ANGELO Estábamos encerrados en ese diminuto lugar, tan cerca uno del otro que su respiración se mezclaba con la mía mientras su intensa mirada me atravesaba como un puñal, y al mismo tiempo estábamos corriendo el riesgo de que alguno de los dos cometa una estupidez de la cuál después terminemos arrepintiéndonos. _ ¿De verdad quieres que me vaya, Ángel?_ Preguntó con ese tono de voz tan seductor. _ No..._ Respondí consiguiendo que Ben sonriera victorioso._ No quiero que te vayas, solo. Le diré a tus amigos que te lleven a tu casa._ Su sonrisa se borró al instante al oír lo que dije y entonces huí rápidamente antes de que volviera a acorralarme. Abrí la puerta lo más rápido que pude tratando de escapar de allí pero en cuanto salí del cubículo él me abrazó por detrás hundiendo su cabeza e

