(Punto de vista de Ashley) El salón, deslumbrante y cruel, vibraba con los ecos de la noticia. Los invitados se movían en busca de ser los primeros en felicitar la la nueva pareja, movidos por el vino, la vanidad y la inercia de la felicidad ajena. El aire olía a triunfo, a regocijo y a un peligro invisible que solo yo podía oler: la advertencia silenciosa, el filo del cuchillo que pendía sobre mi vida. Intenté mantenerme a flote, respirando hondo. Di un trago a la copa de vino que seguía en mi mano, pero el sabor era agrio y nada conseguía aplacar el vértigo. La máscara de mujer perfecta seguía pegada a mi rostro, pero por dentro solo quedaban grietas, astillas, ganas de desaparecer porque lo que debía ser una velada de rutina terminó siendo la peor pesadilla de mi vida. Entonces, com

