Capítulo Tercero

1181 Palabras
~ Claudia y Leroy ~ "En un conocido motel de la ciudad, fue encontrado el cuerpo cercenado de una mujer, identificada cómo; Beatriz Albornoz" Fue lo que leímos en "El informador matutino". Y lo que nos cambió la vida para siempre. La promesa del asesino se había hecho realidad, pero... ¿Quién era? ¿Y por qué a nosotros? ¿Qué le habíamos hecho a este mal nacido, para empezar a cazarnos cómo si fuésemos una vil manada de animales? Eran incógnitas sin respuesta que comenzaban a surgir con más regularidad en mí.Y lo otro que me angustiaba, sin mencionar que me parecía muy extraño, era el hecho de que ella estaba en un motel. ¿Qué hacía Beatriz ahí? ¿Acaso tendría algún amante? Por la tarde vimos a Andrés, estaba destrozado ¿Y cómo no? Sí era a su mujer a la que habían asesinado despiadadamente. Pero también a él, desde mucho antes ya se le notaba un tanto extraño. No estaba cómo de costumbre. Y no me refiero obviamente a la entendible tristeza por la muerte de su mujer. Sino más bien a cómo sí de algo estuviera huyendo, cómo sí hubiera hecho algo. ¿Qué podría ser? ¿Y por qué de repente, todo, y todos comenzaban a volverse sospechosos? Pero bueno, quizá también puede ser la situación misma, en fin... Con Leroy decidimos retrasar la boda. No podíamos casarnos sabiendo que nuestra madrina y amiga del alma, Beatriz, se había ido para siempre de nuestras vidas. Esa tarde nos reunimos con Adriana, Ximena y Andrés. Habíamos decidido ayudarlo con el tema de los preparativos funerarios de Beatriz. Los demás quedaron al margen por temas personales. - ¿Cual es la nueva fecha de su matrimonio, Claudia? - Preguntó Adriana. - Decidimos dejarla para el 23 de junio - Le respondí. Ximena y Andrés la miraron como queriéndole decir: ¿Cómo mierda se te podía ocurrir pensar en una boda, sabiendo que tu mejor amiga y confidente estaba en un lúgubre féretro en la sala contigua? Luego todos callaron, y así estuvimos un buen raro, solo nos limitábamos a preparar lo que se nos vendría al día siguiente. Luego todo fueron miradas tristes, pesar, y uno que otro llanto. Surgieron un par de recuerdos de nuestra infancia y en especial recuerdos de la vida de Beatriz. Fue una mañana lluviosa, triste, y nubes negras. De esas mañanas que no quieres volver a tener jamás en tu vida. El color n***o predominaba sobre el verde césped y sobre el paisaje mismo del cementerio local. Hoy despedíamos no solo a una gran amiga, sino también a una hermana del alma. Luego de los típicos llantos y de las pompas fúnebres, se apoderó de nosotros una terrible sensación de inquietud, y tras ella, las más terribles incógnitas. ¿Quién sería el próximo? ¿A quién de nosotros le tocaría primero, enfrentar con terror su horrible final? Más tarde nos fuimos a un bar para calmar un tanto las penas. Por fin nos atrevimos a sacar a la luz, el tema que habíamos estado evitando desde aquella fatídica llamada, en el velorio de Carla. - ¿Qué mierda hicimos y a quién? - Preguntaba entre fuertes llantos, Ximena. Sólo nos limitábamos a mirarnos. Nadie entendía nada, a nadie se le ocurría que mierda habíamos hecho para merecer esto. ¿Y qué carajos estaba haciendo la policía que aún no daba con el maldito asesino? Luego Andrés nos comentó que lo habían llamado de la delegación, que era él, el principal sospechoso del crimen de su mujer. - Hoy me volvió a llamar el inspector, me ha dicho que no salga de la cuidad, que yo sé perfectamente que soy el principal sospechoso, todo por no tener coartada, y ese día haber estado en... - Palideció, y se calló de improviso. No terminó la frase, lo instamos, o más bien lo queríamos obligar a que continuara relatando con más detalles lo que le habían dicho. Pero el muy idiota no dijo nada más. Luego vació su copa, dijo adiós, y se marchó. Nos quedamos boquiabiertos. ¿Qué había hecho, o dónde mierda había estado Andrés? y lo peor ¿Por qué era el principal sospechoso? ¿Y a qué se habrá referido, con su última frasecita? Ahora mis dudas comenzaban a caer sobre él. pensándolo bien, jamás había sido de los trigos muy limpios. - ¿Quieres que te acompañe a tu casa? - Le preguntó Ximena, a Andrés. - ¡No, gracias. Quiero y necesito estar solo! - Respondió él, y lo hizo con demasiado énfasis. Leroy la miró con cara de: ¿Y ahora esta puta se quiere comer al viudo, o qué onda? Yo solo le di un codazo para que se callara. Porque conociéndolo, de seguro se lo diría. Nos despedimos de él, pero antes de salir del lugar se fue al baño. Ahí fue cuando caímos en cuenta que también había desaparecido Adriana. - ¿A qué hora se fue? - Les pregunté. Nadie supo responderme, nadie se había dado cuenta en qué momento había levantado su enorme trasero, y se había ido sin decirle nada a nadie. Inmediatamente pagamos la cuenta y cada quién se fue a su casa. - ¿Qué te parece si le damos la sorpresa a Andrés, y nos vamos a quedar hoy con él? - Me preguntó Leroy. - ¡Me parece una excelente idea! - Le respondí. Hicimos una 'supuesta' parada rápida en nuestro hogar. Necesitaba urgentemente un buen baño, así qué rápidamente me desnudé, y justo cuando iba entrando al cuarto de baño, Leroy me abrazó y comenzó a besar mi cuello. Inmediatamente me calenté, y la humedad de mi entrepierna, tomó el control de mí. Sentí su duro m*****o en mi trasero, acariciaba mis senos, jugaba con mis pezones, rápidamente me volteó, comenzó a comerme la boca. Yo lo masturbaba con mi mano derecha, y con la otra, lo acariciaba o le daba arañazos, según las embestidas. Me encantaba cuando hacíamos el amor, pero ahora debíamos salir, así que lo apresuré. Apretó mi cuello, me besó casi de una manera animal, mordió bruscamente mis labios, me tomó por la cintura, y me giró. Ahí a cuatro patas, en la entrada del baño, comenzó a cogerme cómo si el mundo se fuese a acabar. Me dejé llevar y en cada embestida, echaba hacia atrás el trasero, para recibir más fuerte la embestida. Luego de acabar, nos metimos rápidamente a la ducha. Nos fuimos hasta su casa, y cuando íbamos bajando del carro, para sorpresa nuestra, su puerta estaba entreabierta y la música a un volumen considerablemente alto. Lo cual era muy extraño. Andrés no acostumbraba a escuchar música con ese volumen. Nos miramos asustados e ingresamos inmediatamente. Lo hicimos cómo queriendo evitar ser vistos. Estando adentro, comenzamos a subir por las escaleras. La puerta de su habitación estaba cerrada, Leroy la abrió muy despacio. Luego la escena que contemplamos cambio para siempre mi visión de la amistad, de la vida. jamás pensé que nuestros ojos podrían contemplar algo así...
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