DIA DE LA BODA
Ese dia, el día del gran acontecimiento todo estaba perfecto los arreglos, el vestido, la decoración, la gente que venía de todas parte e incluso en clima, había un hermoso sol que iluminaba maravillosamente el precioso jardín donde se llevaría a cabo la ceremonia y posteriormente la fiesta. Hasta ahora todo estaba tal y como se había organizado en un principio para ese día, a excepción de los ánimos de los novios que, más que futuros esposos parecían pobres mártires sentenciados a condena de muerte y se sentía muy similar.
Nicolle sentía una fuerte opresión en el pecho debido a la gran responsabilidad que seria llevar un matrimonio con una persona a la que no conocía en lo más mínimo y que obviamente estaba muy renuente a casarse sabía Dios porque motivos, pero simplemente él no quería, Pablo había asegurado con mucha veracidad durante aquella reunión que si lo obligaban a contraer matrimonio con ella la haría completamente infeliz, y estaba segura que lo cumpliría por la frialdad con la que la miraba ese día.Sin embargo, no renunció, después de todo estaba muy clara en que ella no era la que tenía el control sobre su vida, se lo habían probado todos esos años una y otra y otra vez, no tenía ningún remedio para solucionar aquello, asumiría el compromiso haciendo caso omiso a sus sentimientos en esos momentos.
Por otra parte, Pablo parecía un león enjaulado no tenía forma de solucionarlo, se tenía que casar pero no quería, aquella niña tonta y mojigata no era la mujer que él amaba sino Emma, esa chica que le había robado el corazón hacia unos meses y que era tan buena y amable que sus lindos ojos parecían tan puros como el agua cristalina, aún recordaba sus lágrimas resbalar por sus mejillas cuando le avisó que iba a casarse, le había llegado al alma. Pero debía asumir el compromiso o su primo lejano, ese ambicioso ser tan petulante se quedaría con todas las compañías por las que tanto había trabajado durante esos años, renunciaria a la mujer que amaba solo por un momento y luego la recuperaría dejando de lado a esa tonta chiquilla que de seguro era insoportable, eso sí, mientras estuviesen casados le haría pagar cada minuto que tuviera que pasar junto a ella, de eso no no hubiera duda.
Cuando ambos estuvieron listos fueron llamados
por sus respectivos padres para iniciar el evento. Caminando muy pero muy despacio, él para contener su enojo y ella sus lágrimas se encontraron frente a frente al pie de la majestuosa escalera del gran salón de aquella mansión. Pablo tenía su mirada tan fría y severa que ella sintió un escalofrío de temor y tuvo que contener la respiración para mantenerse tan quieta como una estatua. Él por su lado, notó como la mirada de su futura esposa estaba apagada, parecía tener una profunda tristeza y resignación pero también podía verse como con gran esfuerzo contenía las ganas de llorar y se intentaba mantener fuerte y con la frente en alto, estaban sufriendo pero ya no había vuelta atras.
- Pablo, Nicolle - los llamaron sus padres sin lograr captar la vista de ninguno de los dos ya que, se miraban fijamente a los ojos sin siquiera parpadear - Esto que se les hará entrega es un regalo de parte de los Miller y los Campbell para sellar su amor en un feliz para siempre y también el unificar dos importantes familias formando un solo imperio - cada una de las madres hizo entrega de una pulsera de diamantes y un reloj, ambos con un diseño especial de forma correspondiente a cada uno - Cada diamante tiene un importante significado que ayudará a representar este matrimonio de la forma debida con el paso de los años primando la pureza de la joven con el noble corazón de su prometido - terminó de hablar Alberto Campbell con aquel tono solemne - Aquí, ante sus padres ambos aceptan un compromiso para mantener la prosperidad de ambas familias y darnos descendencia pura capaz de heredar tales apellidos - continúo - Ahora yo Alberto Campbell, en nombre de las dos familias deseo dicha, prosperidad, paz y mucho amor a estos jóvenes que se entregan hoy mutuamente ante un altar frente a Dios y los hombres, ¡Felicidades! - culminó su discurso y los cuatro presentes aplaudieron el memorable sermón antes de ir a la horca, lo que solo hacia sentir peor a los chicos.
