Massimo: —Lo sé, es la mía, dormiremos juntos… aprenderás a hacer el amor. Ella se quedó estática en el mismo lugar, aunque no protesta, sé el juego que me esta poniendo enfrente, no soy idiota y ella en el fondo lo sabe aunque no entiendo por qué lo hace, si me encanta su personalidad estúpida por mera diversión. —Me haz causado una impresión sincera, y si de hacer las pases hablamos, quiero seguir conociéndote así, tan sinceramente— exprese, tomándola por la espalda baja y abriendo la puerta de la habitación. Traga saliva y trata de calmar los nervios que se le notan hasta en los poros, y su corazón que late con fuerza empieza el tamborileo suave y relajado. —¿en serio quieres que pasemos la noche… juntos? —¿acaso no se nota que me gustas? —De acuerdo… La tomo de los hombros

