***2005***
~ Carla II ~
El terminó de desvestirse, su gran m*****o estaba completamente duro.
Se me acercó para metérmela, pero lo detuve y agarré su v***a con ambas manos. Él sólo sonrió y me agarró las tetas, me las comenzó a amasar de inmediato. Al mismo instante yo me introducía su enorme m*****o hasta lo más profundo de la garganta. Se la empecé a mamar cada vez con mayor avidez. Él dejó de agarrarme la tetas y con ambas manos me tomó la cabeza. Así cada vez que me la estaba tragando, ensartaba aún más su m*****o en mí. Si, cada vez era una arcada nueva.
¡Pero ustedes no saben cómo lo disfrutaba!
Dejé de mamársela, y me acosté en el sofá, mientras abría completamente las piernas. Antes que me montara, le agarré la v***a y se la sequé, luego me eché los dedos a la boca y me los lamí, y mientras se acomodaba para hacerme suya, me introduje los dedos en la entrepierna, comencé a masturbarme y le gemí un:
- ¡Aquí papi, métemela hasta el fondo! -
Inmediatamente me montó y me embistió con todas sus fuerzas, solté un exquisito gemido, mientras le rasguñaba la espalda. Empezó a moverse cómo animal, entraba y salía de mí. Yo no paraba de gemir, cómo si fuera una ardiente perra en celo. Él chupaba mis tetas mientras me follaba a lo bestia. Las chupaba, mordía mis pezones, entraba y salía. Luego me devoraba el cuello, mientras con sus manos hacía arte en mis excitados senos.
Nadie me follaba cómo él, nadie me hacía gemir cómo él. Y por lo mismo, jamás sería de nadie más que de él.
Seguía cogiéndome duro, a lo bestia. Cuando de improviso sonó el timbre, y mientras yo lanzaba lo que sería el último gemido, le dije:
- ¡Puede ser mi padre, vístete rápido y vete de aquí -
Tomó rápidamente sus cosas, se vistió cómo pudo y salió por una de las ventanas de la cocina, que está en la parte trasera de la casa.
Esperé un par de segundos antes de levantarme a abrir, estaba demasiado caliente, aún escurría por mis piernas el deseo que había quedado. Mi mano (No sé si de manera involuntaria, o realmente por qué es lo que deseaba), no quería dejar de masajearme el clítoris.
Mis manos haciendo de las suyas, mientras mi único pensamiento era:
¡Y yo qué sólo quería venirme!
Me levanté del sofá, tratando de recuperarme, ya sonaba por segunda vez el timbre, junto a un grito masculino diciendo:
- !Abre la puta puerta, Carla, ya sé qué estás ahí, acabo de ver salir corriendo en pelotas al tarado ese! - Mientras soltaba un montón de carcajadas.
Si, aquél hombre que se cagó de la risa, es mi padre. Así que automáticamente sonrojé y grité un:
- ¡Ahí, voy pa! -
Ya lo había visto ¿Qué excusa le podría haber inventado por la demora?
Sólo solté un suspiro y me dirigí a la puerta.
Y mientras abría, mi padre se coló rápidamente. Se frotaba las manos por el frío, mientras decía que lo único que necesitaba era un bendito café.
Me acerqué a saludarlo de beso, automáticamente me detuvo, haciendo gestos con sus manos, y me dijo:
- ¡Ni se te ocurra, no quiero ni imaginar que carajos pasó por tu cara y tu cuerpo, mija. Báñese, lávese los dientes, y luego me saluda. Eso si, de lejitos nomás! -
Y mientras reía nuevamente a carcajadas, añadió un:
- ¡Con el frío, al tarado ese la v***a le parecía ombligo! ja ja ja. -
Me quedé mirándolo sorprendida, y con lo roja que estaba, ya parecía un maldito tomate. Y mi padre Incluso hasta de eso se mofaba.
Jamás pensé que me diría algo así, y aunque si hubiera sido en una conversación de amigas, me hubiera muerto de risa por sus comentarios. Pero vamos ¡Es mi padre!
Le dije que mientras se tomaba el café, yo me iría a bañar. Asintió, y que me fui directo a la ducha.
Luego salí, y contemplaba su café, volteó a mirarme y con su mano hizo el típico ademán para que me sentara en la silla junto a él.
Él siempre fue un padre cariñoso, lamentablemente se separaron con mi madre hace años, pero eso jamás le impidió estar siempre presente.
- ¿Qué pasó anoche, hijita? - Preguntó, con su típico y comprensivo tono de voz.
Comencé a relatarle lo sucedido. Él sólo me escuchaba, mientras tocaba su barbilla. De pronto rompió su silencio, y dijo:
- Quiero que te cambies de facultad -
Yo lo miré sorprendida. Él fue el que más influyó en mí para que entrara en la 'Mater et Magistra'.
Es la mejor universidad, no sólo del país, sino que también de la región. Él estudió ahí, también mi madre, de hecho ahí se conocieron. Y lo más importante ¿Por qué diablos de un momento a otro, a don José se le ocurría tremenda estupidez?
- ¿Pero tú estás loco, papá? - Le pregunté, luego de haberme quedado a boca abierta escuchándolo...
- Amo la física, a mis compañeros, mi campus. (?) Sin mencionar, y aunque creo que ya lo dije (?) qué no existe en otra facultad de igual prestigio en el país ... ¿Por qué mierda lo debería dejar todo? - Le pregunté casi gritándole.
Él, impasible, sólo soltó un:
- Porqué si sigues ahí, morirás... -
Y todo fue silencio.