Marisa Cuando salí del restaurante, me moría de la vergüenza y de rabia. ¡Malditos! Pero si ellos piensan que todo lo que me han hecho se quedará así, están muy equivocados. ¡Tantas humillaciones que he aguantado, tanto desprecio! ¡Dios, por qué la vida es tan injusta! Y ella, que lo tiene todo, todavía le da más. ¿Qué necesito hacer para ser igual que ella? ¿Una maldita mosca muerta? ¡Claro que no! Pero de mi cuenta corre que se quede sin nada, esa maldita no vivirá feliz, no se lo merece. Escucho que el estúpido viejo verde de Adalberto me llama. —Maricita, espera por favor, no puedo caminar más rápido, espera. Yo volteo molesta, es un inepto, ni siquiera me pudo defender, quedé como una cualquiera, la amante dijo el estúpido de Román. —¿Qué quieres, Adalberto? ¿No te bastó con la h

