NARRA SANDY
—¿Pero que pasó? ¿Cómo es eso posible si te habían dado un permiso? — me pregunta la abuela Jimena indignada.
—Si, según la carta que me mandaron, solo dice que mis beneficios estudiantiles cubrirán únicamente este semestre, pero no el siguiente.
—Eso de las becas siempre ha sido bien complicado, no viví ninguna experiencia con mis hijos, pero si he sabido que los alumnos beneficiados tienen que someterse a lo que la universidad quiera, disponga y mande. Déjame ver en que puedo ayudarte, llamaré y preguntaré. — Me dice y yo asentí. Ella me abrazó al ver mi preocupación ante esta situación.
—Bueno, ahora me tengo que ir. Volveré, no dudes en llamarme si necesitan algo. Cuídate pequeña y cuida a tu mamá. — comento hacia el vientre de Esmeralda, antes de salir de la habitación. Hace unos días en su revisión del quinto mes le confirmaron que tendría una niña. Si, antes que me pregunten por el padre, ese desgraciado a estado ausente. Aunque siempre le envía mensajes a Esmeralda preguntándole como están y obviamente ella no los contesta. Esmeralda y yo nos hemos hecho muy unidas, en especial desde que la abuela me ofreció estar pendiente de ella y Clara. Iba y venía entre las dos mujeres embarazadas. Eso me hizo pensar muchas cosas especialmente, ¿Como una mujer podría equilibrar entre ser profesional y madre a la vez? Habían pasado ya casi 2 meses desde el incidente en la casa del abuelo de David. Clara estaba a uno o dos de dar a luz. Llegué al departamento y me encontré con David, algo contrariado.
—Hola amor, ¿Cómo estás? — le dije sentándome sobre su regazo. El me recibe y me da un beso mientras rodea mi cuerpo con sus brazos.
—Todo bien pequeña, solo que necesito hablar contigo. — me tensé de inmediato al ver la seriedad en su rostro. El comenzó a explicarme que tenían una misión muy importante y que solo él podría ir a cumplirla. No me dijo los detalles, y la verdad que yo no quería saber si eso lo pondría en peligro. Se que estará bien, confió en que sí, suspiro pesadamente cuando me dijo que tenía que salir mañana.
—¿Cuánto tiempo te iras? — pregunté haciendo un puchero. No me gustó la mención de que posiblemente no pueda comunicarse conmigo en días. Me siento muy ansiosa ante eso.
—No lo sé pequeña, posiblemente unas semanas. Nunca se sabe cuánto tiempo tenga que estar lejos de ti. — me dice apretando mi cintura. Esconde su rostro en mi cuello, sentir su aliento en esa zona sensible mando un calor a todo mi cuerpo. Me separe un poco de él para ponerme de pie. Le ofrecí mi mano, él la tomo y caminé hasta la habitación. Lo invité a sentarse sobre la cama y comencé a quitarme la ropa lentamente.
—Si mi amo, se va mañana tengo que darle una muy buena despedida. — le dice lanzándome en sus brazos. Esa noche hicimos el amor de una forma tan diferente. Lento, con delicadas caricias. David adoró mi cuerpo de tal manera que perdí la cuenta de cuantas veces alcancé las estrellas en el calor de sus brazos. La mañana siguiente llegó y en su lado de la cama había una carta. Me sentí muy triste al no poder verlo a él.
“Para la pequeña pelirroja que se robó mi corazón,
Espero que el tiempo que pasemos lejos, no nos haga perder todo esto tan lindo y puro que hemos formado. No te desperté, porque no quería irme con él recuerdo de tus ojos llenos de lágrimas. Por eso opte por dejarte esta carta. Te amo Sandra, eres el amor de mi vida, no lo dudes nunca. Porque solo arrancándome el corazón podrán sacarte de él.
Volveré,
De tu Amo”.
PD. No me gustaría que estes sola en el departamento, Ángel y Clara tienen una habitación lista para ti. Te amo.
No me di cuenta en qué momento lagrimas brotaban de mis ojos.
