que iba a tener que venir la policía? ¿Y por qué había perdido la conciencia?
Llegué a la habitación de Andrés, antes de entrar, Leroy me dio una extraña mirada. Hice caso omiso, abrí la puerta, me abrazó por detrás. Luego lo único que pude ver fue a Andrés desnudo, acostado en su cama, con un cinturón de cuero en su cuello, y su cuerpo inerte, ya sin vida.
Sólo suspiré, Leroy me ayudó a sentarme.
No podía creerlo, la primera vez que entramos a la habitación lo hallamos colgado sobre su cama, evidentemente lo habían golpeado, tenía cortes y mucha sangre. Cómo si primero lo hubieran golpeado duro y luego lo hubieran colgado.
Después de ver aquella triste escenario, creo que me había desmayado.
- ¡Qué cagada de vida! - Dije repentinamente.
Hoy mismo habíamos sepultado a Beatriz, y mañana o pasado tendríamos que sepultar a Andrés.
Y en cuanto a la escena que vi al entrar, debe haber sido una especie de alucinación, o quizá un sueño.
Pasaron unos días. Según la policía, Andrés no se había suicidado, sino que había sido asesinado.
Pffff ¡Vaya descubrimiento! Son unos inútiles. Era más que obvio, su cuerpo estaba golpeado y ensangrentado.
Por cómo los golpes y las heridas que tenía, no hubiera podido ahorcarse él mismo.
Y para que hablar de pistas sobre el maldito asesino. ¡No había absolutamente nada!
No tenían ni la menor idea de quién era el que estaba realizando los crímenes.
Pasaron tres o cuatro días más, y recién nos llamaron, para que fuéramos al otro día a declarar.
Típicas e idiotas preguntas:
- ¿Le habíamos hecho algo a alguien? -
Hasta preguntaron si los qué ya habían sido asesinados, estaban involucrados en drogas, o en cosas turbias.
¡Son unos descarados! Ni su trabajo sabían hacer bien.
Y así otra vez, comenzaron a pasar los días, entre el temor. Y por ese mismo miedo a ser "La siguiente víctima", eran más escasas las reuniones de amigos. Las pocas veces, las celebrábamos en casa de alguno de nosotros mismos. Y el resto del tiempo la pasábamos entre el trabajo, la monotonía, y el quehacer diario del hogar.
Cierta noche decidimos volver juntarnos, la tensión necesitaba ser liberada, y que mejor para ello, que una digna borrachera con la pareja, y nuestros camaradas.
Con Leroy, y por seguridad pasamos por cada uno de nuestros amigos.
Primero fuimos por Adriana, luego por Ximena, y más tarde pasaríamos por Pascal. Pero ahora mismo, íbamos por Pablo.
Íbamos por una carretera vacía, y cómo sí de una maldita broma del destino se tratase, y en el peor de los momentos, el bendito carro se detuvo de la nada.
Intentamos muchas veces, y no lo pudimos hacer partir. !Qué terror aquel! No transitaba nadie por ahí, en medio de la mismísima nada.
Habíamos dejado a Leroy solo, para que arreglara el desperfecto del carro.
Nosotras nos quedamos dentro del mismo, los vidrios se habían empañado. Entre plática y plática, caímos en cuenta que Leroy ya no hacía ningún ruido.
Bajé del carro y cuando le fui a preguntar qué pasaba, para mi sorpresa él no estaba. ¿Dónde mierda se había metido? Lo llamé varias veces, gritaba, estaba completamente desesperada. Jamás respondió.
Luego marcamos a su teléfono, y este sonó dentro del carro. Asustadas sacamos una linterna que llevábamos siempre en la guantera. Juntas y bastante aterrorizadas dimos un par de vueltas por el lugar.
No sabíamos que hacer, así que llamamos a Pablo para que pasara por nosotras, y así salir del lugar inmediatamente.
Llegó bastante agitado, nos subimos a su carro y nos dirigimos a la policía.
¡Malditos idiotas! Según ellos nada podían hacer hasta que pasaran cuarenta y ocho horas de la desaparición.
Nos fuimos a casa, yo lloraba desconsoladamente, las chicas me abrazaban.
Pablo hizo un par de llamadas a sus contactos para cobrar favores y ver si podían iniciar cuanto antes, la búsqueda de Leroy.
Sólo nos quedaba esperar.
Comenzamos a beber, yo me tomaba el contenido del vaso, con dos sorbos, y seguía llorando. Bebía y lloraba, cómo autómata, absorta en mis tristes pensamientos.
De un instante a otro, sentí gemidos en el baño, y salí de mi especie de trance.
No había caído en cuenta que ya había llegado Pascal.
Pablo no estaba ahí, había ido hace unos minutos a mear, o al menos eso recuerdo que había dicho.
Pero... ¿Con Adriana?
Sin duda debía ser ella, ya que había ido también.
Ximena no podía ser, pues hace un buen rato había pedido permiso para descansar en mi habitación.
Subí, la puerta estaba entreabierta y lo primero que vi fue como Pablo, tenía a Ximena empinada sobre la pared, y le daba con todas sus fuerzas.
Los eché cagando de mi casa.
¿Cómo se les ocurría ponerse a coger en mi casa, y más aún con lo que estaba ocurriendo?
Se disculparon y cuando estaban por salir, sonó el timbre, nos miramos asombrados, me adelanté y abrí. ¡Qué extraño! No había nadie, de improviso escuché detrás de mí la voz de Pablo, me giré, y mientras él se agachaba preguntó:
- ¿Qué es esto? -
Recogió una caja que estaba en el piso.
Nos miramos sorprendidos, nos fuimos a la mesa, la caja no tenía ningún detalle. La abrí, había una nota en él, qué cubría todo el interior. Sólo decía:
- "El tiempo es oro". -
Quité la nota... y sólo pude lanzar un grito. De pronto, todo se tornaba confuso, oscuro, doloroso...