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4648 Palabras
Era un día lluvioso, muy lluvioso, la tempestad aun no amainaba, Jess estaba pensando en lo sucedido en el hospital. Había besado a la primera chica que entraba en su vida. Alison. No supo cómo fue, solo recordó que se había inclinado hacia ella. Pero luego perdió el control y deposito sus labios en los de ella.   Sintió aquellos labios carnosos mientras comía de su ser. Sintió aquellos maravillosos labios que estaban húmedos y cálidos, eran suaves y esponjosos, los suyos rebotaban con los de ella. Era mágico como si ninguno de los dos conociera aquella sensación tan entretenida. Además era su primer beso. El primer beso de un chico, aunque nunca tenía tiempo para cosas como el romance en su vida. Tenía muy claro que iba a ser un ingeniero informatico, aunque tampoco podía dejar de creer en que algún día tendría que encontrar el amor en su vida. Pero jamás pensó que fuera tan rápido. A los quince años. Era una sensación traumática pero maravillosa. Tenía que volverla a ver. Por suerte también le había dado la dirección de su casa, y también el número de teléfono al que podía llamar, pero solo los martes y los jueves, porque su madre era muy exigentes con las llamadas. Así le advirtió. Coby llego al cuarto donde estaba Jess mirando por la ventana. Se acercó a él, y se sentó en la cama. Sobre la litera estaban extendidas muchas hojas de dibujos, todas con un mismo objetivo, algo que no podía perder de su vista por mucho tiempo, algo que parecía una mascarilla. —¿Piensas en ella cierto? —Cállate—Gruño el pequeño. Coby acaricio la cabellera regada del muchacho. —Vamos… cuéntale algo de cotilleo a tu hermano mayor. —No es cotilla. —Sí. Vamos que sí, o te estrangulo…—Coby se echó encima de él. Y le agarro el cuello hasta que lo puso con el pecho contra la cama y empezó a sacarle el aire de los pulmones con cosquillas. —Vamos.— el ensimismado Jess intento liberarse con algunas patas de cabra, pero ninguna hacia efecto. Había jugado mal sus cartas, Coby tenía músculos y una mayor fuerza a la que tenía el. Coby le bajo el pantalón hasta descubrir su trasero, disparejo blanco y firme, entonces le dio algunas nalgadas. Hasta que se puso rojo de vergüenza. —¡Suéltame! Canalla. —No hasta que me digas que te pasa con Alison. Jess carcajeaba con las lágrimas en los ojos, en su interior una mezcla entre odio y ganas de vomitar por tanta cosquilla. —No me pasa nada. Lo juro… Lo juro suéltame por favor, voy a vomitar. Te lo suplico. —Canalla no tienes orgullo, los hombres no piden perdón. Entonces Coby con suavidad le dio un puñetazo en el estómago de Jess, el pobre quedo sin aire y jadeando por la paliza que recibió.  Cuando pudo recuperar el aliento se puso en pie.  Coby aún estaba en la cama, cruzado de brazos, con el ceño fruncido. Jess conocía de ante manos aquella cara, sabía que hasta que no le dijera que le pasaba no se iría de la habitación. Y estaba haciendo lo correcto. Jess se comportaba raro, —Bueno nunca se había comportado normal, pero estaba más raro aun—No bajaba a desayunar a la hora, y se pasaba todo el día mirando a la ventana como si algo de su pertenencia estuviera perdido. En este caso Alison. —No me pongas esa cara, sabes que no me pasa nada. —Ah sí… y ¿Qué son estos dibujos de mascarillas?—Alzo una de los dibujos— No me digas que son un barco nadie comprara un barco tan feo. —Cállate—Mascullo Jess. —¿Vamos quieres ver a Alison cierto? —No. —Sí. No lo niegues eres mi hermanito te conozco. Jess hizo una mueca en desconcierto. —Creo que tenemos que hablar algunas cosas. —Sobre Alison seguramente… Jess afirmo con la cabeza. —Bueno que le vamos a hacer, creo que estamos enamorados… ¡Ja! El cabeza hueca de mi hermano menor se ha enamorado. Que avance, creo que te han domesticado. Tengo que agradecerle a Alison lo que ha hecho por ti. Coby siguió bufándose con gran interés. Jess solo mascaba algunas maldiciones quería mandarlo al inodoro con gran ansias. —Es enserio lo que te estoy diciendo… Puedes comprarme esto. —Jess pasó una nota a las manos de Coby. Este miro un poco la lista y frunció el ceño, también se quedó callado un poco, Jess esperaba la respuesta. —Diablos estas cosas son caras. ¿Si quiera sabes para qué son? Jess afirmo con la cabeza.  —Por favor. Cómpralas—Inclino la cabeza. Muy bien, sabía que las cosas que estaba diciendo eran en serio, cuando Jess inclinaba la cabeza era una señal que estaba dejando de lado su orgullo y pidiendo algo con el corazón, así lo había educado desde pequeño. —No. Son muy caras. —Vamos tu disco se vendió muy bien tienes dinero. —¿Cómo sabes eso? —Vi las estadísticas en el ordenador. Coby se encogió de hombros.  Cogió una bocanada de aire solo para volver a entrar en la conversa con su hermano menor. —Diablos sí que sabes cosas, No los comprare hasta que me digas para que son. No puedes andar por allí con cosas tan caras solo por una patraña. —No es una patraña—Dijo alterado… —No tienes que gritar. Era una orden más que una petición. —Vete a la… —Más cuidado con tu vocabulario señor. —Interrumpió rápidamente A Coby no le gustaba las palabrotas—Sabes que el que manda aquí soy yo. Así que mejor ve a hacer la tarea mañana tienes instituto. —Ya la hice—Refuto con rapidez en tono ganador. —Entonces has otra cosa. —¿Pero lo harás? ¿Compraras las cosas que te pedí? —Veremos. Lo que faltaba, un veremos, sabía que eso era un No, pero tenía que conseguirlo por ella, porque tenía que hacerle ver lo que quería que viera. Coby salió de la habitación directamente a la cocina. ¡Mierda es completamente una faena pedirle algo a Coby!   Jess se pudo en camino a su litera esperando que el día mejorase. Esperando que la lluvia terminara. Luego de un rato Bajo a la concina para tomar el pequeño telefonillo son que nadie  de su casa se diera cuenta. ¡Voy a llamar a Alison! Preguntare como esta y luego colgare rápido antes de que Coby venga a burlarse de mí. Rápidamente escabulléndose como un ladrón Jess pasó por las escaleras hasta quedar al frente de una columna de concreto sólido, dividía la cocina de la sala, pero también era la parte en donde estaba colgado el pequeño telefonillo.  De sus bolsillos saco un papel, era la nota que le había dado anteriormente en el hospital. Los dedos le temblaban el silencio en la casa era absoluto, nadie parecía estar allí. Entonces tecleo el número. Ella contesto al tercer tono. —Hola… Alison esperaba que fuera él, era la tercera vez que alguien llamaba a su casa, las dos veces anteriores solo fueron algunas de sus tías preguntando con piedad por ella. Y desde que se vieron por última vez en el hospital no pudo dejar de pensar en el beso. Aunque también quería escuchar como había ido su semana. Sabiendo que cada día para ella era una bendición del cielo, un día más con vida representaba un pasito más para cumplir sus metas. —Diablos has tardado mucho… ¿Qué hacías? Respiro hondo y mantuvo el aire en su boca por uno segundos, estaba emocionada  y a la vez conmovida. —Estaba haciendo cosas, tienes que portarte bien. ¿Es que tienes miedo de que Coby nos cache hablando? Alison pudo escuchar como mascullaba algunas palabrotas que salían como balas de su boca, era realmente un chico grosero. —Vamos ya sacando a mi hermano a la conversa. ¿Es que te gusta? Claro que no. Me gustas tú, él es muy mayor para mí. —Y eso que te importa. —Vamos otra que esta de mal humor. —¿Me llamas para hablarme así? —No. No, solo iba a preguntar como estabas. Alison esbozo una sonrisa, le parecía aquella atención del chico, por parte de su familia nunca la tenía, estaban siempre ocupados buscando una cura en vano. —Me siento bien… Gracias por preocuparte. —Oye, me preguntaba si es que te gustaría salir de casa, digo… pues ya sabes a comer helados y eso que hacen las personas mayores. Aunque no soy experto en el asunto. ¡Bromeas! Siempre he querido hacerlo, siempre, ¿Qué comes que adivinas? Sabes que encanta ese corazón tuyo. —No lo sé… preguntare a mis padres ya saben cómo son. Pero me encantaría la idea. Tengo mucho tiempo desde que no me como un delicioso helado de fresa. —¿Te gustan las fresas? —Si me encantan. —Bueno entonces pide permiso. —Te avisare. —No ahora mismo. —Protesto—No tengo más tiempo porque empezare de nuevo el instituto, pide permiso para el sábado. —Entonces espera… No vayas a colgar… La chica colgó el teléfono