Esas fueron sus últimas palabras, el hombre vuelve a poner en marcha el auto, y yo me he quedado sin palabras. Dejo mi mirada perdida ante más allá de la ventana de la camioneta, mis ojos se clavan a la nieve, es tan blanca, intento que esa imagen me dé paz, que abrace todo pensamiento perturbador y de dudas No me presentaré ante el mafioso con miedo porque sospechará y no pienso creerle a este charlatán porque estoy segura de que quiere jugar con mi mente, por ahora no me importa si es verdad o mentira, lo que tengo que hacer es llevar este tiempo normal. Y mientras el tiempo de mi estadía no podré hablar con el vecino, no quiero que parte de las palabras cizañadoras de ese hombre sean ciertas. No, puedo ponerlo en peligro, eso lo tenía pensado desde un inicio. Ekatenina… Tranquila, aq