—Que te vaya muy bien en tu misión mi amor. — dije en voz alta dándole un beso a la carta dejándola a un lado y abrazándome al olor de su almohada, donde me permití llorar unos minutos más. Los días fueron pasando y en un abrir y cerrar de ojos ya habían pasado casi dos meses más. Tuve que contarles a Clara y Ángel lo de mi beca, cuando ellos me vieron que no estaba estudiando ni por internet. Había aceptado el irme a su casa en especial para ayudarles con Ari y estar más pendiente de Clara ya que estaba a punto de explotar como le decía. Su barriga era enorme. Admiro a mi amiga, yo no sería capaz de tanto. Se ofrecieron en ayudarme, pero no lo acepté. Cuando David viniera lo hablaría con él y lo solucionaríamos juntos. Estaba algo preocupada, ya tenía unos días sin escuchar nada de David, nuestras llamadas eran esporádicas y extremadamente cortas. Traté de guardar la calma ante eso, pero no habíamos estado tanto tiempo sin hablar. Lo cual me hacía pensar lo peor, la abuela Jimena solo me dijo que donde estaban ubicados no había señal telefónica solo satelital y que era mejor no hacer contacto muy seguido ya que algunas señales pueden ser rastreadas.
—Tia Sady, agua. — me dice Ariana llamando mi atención. Habíamos traído un par de sus muñecas a la piscina para jugar con ellas.
—Si mi amor, ven vamos a ponerles los trajes de baño a tus muñecas. — le dije sentándola en la grada con su flotador. Ambas ya adentro de la piscina, me exalté cuando escuché un grito de Ángel.
—¿Podrías ir a ver a Clara? Tiene contracciones y casi no puede respirar. — me dice asustado. Sali de la piscina sacando a Ariana conmigo y dándosela a Ángel. Llegué hasta donde mi amiga y efectivamente estaba por tener a sus bebés. Fui a mi habitación a cambiarme tomé mi teléfono con la intención de dejar un mensaje a David, aunque no lo escuchara en este momento. Una alerta del noticiero local me hizo caer al suelo, porque mis piernas perdieron su fuerza al ver el texto en ella. Le di clic de inmediato y mi corazón se rompió en miles de pedazos, una foto de David con una muy guapa mujer de compras, una ellos en una cafetería, ellos besándose. Tire el teléfono al suelo no podía seguir leyendo y viendo más. Traté de guardar la calma, pero no pude. Sentí mi cuerpo temblar y mi corazón latir a mil por hora y lágrimas corrían por mis mejillas. Reuní todas mis fuerzas para mantener la calma, no era el momento para desplomarme. Clara y sus bebés me necesitaban y yo a ellos.
—¡Sandy! — escucho que me grita Ángel.
—¡Vayan, yo llevo las cosas de los bebés y Clara, dame un momento! — grité desde el otro lado de la puerta. Él no me respondió nada. Solo escuché como todo en la casa poco a poco quedaba en un completo silencio. Tome de nuevo mi celular y agarré el valor de ver la noticia completa, había hasta unos videos los cuales no me torturaría al ver.
—Así que está era tu misión David “schwachköpfig” Galeano. — dije apretando mi teléfono. Me tome un minuto más para reponerme. Fui al armario a buscar ropa y me cambié super rápido, también subí a la habitación de los bebés y me fijé que las maletas aun seguían ahí. Las tomé y salí de la casa con rumbo al hospital. Mientras esperábamos en la sala de espera, podía sentir la mirada de la señora Jimena sobre mí. Mi tiempo de decirle abuela se acabó. Esperé que me abordara, pero no lo hizo. Sabía que ella ya estaba al tanto de lo que está saliendo en las noticias en este momento. Los bebitos de Clara nacieron sanos y fuertes. Casi me fui de espaldas cuando nos dieron la noticia de que eran cuatro. Me alegré muchísimo por ellos a la misma vez que me daba susto por Clara, ¿Cómo podría ser capaz de cuidar a tantos bebés? Me bastó con ver la habitación llena de personas, para darme cuenta de que ella si cuenta con una enorme familia que la ayude y apoye en todo momento y yo no tengo a nadie. Me enojé conmigo misma por tener este momento de cierto recelo hacia Clara. Sin embargo, era envidia de la buena y le deseaba lo mejor. Ángel la ama y aunque cometió su error lo hizo por creer que ella se sentía forzada a estar con él. Es decir, él estaba sacrificándose por amor. ¿Sera que David también hizo eso? Un sin números de dudas saltaron en mi mente, pero él único que podría darme respuestas está en Paris de luna de miel con una tal Francisca Dotti. Clara me pregunto en más de una ocasión si estaba todo bien. Mis ojos creo que eran la evidencia de que algo me había pasado, pero este era su momento, no el mío. Ya tendría el momento de hablar con ella sobre lo de David. Estaba ayudando a Clara cuando la señora Lorena nos hizo ver hacia la pantalla. Dejé de ver en el momento en que la pantalla mostraba un beso entre David y esa mujer.