Robert Miller se acercó posteriormente a su hija y tomando su mano logró que se moviera hasta dónde estaba su futuro esposo para decir próximamente unas palabras a él mismo.
- Ante tí tienes a mi adorada hija - comenzó - Nicolle Sofía Miller Schmidt, una joven de solo 21 años excelente hija y una mujer muy inteligente llena de principios y valores, pura y sin mancha alguna que jamás ha entregado su corazón - siguió su discurso - Hoy te la entrego como tú esposa para que cuides de ella y te sea por compañera durante la vida y madre de tus hijos - ellos solo se miraban sin poder decir nada - A partir de este día ella será tu mujer.
Después de esas palabras le entregó la mano de su hija sobre la de él y besando la frente de ella por última vez caminó hasta el jardín en compañía de su esposa y los Campbell. Ahora estaban allí, solos en medio de un enorme salón tomados de la mano sin nada que poder decir o hacer más que ir juntos hasta el altar.
Y así fue, caminaron juntos hasta dónde estaba preparado y vieron al montón de personas que allí se encontraban, ella nerviosa y con la tristeza al mil tomo con fuerza su ramo de rosas y junto a su prometido decidieron darle fin a aquel martirio que los obligaban a vivir. La ceremonia en general fue muy rápida, hasta que llegó la parte de los votos en dónde ella casi se derrumba por completo.
- Y ahora los declaró marido y mujer - se anunció diciendo esas palabras que ahora la unirían de por vida a un hombre que no amaba y que no la amaba - Puede besar a la novia - pidió y él con cierta reticencia tomó a su ahora esposa por la cintura acercándola a su cuerpo y sin dejar de verla posó sus labios sobre la boca de su mujer haciendo contacto con los suaves y dulces labios de ella quién, como buena novata solo lo siguió en el que él hacía durando el beso máximo cinco segundos.
- Ya eres mi mujer - susurró a su oído - Prepárate para sufrir - completó mirándola con odio, dejándola estupefacta, acababa de besarla de tal forma delante de todas esas personas y ahora la amenazaba, si, definitivamente sería una tortura.
Después de muchas fotos y un brindis entre otras cosas la madre de la novia le ordenó irse a cambiar ya que, el novio había desaparecido momentos antes y suponía que tendrían su primera noche como marido y mujer antes de irse dentro de poco como estaba palneado, así que ésta obedeció. Pero, cuando iba entrando al enorme salón lo que menos esperaba ver camino para allá era tal escena, en la mitad de ese lugar a la vista de cualquier imprudente que pasará por allí estaba Pablo charlando con una mujer rubia, alta, estilizada, con un escote enorme y unos bellos ojos azules que parecían estar llenos de lágrimas, Nicolle ahí en medio de la oscuridad aguardó escuchando sin querer pero muy impactada para moverse su conversación.
- No puedes dejarme, Emma - decía él - Sabes que tenía que casarme con esa chica, yo no quería hacerlo, fui obligado.
- No me importan tus motivos - dijo secando su rostro - Te casaste y ya no puedes brindarme nada y no creo querer ser tu amante, quería ser tu esposa pero no la segunda porque jamás podrás presumirme como a ella, esa estúpida ocupará el lugar que yo me merecía y después de asimilarlo yo ya no quiero seguir contigo.
- Fuiste tú la que me pidió que me casara cuando te dije que renunciaba a todo por ti - gritó enojado - Me dijiste que me casara, que me esperarias y ahora estoy casado con ella y debe ser la madre de mis hijos, fue por tí, por complacerte.
- Pablo ya no quiero - se negó- Desde hace algún tiempo conocí a alguien, me propuso algo y he aceptado, no te quería sin dinero siempre fue por eso que te busqué - dijo con frialdad acabando el drama - Fuiste mi pasaporte a una mejor vida - él estaba atónito - No te quise jamás y si ya no puedo ser tu esposa y disfrutar de todo lo que me podrías ofrecer no lo quiero, hay muchos otros ofreciendome la gran vida allá afuera y no voy a desperdiciar la oportunidad por un hombre casado.
- Eso tiene que ser mentira, tú siempre me dijiste que...
- Si, te amaba porque podía disfrutar de tu dinero y de ti sin restricciones ni horarios y así como tú hay muchos - rió con maldad - No creas que fuiste el primero o el último y mucho menos el único, alguna vez te dije que estaba dispuesta a hacer cualquier cosa por lograr mis sueños y no lo entendiste ahora te lo aclaro no eres especial, solo un riquito más a la lista.