en la manecilla del reloj para no colgarle a Jess y fue a buscar a sus padres en el cuarto de arriba. Alison se alejó pensativa: No lo hagas Alison si pides permiso a tus padres te van a regañar sabes que es así. Además posiblemente jamás te den una oportunidad como esta. Pero tengo que intentarlo por Jess, sabes que tienes que perder el miedo a vivir,  más cuando sabes que tu vida peligra de un hilo o mejor de un cabello tan quebradizo que un paso en falso y saz. Con cautela entro al cuarto de su mamá, ella estaba viendo por el ventanal, abrió despacio la puerta tanto que Karen no escucho. Al entrar ella estaba llorando. Estaba en completo silencio derramando sus valiosas lágrimas por la mejilla. La luz se difuminaba por toda la habitación, era una buena luminiscencia. Alison sabía lo que era, estaba llorando por ella, por su enfermedad, por su vida dependiendo de aquel cabello quebradizo. Y no solo lo hacía hoy. Siempre lo hacía, en la noche, en el día, los siete días de la semana, aferrándose de que hubiera una pequeña esperanza. Un rayito de sol llamado milagro: que salvara la vida de su pequeña. —Mama—La dulce voz de Alison hizo que Karen se secara las lágrimas. Entonces se  dio un giro de talones para luego ver que quería. —Dime cariño, ¿En qué te puedo ayudar? Alison dio unos pequeños brincos hasta ponerse enfrente de ella: Estabas llorando otra vez por mí, tal vez no tenga que ser tan malo morir, les daré algo de descanso a sus almas. Alison se armó de valentía y tomo una bocanada de aire. —Te acuerdas de Jess. —Su madre pareció recordar el muchacho— Dice que me quiere invitar a comer helados, y pues no sé qué le puedo decir. Karen con sus largos brazos incorporo sus manos a la cabellera de su hija, consolándola, viendo aquel destello de belleza, era  una flor de loto que nacía en la devastación de un ambiente desolado por la guerra. Era una valiente. El solo hecho de aferrarse tanto a la vida. Su hija era una guerrera. —¿Él es el muchacho del cual te hiciste amiga en el hospital cierto? Ella firmo con la cabeza. Su marido Maikel se negaría inmediatamente más porque tendrían que salir de la casa y el ambiente estaba tan contaminado que la llevaría directamente al hospital. Pero ella no estaba dispuesta a que su única hija pasara sus últimos días de vida,—Aunque no le deseaba la muerte ninguna madre lo haría— en su cuarto postrada de pensamientos impuros y la mente turbada. Sintió compasión y asintió con la cabeza. —Si hija. Lo puedes hacer, pero solo un día que tú papa salga y lleva la mascarilla. Yo te llevare en el carro y más tarde volveré a por ti. Alison estaba sorprendida, jamás pensó que aceptaría, que podía sacarle un sí a su madre, aun no se lo creía. Pero apartando sus pensamientos entonces le abrazo con cariño y salió corriendo del cuarto emocionada. Bajo las escaleras corriendo y poco después descolgó el teléfono de la manecilla del reloj. Volvió a escuchar la voz de Jess. Soltando joyas por la boca. ¡Que lenguaje! —¡Jess ha pasado un milagro! —Dijo emocionada— Tengo permiso, lo haremos iremos a comer helados. —Calma.—Mascullo— que no te entiendo. ¿Dices que si? —Sí. Exacto pero tiene que ser un día que papá no esté aquí. —Vamos ahora jugamos al Romeo y Julieta. —El tono de voz de Jess era completamente sarcástico, no era para nada serio. Alison soltó una carcajada. —No solo hazme caso, llámame el sábado por la mañana mi papa nunca está a esa hora, nos encontraremos en el centro, yo te digo donde. Adiós nos volveremos a ver. Alison colgó la llamada: Sí que me encanta esto que estoy viviendo, ojala durara para siempre. Llego el sábado con algo de rapidez, Alison había pensado en todo el tiempo pasado, acerca de la cita que iba a tener con Jess. Maikel salió tempranísimo en la mañana para unos negocios que tenía que hacer; llegaría en la tarde cuando nadie estaba Alison subió rápidamente y tomo un baño, se vistió con parsimonia: llevaba una falda corta de color n***o y una blusa que tapaba su cuerpo por delante pero también dejaba los hombros descubiertos, se maquillo un poco; lo más mínimo. Luego su madre busco las llaves del auto y lo saco  a la calle, Karen espero a que Alison estuviera lista del todo. Lo último que faltaba para que ella estuviera lista: era que se pusiera un lindo cintillo para ordenar su pelo rebelde. Sabiendo que las cosas estaban completamente bien, no había sufrido ningún ataque de tos y su madre se mostraba de maravilla. Entonces terminando de acomodarse los últimos detalles bajo las escaleras con rapidez y cerró la puerta de la casa allí estaba su madre esperando en el auto, pensando en las cosas que podían pasar en la cita, pero no le dio mucha importancia, subió al auto con rapidez esperando que Jess ya hubiera llegado a la chica no le gustaba esperar en lo más mínimo. —¡Estas linda!