Luego de salir de la casa tomados de la mano, sin decir una sola palabra al otro se dirigieron al auto que ya los esperaba para partir rumbo al aeropuerto. Pablo, al llegar a la puerta del vehículo abrió la misma permitiendo que su esposa entrara primero para, momentos después cruzar algunas palabras con sus guardaespaldas que los acompañarían durante el viaje, y subir, posteriormente del otro lado del carro.
Nicolle bastante incomoda por todo lo ocurrido hacia tan solo unos minutos atrás, respiró profundamente tratando de controlar sus pensamientos que no paraban de decirle por cuántas razones aquello era tan extraño, su cabeza no paraba de dar vueltas analizando porque Pablo había hecho eso. Sin embargo, a pesar de que no lograba comprenderlo, sabía que tenía que agradecerle el hecho de no haber padecido una humillación como lo era entregar la prueba de pureza, habría sido completamente intolerable esa escena.
Mientras millones de cosas la agobiaban en ese instante, el auto arrancaba partiendo a su destino y Pablo solo la miraba de reojo, preguntándose internamente qué pasaba por la mente de su rara compañera, parecía estar tan sumida en sus pensamientos que no prestaba atención a lo que ocurría a su alrededor, o sencillamente lo estaba ignorando de forma intencional haciéndose la ofendida por lo que había presenciado la noche anterior, no lo sabía y aún así sentía que, de todas maneras, no tenía ninguna relevancia. Por lo que, sin ánimos de lidiar con berrinches de aquella jovencita, tomó su teléfono y comenzó a ver cosas de verdad relevantes.
Al percatarse de lo que el chico había hecho, Nicolle se mordió el interior de la mejilla, conciente de que todo sería así de allí en adelante, y por eso, sin más que decir o hacer comenzó a observar el paisaje a través de la ventana. No había mucho que ver más que casas y más casas enorme y algunas muy bellas a decir verdad, hasta que llegaron al centro de la ciudad donde se pudo apreciar todo de una mejor manera, habían personas caminando por las calles, muchos autos, centros comerciales, tiendas, una preciosa plaza central entre muchas otras cosas.
Tras conducir durante alrededor de veinte minutos, llegaron al aeropuerto, donde la pareja fue llevada directamente a la pista donde los esperaba su lujoso jet privado. Cuando estacionaron, el primero en bajar fue un serio Pablo con una expresión de pocos amigos, luego le siguió su esposa a la que, caballerosamente le tendió la mano tomándola con delicadeza para comenzar a caminar.
Al subir al avión, la pareja se sentó cada uno en un lugar y abrocharon sus cinturones sin mediar una sola palabra, tal y como había ocurrido en el auto, todo iba en absoluto silencio. Ninguno tenía ánimos ni motivos para iniciar conversación, tenían diversos sentimientos encontrados después de lo ocurrido la noche anterior. La boda, la fiesta, la discusión con aquella chica Emma, su primera noche como marido y mujer y en particular, para Nicolle, esa polémica escena donde él se había plantado frente a su padre negándose a darle lo que quería. Jamás imagino que él llegara a ser tan tierno y cuidadoso como se había mostrado con ella al estar juntos, la había tratado de manera inexplicable y, además también se había negado a humillarla frente a sus padres y los de él mostrando aquella sábana, había sido muy caballeresco de su parte. Lo único que no terminaba de entender era el hecho de que lo hiciera tras la amenaza que le había dado en el altar, le había prometido hacerla sufrir, ¿sería a raíz de lo de la tal Emma? quizás se sintiera culpable. Sin embargo, no quiso dar nada por sentado, no pensaría nada hasta que algo se revelara.
Pablo, por su parte, estaba absorto en sus pensamientos también, recordando escenas de el día anterior pensó, en lo estúpido que había sido al enamorarse, Emma no valía nada, lo había usado, lo había sonsacado para llegar a un mejor nivel de amistades y él se lo había permitido, se había comportado como un completo idiota. Ahora solo le quedaba eso, su trabajo, las empresas que heredaría y una esposa retraída por la que no sentía absolutamente nada, a la que no le conocía nada más que el nombre y por supuesto, la edad. La única salida para quedar satisfecho sería aquella que había analizado la noche anterior, utilizar eso a su favor y cobrar una perfecta venganza contra las personas que acababan de terminar con sus vidas. Miró a Nicolle, quién estaba distraída.
