La magia acaba de empezar

919 Palabras

El amanecer no había hecho más que asomarse cuando ella abrió los ojos y lo vio a su lado, dormido, con la respiración pausada y el rostro en calma. Pero no por mucho tiempo. Se giró con delicadeza, lo acarició desde el pecho hasta el abdomen, y él, aún medio dormido, sonrió con una pereza provocadora. —¿Otra vez? —murmuró con voz ronca, esa que a ella le provocaba un fuego interno. —No te he tocado —susurró entre risas, aunque sus manos ya estaban bajando la sábana. Él la giró con fuerza, haciéndola quedar debajo. Le besó los labios primero, y luego el cuello, como si no hubiera probado su piel en siglos. Bajó lentamente, deteniéndose en sus senos. Los tomó con las dos manos y los besó con hambre, con deseo acumulado. Lamió sus pezones hasta que ella se arqueó con un gemido. Bajó más.

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