—Dijo Karen— cuídate, estere por el centro dando vueltas… me llamaras cuando tenga que ir a buscarte.—Karen le dio un móvil. Alison sonrió. —Si mamá, estaré bien, yo te llamare. El extraño comportamiento de Karen en cierto punto estreso a Alison. Nunca le había dado un móvil, me imagino que ya estaba madurando, o algo así. Luego encendió el auto y sin ninguna otra cosa que hablar puso rumbo a la heladería, llegaron en pocos minutos, hasta que Karen confirmo que nadie le haría daño a  su pequeña hija entonces dejo que se bajara del auto, solo para que buscara a Jess. A veces los hilos de la vida se desdibujan y hacen que las cosas parezcan un tragedia, cosa que hoy no iba a pasar, pero Karen sabía que su hija estaba delicada de salud aunque tampoco moribunda como pare negarle salir, pero era arriesgado y se estaba jugando que su esposo la reprendiera más tarde con un buen regaño seguido de una discusión ferviente en donde los dos iban a terminar abrazados y besándose como era de costumbre. Pero su hija también tenía que sentir emociones más cuando su enfermedad se lo impedía, cuando ni siquiera tenía una amiga, cuando todo lo que estaba a su alrededor había sido cambiado por una máquina de oxígeno en el peor de los casos. Habían cambiado tanto de hospital que casi llevaba un record de ingresos hospitalarios, entonces tenía que jugársela por su hija para que también descubriera aquellos sentimientos que tenía que sentir, que no había experimentado aun porque su enfermedad se lo impedía, pero que también necesitaba arreglar, era el momento perfecto con la llegada de Jess a la vida de Alison, la madre vio a Jess como: Un ángel protector que ayudaría que Alison mejorara poco a poco, haciéndole ver lo bello que puede ser la vida, era preciso la colaboración del muchacho para conseguir lo que quería debidamente, nada más y nada menos que la felicidad de su hija. Alison se bajó del carro y se despidió de su madre, cuidando que la falda no se levantara entonces camino hasta llegar a la heladería, era pequeña como una cabañita en el bosque, alrededor la gente se aglomeraba en las mesas, portadoras de muchos tipos de helados entre ellos los banana-split que vio uno de reojos mientras pasaba por las mesas: esperaba que Jess le invitara uno de esos. La fachada era agradable, con algunos ladrillos fuera de lugar pero linda, y algunas flores adornaban el arcén de la calle, hasta el perímetro en donde estaban los clientes. Se sentía en un pequeño castillo. Jess la asusto llegando por su espalda se acercó a sus oídos y le hizo: “Boom” Alison sufrió de un respingo, entonces más tarde se dio un giro de talones enojada y algo roja. —Diablos Jess no hagas eso. —Vamos te has asustado. —Alison puso los ojos en blanco, ya el tono sarcástico de Jess había entrado en acción: De verdad no sabe cuándo controlarse, sí que es un caníbal. Jess la tomo de la mano con agilidad y la arrastro con cuidado a la mesa en donde estaban sentados. Allí también estaba Coby, pero al verlo ella se encogió de hombros: pensaba que era algo más personal —El cabezotas de mi hermano ya se va, solo vino a traerme dinero… ya escuchaste Coby lárgate. —Qué carácter… Hola Alison.