Silvia Long Camino por el pasillo con la firme certeza de que algo con Andrés no anda bien. Venía sintiendo algo extraño desde el sábado, cuando me dijo que necesitábamos hablar y tuve que poner de excusa lo entrada de la madrugada para evitar la conversación. Llego a la oficina de Mónica e ingreso sin tocar. -Me va a dejar –digo sin necesidad de explicarle nada. -¿Por qué lo decís? –pregunta mi amiga, caminando hacia mí con preocupación. -Porque lo siento Moni, es obvio. No pudo ni besarme –explico con los nervios a flor de piel. -Bueno, nunca fue un gran besador –se burla mi amiga, haciéndome sentir miserable por las veces que me quejé de la frialdad de Andrés, justificando con ella mis amoríos extras. -Esta vez es diferente –digo intentando que entienda la seriedad de la situació

