Deseo

1340 Palabras
Santino Gruño de la grata sensación de sentir su mano, me acerco a su labio para besarla, el impacto de su aliento en mi rostro es delirante, el calor que emana de su cuerpo es sin duda excitante, con mi mano sobre la suya, la hago apretar mas fuerte mi pene. —Por favor—Dice ella, su voz es ahogada, incluso dolorosamente chillona. La bruma de placer y deseo que siento, desaparece gracias a su voz. Y atravez de ella puedo ver su aflicción, su incomodidad—No lo haga... no quiero que mi primer beso sea así... Su voz es un ruego, suelto su mano, y dejo de hacer presión sobre su cintura, pongo mi mano en el brazo de la silla, y aunque sé que debo dejarla levantarse, no lo hago, necesito componerme. Pero basta con ver la suplica y agonia en su rostro, para detenerme. La ayudo a ponerse en píe, la veo pasar saliva. —Lo siento Nayla, no sé que me pasó—Le digo, ella se sienta en su lugar, baja la mirada, y ahora mas que preocupación veo algo de tristeza, pero ahora no quiero indagar en esto. —Gracias por no robarme mi primer beso—Me dice con voz tímida—Sé que puede ser una tontería para usted y sus gustos... —No tienes que agradecer, yo no debo pertarme con un animal contigo, no tenemos una relación física... solo me deje... llevar—Digo con el ceño fruncido, ella asiente pero sin mirarme, y eso me parece frustrante —No, yo entiendo... hombres como usted y en este mundo... son necesidades... no es por mi... solo son necesidades—Me dice, y yo me sorprendo ligeramente, ¿Ella no se cree capáz de despertar eso en un hombre? ¿Donde mierda la tenía escondida Karim? Aunque entiendo un poco porque la tiene escondida. —Nayla, no soy un hombre de darle vueltas a las cosas, ni tampoco me voy por las ramas—Ella mira el plato que tiene frente a ella—Míarame, CARAJO—Levanto la voz, ella brinca, y con miedo y timidez me mira—Me deje llevar, si, perdiendo el control... pero no porque sea hombre y tenga necesidades, fue porque eres guapa, y me excitaste demasiado —Yo...No... —Pero, no te preocupes, niña, eso no volverá a pasar—Me pongo en píe, sintiendo un dolor en mis bolas, que tengo que reprimir para no parecer un degenerado adicto al sexo... lo soy, pero no quiero espantar a la niña, camino hacia la salida, necesito salir de aquí antes de que pierda el control de nuevo, y no pueda detenerme esta vez—Y no es tonto, me da gusto saber que aun hay mujeres que esperan por el amor de su vida, Nayla... Salgo del comedor, sin terminar mi comida, y sin fijarme en si ella termino, voy directo a mi recamara, donde me meto directamente a la regadera para bañarme con agua fría. La calentura baja, pero aun tengo una erección, ya no duele. Pero mi puto cerebro traicionero, hace que no se me baje. De nuevo esas imágenes de ella de rodillas... "Mierda es tan tímida, tan sumisa..." mi v***a comienza a palpitar de inmediato, recargo una de mis manos en el frío azulejo del baño, mientras dejo que el agua fría se deslice por mi cuerpo. Mi pene duele de nuevo solo de pensar en ella. me siento frustrado, hoy le pagué a una puta para sacarme las ganas... "¿Porque no pudo hacer bien su trabajo?" Llevo mi mano a mi duro m*****o, y el contacto es dolorosamente placentero, necesito liberarlo, o terminaré con las bolas azules. Mi mano se desliza por todo el largo. Cómo un maldito adolescente, comienzo a masturbarme, con un solo una mujer en mi cabeza. Todas las imágenes que soy capaz de crear involucran su bello rostro. Porque aunque sentí lo ligera que es, no puedo hacerme una idea de su cuerpo, sospecho que solo es muy delgada. Pero doy rienda suelta a la imaginación, ella de rodillas recibiendo mi leche, en toda su cara, ver esos tímidos ojos mientras la tomo de la nuca y le follo esos labios color coral. Imagino su cara mientras me cabalga en ese puto comedor. Aunque no puedo imaginar como se siente su coñito virgen, es más que suficiente, imaginar ese hermoso rostro al ser penetrada, hacerla disfrutar, su boquita entreabierta jadeando mi nombre, con esa suave voz, y por primera vez sosteniéndome la mirada, no con pena como lo hace, sino con deseo —Si, nena—Digo cerrando mis ojos mientras mi mano se mueve con frenesí, pensando en ella—Dios, Nayla Es lo único que digo justo en el momento en que me descargo, gruño un poco en esos últimos jalones que me hacen temblar de placer... Recargo ambas manos en el azulejo, tratando de calmarme —Mierda si esto será así.... va ser una puta tortura...—Me digo con frustración y enojo—Maldito Karim... Maldito Marcello... Malditas Vegas Nayla Cuando el se va, me quedo pasada mirando el plato de comida vacío frente a mi. Tratando de entender las sensaciones que el me provocó. La única que puedo lograr definir es: miedo. La primera vez que lo ví, en el recibidor de la casa, no imaginé que el fuera así... no lo parece, no parece ser el hombre que mis hermanos dicen... parece educado, y muy centrado, incluso sino supiera por mis hermanos, que Santino es el líder de la mafia italiana, jamás lo creería. Es elegante, y sin duda guapo. Pero al escuchar como habla, está claro que es igual que todos, no tiene filtros y cree que puede decir lo que se le ocurre... Pero ahora... me aterró un poco la idea de lo que es capaz de hacer, si el cree que tiene derecho, tomará lo que cree que es suyo... tomará mi primer beso, mi virginidad... Y sin duda eso me asusta. Me asustó también el nudo en el estómago cuando me hizo tocarle... eso... Nunca había tocado uno... ¿Serán todos así de duros cuando se excitan? ¿Todos tendrán ese tamaño? Mientras lo tocaba, sentí un calor ligero en mi espalda baja, y mi cuerpo temblaba de nervios... creo que también lo hizo por miedo. Y sentí una pequeña punzada entre mis piernas... no sabía que se podía sentir tanto miedo. Y menos que se viera reflejado en esa parte del cuerpo... Aunque también debo reconocer, que en algún momento sentí... curiosidad por seguir tocándolo... en especial cuando el soltó ese gruñido algo... animal... ¿Tan malo es para ellos excitarse que tienen que gruñir? Solo espero que a Santino Vannicelli, no le de por volver a intentarlo. Si lo hace, tendré que usar lo que me enseñó mi hermano estas semanas para defenderme. No quiero que Santino me quite lo que no le pertenece, lo que he guardado para alguien especial por 20 años. Además mis besos y mi virginidad están reservados para el hombre que me haga sentir mariposas en el estómago, así como en las películas que veía cuando era más chica, están reservados para ese hombre que quiera cuidarme y estar conmigo porque me ama, no por un error en las Vegas... Aún no entiendo cómo es que terminé casada con el... tampoco es que tomara tanto... de hecho solo fue una maldita copa... tal vez pueda hablar con mi amiga, para saber que fue lo que sucedió en ese viaje. —¿Señorita?—Llama mi atención la atenta mujer del servicio —¿Si?—Le digo sobre saltándome —Lamento asustarla —No para nada, solo estaba... pensando—Le digo—¿Que se le ofrece? —¿Que quiere que haga con la comida que sobró? Me quedo pensando un momento, y una sonrisa se dibuja en mi rostro antes de hablar, ella me regresa la sonrisa... está mujer me agrada...
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