Ella sería un arma fundamental en aquel plan, era la mujer que podría darle aquel anhelado heredero legítimo, era el tesoro de los Miller por mucho que frente a sus propios padres quisieran hacer parecer lo contrario y adicional, como la cereza de ese enorme pastel, era suya. Su mujer, su esposa, su responsabilidad y algo que ninguno de ellos le podría quitar. Odiando profundamente a sus padres, respiró y reteniendo su mirada sobre la desconcentrada jovencita, concertó en su propia mente darles una cucharada de su propia medicina a los Miller y a los propios Campbell, trataría a su esposa como su señora que era pero se la llevaría muy lejos, ella le daría su hijo, posteriormente, lo mantendría lejos de sus abuelos y le daría la libertad de, al ser grande, poder decidir qué quería hacer con su vida. Ese iba a ser el peor castigo para ellos, en especial para su padre al ser algo, la única cosa que no podría controlar en el mundo.
Decidido y con una meta trazada, sacó su portátil y comenzó a buscar un buen lugar donde pudiese empezar con ello, tenía algunas ideas que se adaptaban fácilmente a lo que necesitaba. Unas horas más tarde, un rato antes de aterrizar, terminó sus llamadas e investigaciones y volvió la vista nuevamente a su mujer. Se había quedado dormida. Estaba profundamente dormida, su respiración era acompasada y parecía tranquila.
Prestando un poco de atención a la chica que tenía frente a él se permitió observarla. Tenía una sedosa y delicada piel blanca, un largo y lacio cabello n***o azabache que hacía un excelente contraste con su piel, en un corte tradicional muy similar al que tenía su madre, unas largas pestañas del mismo color, una nariz fina que realzaba sus facciones bien estilizadas, los labios finos con una bonita forma de corazón en el labio superior, era más rellenita que otras mujeres pero no podía negar que tenía un cuerpo estupendo y bien definido, unas manos pequeñas con uñas bien arregladas y en la izquierda, reposaban sus anillos de compromiso y matrimonio y en la muñeca la pulsera que le habían entregado el día anterior y un lindo pero sencillo reloj. Era una mujer, en realidad, muy bella, lo único que no la dejaba relucir era aquel look que tenía, parecía una anciana por la manera de peinarse y vestirse. Utilizaba esos vestidos enormes, largos y completamente cerrados, además el cabello o recogido o en cualquier otro tipo de peinado poco común para una jovencita de su edad.
Quedándose así, observandola y quizás también admirando que era incluso más hermosa que su ex, pensó que podría sacarle partido a eso. Estaba muy seguro que por exigencias de su padre, que era un hombre muy dominante, ella había vivido una crianza muy fuerte en esos aspectos, su familia era machista y conservadora, además de tener ciertos ideales a que eran una razón superior al resto, no permitían vestimentas diferentes a aquello que se solía usar en tiempos anteriores y todo lo demás... También cambiaría eso.
Con los pensamientos revolucionados, Pablo perdió la noción del tiempo y cuando se dió cuenta ya casi aterrizaban, abrochó con cuidado de no despertarla el cinturón de su esposa, tomando las cintas que estaban en sus piernas y ajustó también el suyo.
Al aterrizar en Francia, dónde pasarían esas dos semanas en su luna de miel, decidió despertar a Nicolle que parecía desorientada. Por ello, con delicadeza, la ayudó a ponerse de pie y la guío con un firme pero suave agarre de la cintura a bajar subiendo al auto que los llevaría rumbo al ostentoso hotel donde se iban a hospedar.
Cuando llegaron, bajaron y tomados de la mano llegaron al living donde uno de los encargados del lugar los esperaba con una amable sonrisa para atenderlos.
- Buenas tardes - saludó Pablo deteniendo su paso para estrechar su mano.
- Buenas tardes, señor Campbell - respondió correspondiendo a su gesto - Richard Dublín - se presentó con rapidez.
- Pablo Campbell - dijo y acercando un poco más a su esposa hacia él, la presentó también - Y ella es mi esposa Nicolle Campbell - paso su brazo alrededor de la cintura dejándola sorprendida por aquello. Normalmente, en contadas ocasiones se les presentaba a las esposas, al menos en sus familias, además de que ese nuevo apellido que portaba la hacia sentir muy extraña.
