Román Estoy en mi oficina dándole vueltas a la llamada que recibí de Sofi. Mierda, no me quiero imaginar cómo se debe sentir Mandy ahora. Pensará lo peor de mí cuando lo que más deseo es demostrarle que sería capaz de todo por ella. De pronto se abre la puerta de mi oficina y no necesito ni siquiera voltear a ver para saber quién es: Karen. Siempre llega en los mejores momentos. —Acaba de llegar tu martirio, dice. Yo suspiro porque no pensé que llegaría tan temprano. Volteo y la miro con los ojos entrecerrados. —Obviamente tú vas a recibirla. Ella niega y sonríe. —No creo que tú serías la mejor opción. Además, no la soporto. Mientras menos trato tenga con ella, mejor. —Sabes perfectamente que eso no es posible. Eres la jefa de recursos humanos y tienes que firmar con ella los contr