—Aludo con un gesto tierno, y se marchó luego. Inmediatamente Jess se relajó, entonces invito a sentarse a Alison, ella se sentó cuidando que la falda no se subiera más, era demasiado corta y hasta se cuestionó por qué la había traído. —Vamos ya el cabezotas de mi hermano se fue… ¡Uf! Perfecto podemos hablar de lo que queramos, Alison pienso en que deberías salir más de vez en cuando, porque estar  tan sola no es una buena idea. Alison suspiro: Tu no lo sabes per siempre que salgo el polen me hace daño y finalmente termino hospitalizada, que viniera hoy fue un absoluto milagro. Ella cogió una bocanada de aire antes de entrar en conversa. —Que te puedo decir… tendría que recomendárselo a mis padres. Pero no te preocupes, ya hablare con ellos para que suceda, sé muy bien que estás enamorado de mí, y que estas tan perdido, que ni siquiera puedes vivir sin mí. Jess frunció el ceño y guardo silencio ante la declaración, Alison sonriente en la esquina de la mesa, también sabia como controlar a la bestia de Jess. —¡Ja! Pero sí que has venido con los sumos por los aires, ¿crees que de verdad no me resisto a tus encantos? —Entonces deberías cuidar tus palabras. Jess hizo una mueca: Demonios claro que eres algo encantadora pero tampoco tienes que ponerme al tanto de esa manera, además eres lista, después del beso supones que me debo estar muriendo de rodillas delante de ti, aunque no tenga nada de remedio también pienso que pudiera ser así, pero primero quiero cumplir tus sueño. Antes de que pueda pasar. —Quiero que me digas en realidad que es aquella enfermedad de la que sufres, su diagnóstico me parece extraño. —No sé exactamente que es. Pero tampoco creo que sea el momento para que lo sepas, no quiero que me tengas lastima de una… —No lo digas—Interrumpió de inmediato Jess y luego continuo—todo con calma chica. No quiero que pienses cosas que no son. Alison afirmo con la cabeza. —Pidamos un helado. Jess se levantó de la mesa, entonces fue a la recepción a pagar dos buenas tandas de helado, aunque nunca supo; si  a la chica le gustaría un banana Split estaban de moda y tenían que eran los mejores. Pidió uno sin vacilar y también uno de fresa para ella, en total cinco helados, dos para él y tres para ella. Alison se sorprendió cuando llego con aquellas bandejas llenas de helado, frio y dulce, las grasita de cada helado caía por un lado de las frutas—O lo que quedaba de ellas tras ser cortadas— y empapaba de dulzura todas las zonas del helado. Chispas de colores en la cubierta de cada helado, y un banana Split que parecía estar delicioso. —Vaya sabes escoger Jess. —Claro que si, obviamente se escoger, antes tuve a una chica se todos los puntos débiles de las mujeres ¿sabes? —Pues no lo sabía. —En eso un rayo de estímulo paso la cabeza de Alison y soltó una parrafada sin pensar— Por eso me besaste ese día en el hospital—hablo con un tono de indignación. —Claro que no, obviamente no, espera porque piensas eso ahora, ya ha pasado más de una semana y encima no te habías molestado: pero tampoco pienses que es así. Alison bajo el arsenal contra Jess: Se sonrojo, posiblemente esta incomodo,! ja! solo era una broma tonto, mejor arreglo esto antes de que se me vaya de las manos.  Pero es que es tan tierno, si recuerdo bien nadie me había invitado a comer helados desde que tenía la enfermedad. Es tan mono, posiblemente en segundos no lo pueda ver, o tan siquiera tampoco pueda verlo mañana, o tal vez un coagulo en mis pulmones está explotando y muera mañana mismo. Qué vida más asquerosa, si puedo vivir una hora más, estoy destinada a no volver a ver su sonrisa. Pero aun esto aquí… comiendo helados con un chico que no es feo para nada, pero tampoco guapo, pero me atrae, pensar que iba a pasar la fiesta de cumpleaños número dieciséis en un hospital no me lo esperaba, pero que alguien me invitara a salir después de que nos conociéramos en el hospital sí que me sorprende; puede que sea lo mejor que me ha pasado en mucho tiempo. Ali esbozo una sonrisa tierna, ladeo la cabeza y siguió comiendo helado hasta que vio que era necesario hablar para que Jess no se incomodara más de la cuenta. Ali estaba pintando un lienzo de color rosa por un lado pero con cada pincelada de color n***o cubría antes sus colores alegres, no podía fiarse del futuro sabía que en cualquier momento zas, llegaría el destino y acabaría con todo: Inclusive con su vida, por esa razón no quería apegarse demasiado a Jess, tampoco quería que sufriera los años posteriores a su muerte, pero como nunca se sabe; Un milagro pudiera actuar y tal vez hasta se