Ánikka: Cojeando entro a la habitación, cierro de un portazo estruendoso, colocándole los seguros a la puerta, y me derrumbo allí, hecha un ovillo en la puerta y comienzo a llorar, ¿en qué estaba pensando? ¿Qué estuve a punto de hacer? ¿Por qué aun sigo con vida? ¿Por qué no me lastimo? Son las preguntas que inundan mi mente en estos momentos, después de humillar a ese terrorífico hombre que parece encantador de serpientes, considerándome ya una de esa especie y de su cueva de venenosos reptiles. Lo que acabo de vivir fue sumamente extremo, quiero ser fuerte, pero él me puede y ya estoy harta de eso, estoy harta de que, de unos días para acá, el sueño de ser un alma libre y ejerciendo en lo que más ame, ahora no me sirva para defenderme y salir de aquí con vida. Me recompongo y me arra

