Santino —Entonces, ¿Te casaste con ella, y seguirás casado con ella, sin follártela? —Aja—Le digo dando otro sorbo al licor frente a mi —¿Para qué tener una esposa si no la puedes follar a diario?—Dice Al, verdaderamente confundido. Yo me río —Tampoco es que no pueda coger—Le digo levantando una ceja. —Pues que relación tan más extraña tienes... —Lo sé—Le digo con esa voz que revela que en ese sentido no tengo idea de que hacer—Pero... Con tal de eliminar a esa basura... no tengo problema con que ella se quede aquí... —Si estuviera en tu lugar no podría resistirme—Lo miro levantando una ceja, y siento de nuevo mi sangre calentarse—Venga, hermanito, es guapa... tiene una cara de inocencia... que dan ganas de pervertirla —Es mi esposa de quien hablas, idiota—Mi voz sale más severa

