Más tarde, después de mimos y apapachos a su esposa Pablo se levantó y se preparó dejándola en la cama con más pereza que otra cosa y cuando estuvo listo, salió del vestidor dispuesto a bajar al salón. Entonces la vió a ella aún recostada entre las cobijas. - ¿Ya te vas? - preguntó al verlo. Éste acercándose a la cama y sentandose a su lado, con suma ternura acarició su mejilla y dejando un dulce beso sobre sus labios asíntio. - Si, voy a bajar a resolver algo - susurró quitando el cabello de su hombro - Te espero allá, ¿de acuerdo? - Bueno - aceptó ella viendo que no la miraba a los ojos, tan solo observaba el resto de ella misma y a acomodaba su cabello. Eran pocas las ocasiones en la que sus miradas se encontraban de frente y aunque le parecía extraño eso, optaba por no decir nada