mejoraría con el tiempo. Pensó que la segunda opción era la más estable, tampoco podía desperdiciar el tiempo dudando, su corazón sentía un leve enamoramiento, y posiblemente el ultimo de su miserable vida, entonces tenía que arriesgarse por tener algo de diversión antes de partir a ese viaje, del cual no se podía comprar billete de vuelta. —Jess quédate tranquilo, si me besaste es porque te gusto, nada mas eso, no tienes que ponerte incómodo. Ali con sus palabras calmaron el corazón afligido de Jess, aunque el chico aun guardaba un silencio abismal que los separaba, Alison deseo ser telepata para poder ver que era lo que estaba pensado. Aunque la gesticulación de su rostro decía todo: tenía miedo también, ser el chico de una lisiada y enferma mujer tampoco era divertido. —No es eso… —¿Entonces qué? —Alison, no sé si sea muy grave tu enfermedad, pero sé que con algunas cosas puedo hacer que tus sueños se hagan realidad.—Alison sintió una puntada en el estómago— dame algo de tiempo, por favor no vayas a… por favor no te vayas de mi lado, ya verás cómo puedo cumplir todos tus deseos, mejoraras ya verás que es así. Es así, o el que muero soy Yo. ¡Lo juro! Jess tomo la mano derecha de la chica, contemplándola con caricias: era cálida y estaba algo sudada sus ñemas estaban frías, por el helado. Pero tampoco dudo en crisparlas, las apretó con ternura hasta que ella también pudiera sentir su calor. Alison se dio cuenta que ya estaba decidido, no había quien lo parara, ni ella ni nadie, se sonrojo, estaba claro que los demás no se interpondrían en su camino, nadie, Jess mostraba en la cara aquella determinación, parecida a la de un soldado  en guerra, no se iba a rendir, aunque el reto fuera grande. Esas palabras lograron llenar el corazón de la chica, hasta el punto de casi soltar algunas lágrimas que descargarían después una nevada de lloros. Jess tenía los rasgos faciales rígidos y sus ojos apuntaban a ella directamente como queriendo decir que todo estaría bien, era lo más varonil de su parte desde que le había llegado a conocer. Su corazón se agito de tal modo que siquiera pudo experimentar un dolor, que fue momentáneo, y hasta su respiración se agito> pensó pero después se calmó y recupero todo su aliento, precisamente no era un gas, ni su enfermedad: fueron las palabras de Jess que hicieron que hasta la última célula de su cuerpo reaccionara. Como negarse a aquellas cosas venideras,  quería pasarlo con Jess, quería también pasar ratos bonitos con él, tardes soleadas bajo un atardecer rojizo y lluvias y tempestades, abrazada de su cuerpo hasta que su calor le diera la tranquilidad para dormir. Quería una amante. Como aquellos hombres que aparecían en los libros que leía constantemente. —Jess no digas esas cosas así, me haces sonrojar. Además no te he dado permiso de que me toques. —Lo siento. Jess inmediatamente quito su mano de la de Alison. Pasaron algunas horas hablando de sus colegios, Alison escuchaba con determinada dedicación y como es debido aquellas historias que contaba Jess, desde sus travesuras hasta la última de las cosas que había inventado en su cuarto. Los objetos que estaban acumulados por rumas en su cuarto  hasta que se elevaban por el armario hasta que llegaban al techo, era completamente un loco inventor un científico que estaba buscando algo. Por momentos se olvidaba que tenía aquella horrible enfermedad pulmonar y entonces quería salir corriendo al parque, que estaba a dos cuadras de la heladería, para que entonces besarse tan candentemente como si no hubiese un mañana, colmar aquellos sentimientos tercos que se estaban formando, con cada sonrisa, risa y carcajada que soltaba con las múltiples historias bien contadas de Jess. Había pasado algo increíble, charlaron tanto que Alison se olvidó de la hora, la noche había caído, entonces por la heladería se pasó la infame figura de Karen quien estaba algo enojada, entro en la heladería y busco a su hija: la encontró con el chico del hospital súper divertida y emocionada por las cosas que le contaban. Cuando Alison vio a su madre acercarse le dio un pánico: pensaba que la iba a regañar, pero no fue así.
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