(Punto de vista de Ashley) Di un sorbo largo a mi tequila sunrise, fingiendo que todo estaba bajo control. Que el corazón no me latía como suelo pantanoso en un terremoto, que mis manos no temblaban apenas rozando el cristal helado. Fingía tranquilidad, pero por dentro, me estaba desmoronando por querer estar con él. No lo mires. No lo mires. Ese era el mantra que repetía en mi cabeza, aunque mi cuerpo entero ardía con la urgencia de romper esa regla. Podía sentirlo. Su mirada como fuego líquido derritiéndome la piel, como un roce invisible que me dejaba sin aliento. Cada segundo era una maldita tortura, porque aunque el bar estaba lleno, pero para mí solo existían dos personas. Él y yo. Apreté los labios, clavando la vista en el amanecer artificial atrapado en mi copa. El rojo y dorad