- Emma, eso... - ella lo detuvo.
- No, no - negó - yo hago dramas por puro placer, no intentes nada porque no me vas a convencer - dijo y vió a Nicky parada frente a la puerta - Mejor explícale a ella - la señaló con una descarada sonrisa haciendo que Pablo la notase - Mira que haces para que no rompa a llorar vaya con papi y te deje porque ya sería muy triste que te quedes sin opciones... Adiós Pablito - dijo sonriente y se fue.
Nicolle entrando a la estancia lo vió sin expresión alguna y notó la tristeza en sus ojos, ya veía porque tanta resistencia a casarse, amaba a otra, otra que solo lo había buscado por interés. Dignamente sin decir una sola palabra subió las escaleras a su recámara y se encerró quedando completamente sola, derramando rápidamente las lágrimas que había guardado, esa sería su vida de allí en adelante, sufrimiento y lágrimas. Esa noche tenía que entregarse a un hombre que amaba a otra y que seguramente pensaría en ella cada segundo de aquel encuentro.
Cuando se quitó el vestido y quedó en ropa interior vió sobre la hermosa cama llena de pétalos de rosas y tulipanes, que eran sus favoritos, una bata que obviamente era para ella la que, también tenía una nota sobre ella “Hija mía, aquí te hago entrega de una bonita pijama que te hará lucir como reina para tu esposo en esta noche tan importante para ti, póntela. Atte: Mamá" Nicolle sonriendo con ironía decidió hacerlo, ya que más daba, total, según lo que habían dicho en aquel contrato debían entregarle a sus padres una muestra de su pureza, por ello pasarían la primera noche de bodas allí. Aquellas tradiciones acababan con la vida de muchas personas y solo ahora lo notaba e incluso sus hijos lo pagarían dentro de poco y eso dolía mucho.
Al rato de estar esperando, preparándose mentalmente para lo que sucedería a continuación, Nicolle peinó su cabello cantando suavemente una canción que recordaba haber escuchado en su infancia hasta que escuchó la puerta abrirse y calló al instante fijándose en el rostro sin expresión de su esposo. Él solo la miraba sin revelar ningún sentimiento y era horrible.
Pablo al ver a su esposa sentada en la orilla de la cama algo pálida y sería completamente sintió que aquello no estaba nada bien, ella no tenía culpa de tantas tradiciones absurdas en su familia, sin embargo, había aceptado casarse ¿por qué si no era lo que quería? no lo comprendía y eso le enojaba mucho. Cerrando la puerta a su espalda se acercó a ella, que se puso de pie inmediatamente fijando sus ojos en los de la chica, no había otra salida, debían tener un hijo quisieran o no, no había otra manera de hacer las cosas en aquella casa y en esa vida, no había forma de escoger.
Con cuidado de no asustarla más de lo que ya lo estaba y dispuesto a ser tan sutil y tierno como lo sería un esposo normal en esas circunstancias, quitó un mechón de cabello de su hombro para después colocar la mano sobre la suave y tersa piel de su cuello mientras el otro lo pasaba alrededor de su cintura para tenerla junto a él. Nicky podía sentir su corazón latir a mil por segundo y estaba tan tiesa como una estatua, no tenía el dominio de su cuerpo y de su mente para reaccionar o hacer nada, simplemente dejaba que Pablo la manejara como una muñequita de juguete hasta que susurró unas palabras en su oído que la ayudaron a ceder un poco.
- No voy a hacerte daño, lo prometo - dijo él dispuesto a romper todo aquello de una buena vez, sus padres los habían obligado a casarse, ahora él terminaría a partir de allí todas aquellas tontas tradiciones que acababan con la paz de todos, ya no creía en el amor y nada podía importarle lo suficiente despues de ese día, se dedicaría a hacer una vida fría y formal junto a su esposa y luego daría libertad a sus hijos para ellos decidir, después de la gran decepción que se había llevado no tenía más que hacer. Formaría un nuevo legado tras ese matrimonio, su esposa sería esencial para ello y mientras tanto haría sufrir a sus padres y a los Miller, les daría lo que tanto querían y luego lo arrebataría de sus manos sin que lo esperarán, quedarían destrozados.
