Román Cuando salí de casa de Victoria, me fui directo a mi departamento. Quería descansar y aún no se borraba la sonrisa de mi rostro; ese beso había sido magnífico. Realmente ahí me di cuenta de que ella me ama tanto como yo a ella. Cuando llegué, fui directo hasta el minibar y me serví un whisky, pues lo necesitaba. Después de un rato, me fui directo a la regadera, pero en todo momento ella está ahí, metida en mis pensamientos. Mierda, ¿qué me hizo esta chiquilla que no sale de mi cabeza? El agua cae sobre mi cuerpo y me relajo. Realmente no sé cuánto tiempo llevo aquí, cuando escucho el timbre. Es extraño, no espero a nadie y el portero tampoco me avisó que alguien había subido. Solo le ruego a Dios que no sea la odiosa de Marisa. Tomo una toalla y la enredo en mi cintura. Cuando abr