- Un gusto conocerlo, igual con su señora - la miró a ella - Y también es un placer poder recibirlos a ambos en nuestro hotel, durante su estadía acá seré el encargado de asistirlos en cualquier cosa que quieran o necesiten - informó. En ese momento Nicky, abrazada de costado a su marido, lo miró de pies a cabeza, era curioso como les daban aquel trato a ellos solo por ser hijos de personas tan importantes, de seguro a personas comunes y corrientes no les pondrían un asistente particular durante su estadía allí.
- Perfecto - contestó Pablo fijándose en la seria expresión de su mujer - Por ahora no tenemos planeado salir, querríamos descansar e instalarlos, supongo que puede guiarnos a nuestra habitación enseguida, ¿no?
- Claro que sí - asíntio - Vengan conmigo por favor - pidió dándoles paso para que comenzarán a caminar rumbo a la recepción donde solicitarían los pases. Luego de prestar sus identificaciones a la joven para verificar su reserva, a la pareja les fueron entregados dos pases a la suite presidencial que se les había preparado para su llegado y el botones, tras una simple llamada, apareció subiendo de una vez el equipaje. Ellos subieron al ascensor y en completo silencio, un silencio que parecía no desesperarle a ninguno, aunque era todo lo contrario, marcaron el piso que les habían indicado y llegaron a un pasillo que daba con la puerta a la recámara.
Ahí, ya los esperaba el chico con sus maletas quien, al abrirse la puerta dejó éstas a un lateral y después se retiró. Los jóvenes accedieron al lugar y vieron todo, ese sitio era como cualquier otro que hubieran visitado antes, lo único que difería era la arquitectura. Era bastante tradicional, claro que sí perder lo moderno.
Ella, fue directamente hasta donde estaba la cama sentandose en la orilla para soltar un suave suspiro, él luego de ver el área del living que había allí, separado de la habitación por una pared, siguió el paso de su esposa. Mirándola fijamente, sintió como de un momento a otro todo parecía volverse bastante tenso, entre ellos no había absolutamente nada, tan solo una unión arreglada. Ella conciente de que él amaba a otra mujer, no tenía muchas altas expectativas con respecto a esa relación e incluso tenia la ligera impresión de que seguía estando muy enojado porque ella lo terminara, para ninguno era un secreto que de no haberse casado ella habría seguido con él. No sabía qué decir.
- ¿Eres muda? - preguntó él acercándose a la cama con las manos en los bolsillos de su jean y con una actitud relajada. Nicolle, tragando disimuladamente intentado disipar el nudo que tenía en su garganta, lo miró de la misma manera de pie frente a ella. Sin querer hablar ella negó con la cabeza, a su marido solo le quedó rodar los ojos, no estaba acostumbrado a tratar con mujeres así - ¿Y no piensas hablar? - insistió. Si iban a estar casados al menos tendrían que ser amigos o llevarse de forma cordial. Él como joven que era seguramente podría hacerla liberarse un poco. Pero nuevamente ella negó con la cabeza, no tenía ningún sentido hablar, no tenían nada interesante que decirse - Entonces ahora no solo voy a convivir con una extraña sino también con una muda por decisión - dijo intentando hacerla decir algo, pero ella solo mantuvo el mismo aspecto sereno. Por fuera ya que por dentro tenía la sensación de que su esposo no era tan serio y enojón como se había mostrado los días pasados, parecía bastante simpático - ¿Sabes que en algún momento debes hablarme, no? - eso estaba empezando a desesperarle, no podría vivir con alguien que no dijera nada, la única vez que abrió la boca fue para decir: “si, aceptó" el día anterior, pero fue entonces que lo dejo sorprendido.
- Supongo que solo hablaré cuando sea necesario - respondió recordando aquella absurda regla que se había impuesto durante toda su niñez. En realidad no había hablado nada, luego de la interrupción de él cuando ella cantaba cepillando su cabello esa noche, no había expresado otra palabra.
- Eso quiere decir que no dirás más nada - dijo con un asentimiento - De acuerdo, ojalá nuestros pobres hijos aprendan a convivir con una madre muda - suspiró poniéndose de pie. ¿Cómo se suponía que iba a estar con una persona así? ¿cómo se suponía que engendrara un hijo a una mujer que ni siquiera era capaz de hablarle? nada de aquello tenía el más mínimo sentido.
