Ánikka: —¿En serio quieres preparar la cena tu misma? —indaga Mónica, asombrada de la descabellada idea de cocinarle personalmente al loco de los cocodrilos. —Sí, es lo mínimo que puedo hacer para disculparme, tú que lo conoces, ¿Cuál es su comida favorita? —ella niega con la cabeza, pero me toma de la mano y caminamos despacio hacia la cocina. Voy casi saltando, el pie lo tengo un poco inflamado, pero con los medicamentos me he sentido un poco mejor, y esto no puede esperar tanto tiempo, no se como estén los días, o incluso la cena de mañana que, al parecer, es una festividad demasiado esperada y con altas expectativas para todos en esta casa, excepto para mí. Llegamos por fin a la gran cocina, ella me pone una silla para que me siente y, al dejarme cómoda, saca un enorme libro qu