Dispuesto a proteger de ahora en adelante a esa niña en el cuerpo de mujer que estaba bajo su cargo, acarició sus mejillas con los pulgares y luego besó sus labios con dulzura, ella después de todo era el arma para destruir a ambas familias, era un tesoro invaluable. Sería lo primero que les quitaría para siempre, eso era seguro.
Y con un plan definido a la perfección poco a poco logró que ella cediera completamente y tuvieron su tan esperada noche de bodas confirmando tal y como le habían dicho, aquella mujer era totalmente pura. Eso le hizo sentirse más inclinado a lo que quería hacer, aquello le daba aun más propiedad, ya nadie podría quitársela nunca, ni siquiera los Miller.
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Ya en la mañana, antes del amanecer, Pablo despertó y rápidamente se preparó para salir de viaje como estaba planeado, se irían dos semanas de luna de miel y después escogerían su hogar.
Al estar listo vió a su esposa profundamente dormida, tranquila y pareciendo exhausta, no podía mentirse era una belleza de mujer después de todo, era perfecta para cumplir su plan.
- Nicolle - la llamó con voz suave para despertarla - Nicolle - repitió una vez más hasta que ella se removió, tenía el sueño un poco pesado por lo visto - Nicolle - volvió a decir logrando que despertara - Debes levantarte, ya tenemos que irnos - dijo con un tono serio pero no severo, viéndola cubrirse disimuladamente pensando en que ya no tenía mucho sentido aquello. La chica sin decir ninguna palabra se puso de pie y se fue al baño lo más rápido que pudo.
Cuando la vió irse, con una expresión neutra tomó la sábana manchada de rojo de la cama y la quitó bruscamente, no pensaba dejar que sus padres se salieran con la de ellos, su mujer no quedaría en ridículo, pero ellos no se enterarían de nada. Al salir Nicolle del baño notó que él había quitado la sábana y la tenía apartada en un rincón, pero prefirió no preguntar.
Pablo al ver que ya estaba lista, con la típica ropa anticuada que tanto usaba, y notó que vió la sábana decidió explicar, despues de todo aquello era la prueba de que no era ninguna cualquiera, en ese pedazo de tela estaban en juego su dignidad y toda su buena reputación, lo que no le parecía justo.
- No debes preocuparte, me encargaré de aclarar que te entregaste ayer - aseguró tirandola en el fuego de la chimenea para que se consumiera completamente - Vamos - dijo tendiendole la mano que ella tomo tranquilamente y sin objeción.
Al llegar a abajo su marido ordenó llevar las maletas al auto con una cara de pocos amigos aunque con un tono cordial y luego fueron a la sala donde estaban sus padres charlando.
- Buenos días - saludó con frialdad - Mi mujer y yo ya nos vamos, volveremos dentro de dos semanas como se ha estipulado, mientras tanto pediré a mi asistente que se encargue de todo para trasladarnos a nuestra casa al llegar - avisó - que tengan buen día.
- ¡Pablo! - lo llamó su padre deteniendo su paso apresurado pero firme.
- ¿Qué sucede? - preguntó dándose la vuelta sin soltar a Nicolle que solo estaba callada a su lado, al menos no era detrás como se “acostumbraba"
- ¿Dónde está la prueba de pureza? - interrogó poniéndose de pie.
- No la vas a necesitar, fuí el primer hombre de mi mujer y no pienso exponerla públicamente para demostrarlo - respondió sin inmutarse por la expresión del hombre, cuando éste iba a replicar decidió hablar primero - Ya dije que no voy a demostrar nada, se trata de la privacidad de mi esposa, no la voy a humillar de tal manera para hacerte feliz, eso solo me incumbe a mí que soy su marido. Pero tampoco pienso permitir que la desprestigies o denigres de forma injusta, así que mide tus palabras cuando hables sobre ella o tendré que tomar medidas para proteger la integridad y la reputación bien ganada de mi señora - lo miró con frialdad, no iba a darle lo que quería, ya no - Nos retiramos, que tengan un buen día.
Y así se fue dejándolo con esa amenaza y la palabra en a boca, de ahora en adelante así serían las cosas, ya era un hombre no podrían manejarlo a su antojo.