- ¿En serio planeas que tengamos hijos? - inquirió antes de que se fuera de la estancia. No entendía porque quería tener hijos con una mujer que no era la que amaba, ¿por qué tener un bebé no deseado?
- Es lo que debemos hacer, ¿no? - se sentó de nuevo viéndola. Tenía razón. Su matrimonio había sido concertado para eso, para dar un heredero en menos de un año.
- Ese bebé no será feliz - susurró bajando la cabeza pensando en sus hijos, ya su preocupación no era entregar su cuerpo a ese hombre desconocido cada noche, ya no era estar atada a alguien sin sentir amor, ahora su miedo era pensar que en un futuro sus hijos experimentaran lo mismo que ella, no se creía capaz de soportarlo.
- ¿Por qué lo dices? - sabía perfectamente que quizás ella no se sintiese lista para tener un bebé, no quería dañar su cuerpo o simplemente no se sentía con la capacidad de seguir estando día tras día con un hombre que no quería para conseguir el cometido, pero era necesario.
- Si siguen con este riguroso estilo de vida - empezó a decir sin mostrar un sentimiento, lo decía con tranquilidad, aunque por dentro le dolía - no serán felices y tú... tú, para tí existe esa chica... ella estaba llorando y...
- No puedo tener hijos ni familia con nadie que no seas tú - le recordó - Y nos guste o no estamos casados, parte del acuerdo es tener un hijo, además sabes lo que pasaría si no concluimos lo que debemos hacer.
- No estoy preocupada por mi - aclaró para que no lo malinterpretara, sabía que tenía un deber que cumplir, solo quería ver si había una sola oportunidad para salvar a sus hijos de ese destino.
- Estás preocupada por personas que no han nacido, todavía no podemos dar nada por sentado - expuso con paciencia.
- Está bien - suspiró resignada, no había nada que pudiera hacer, se lo habían dicho toda su vida, debía cumplir con aquella tarea de tener un hijo.
- Nicolle - la llamó por su nombre por primera vez - puede que nuestro hijos no tengan el mismo destino de casarse sin amor como nosotros, solo debemos pensar que nosotros como padres podemos hacer que eso sea diferente - dijo hablando con ella con madurez, tal y como dos adultos que eran.
- Entonces hagamos que ellos tengan un futuro distinto - susurró, quizás estar casada con él no fuera tan malo.
- Exacto - asíntio - Mientras tanto tú y yo podemos llevarnos bien, sé que prometí hacerte la vida imposible cuando terminó la ceremonia, pero dado que ninguno tiene culpa de esta locura, no sería justo - explicó su cambio drástico de actitud hacia ella de un modo aparentemente razonable. Sería parte de su plan, ella no aparentaba ser una mala chica y eso de llevarse bien podría ser beneficioso para todo - Así que... seamos amigos - propuso y ella lo miró asombrada - ¿te parece bien?
- ¿Amigos? - preguntó con incredulidad ante lo que él asíntio - Estamos casados, se planeó que tengamos hijos, tenemos que cumplir con ciertas cosas que como pareja tenemos que hacer, los amigos no llevan esa clase de relación.
- Pues no, pero seremos algo similar a los amigos con derechos, ¿sabes qué es? - preguntó con gracia mostrando una bonita sonrisa, ella negó - Simplemente llevamos una relación de amistad dónde no hay apelativos cariñosos, ni tampoco escenas innecesarias o mucho menos discusiones normales. Solo estaremos juntos, tendremos a nuestro hijo y adicional a eso frente al público diremos que estamos casados y enamorados.
- ¿Te parece lógico eso? - preguntó está vez ella tomando un poco más de confianza y dibujando una linda media sonrisa sobre sus labios.
- Si, es lógico. No estamos enamorados ni nos amamos locamente pero hay que estar juntos y esta es la mejor solución que encuentro.
Ella mirándolo por unos instantes dudosa de si aceptar o no después de todo aquel embrollo, suspiró, no tenía más opciones, después de todo debían estar juntos, mejor juntos como amigos que juntos como momias.
- Está bien - aceptó - Seamos amigos.
- Perfecto - estrechó su mano con delicadeza propia para ella y le guiñó un ojo con complicidad, así sería mucho más llevadero el hecho de estar casados y tenerla de amiga le aseguraba que probablemente podría ejecutar todo y ella no diría que no. Era hora de empezar.