—¿Sandy? — se abrió la puerta dejando ver a la señora Jimena.
—¿Puedo hablar contigo un momento? — le muestro una sonrisa algo irónica.
—No tenemos de que hablar señora Jimena. Sé muy bien que usted sabía dónde y con quien estaba su nieto. Yo le pregunté y me dijo que estaba en “un lugar donde no tenía señal de teléfono” entre otra sarta de mentiras. ¿Cree que le creería a cualquier cosa que usted me diga? No, señora Jimena. Me va a disculpar, pero en este momento lo menos que quiero hacer es hablar con usted. — Le dije y ella se sorprendió ante mi forma de hablarle, pero no insistió solo salió de la habitación. Cubrí mi rostro con mis manos queriendo detener el llanto, pero me fue imposible hacerlo. Sentí unos brazos rodearme y el perfume de la señora Cecilia me golpea la nariz.
—Calma preciosa, estoy segura de que esto tiene una explicación y mi hijo te dará la cara ante tal bajeza. — me dice y yo me separe un poco de ella limpiándome el rostro. Asentí, miré a Clara quien también está llorando.
—No sabía nada, Sandy. Hoy cuando me compartiste tu preocupación se lo pregunté a Ángel y él me dijo que andaba en una misión importante. Eso significa que... — la puerta se abre y es Ángel quien venía con una sonrisa la cual desapareció al ver nuestros rostros.
—Ahora tu nos explicarás donde y con quien esta tu hermano. Porque estoy segura de que tú sabes de que se trata su tan famosa misión. — Dice la señora Cecilia con la ceja alzada. Camino hacia la puerta para salir antes de escucharlos.
—¿Dónde vas Sandy? — me pregunta Clara ansiosa.
—Tranquila, estaré bien. Vuelvo en un rato más. — le dije. Salí de la habitación con un enorme dolor en mi pecho. Estaba molesta con David, con todos, pero especialmente conmigo misma por haberme enredado con un mentiroso y embustero como él.
Habían pasado 4 días desde que esa basura salió en las noticias, me sentí traicionada por todos, no pensé que todos lo sabían. Deseaba darle el beneficio de la duda a David. Darle su oportunidad de explicarme en la cara lo que estaba pasando, esperé por cuatro días en nuestro departamento. Esperé una llamada, un mensaje y nunca recibí nada de parte de David. Esa era señal suficiente para mí que nunca me tomó en serio. Yo tenía como misión estudiar, volverme una excelente pediatra y sabía que tenía tiempo para lograrlo, pero dejé ir la oportunidad de la vida al elegir quedarme aquí con David. Si bien de eso no tiene culpa porque no está enterado así que, no es su culpa. Yo lo puse a él primero antes que mi deber. Terminé de hacer mi maleta y unos toques en la puerta del departamento me exaltaron. Por un momento pensé que era David, pero no fue así, el tenía llave, no necesitaba tocar la puerta. Me dirigí a la puerta y la abrí, me sorprendió ver al abuelo Manuel.
—¿Puedo pasar? — me pregunta y me quité de en medio dándole permiso para entrar.
—¿Le puedo ofrecer un jugo, café o agua? — le ofrecí amablemente, pero él negó.
—No, estoy muy bien. Me gustaría poder hablar contigo Sandy. — me dice y yo me quede un poco pensativa sobre que podríamos hablar él y yo.
—Si, — le dije y con mi mano señalé a los muebles de la sala. Caminamos hasta allí y él se sentó frente a mí.
—Usted dirá señor Manuel. ¿Qué lo trae por aquí? — pregunté, la verdad que me estaba llenando de mucha ansiedad esta conversación que ni siquiera había comenzado.
—Primero que todo vengo a disculparme, por toda mi familia. Me siento muy avergonzado por el actuar de mi mujer y mi nieto. No sabía nada sobre lo que estaban haciendo y créeme que me siento igual que tú, decepcionado y dolido porque me ocultaron eso. Por eso he venido a decirte que cuentas con todo mi apoyo. Se lo que pasó con tu beca y me gustaría ayudarte a pagar tus estudios en la universidad que tú lo decidas. Esto no lo hago solo para reparar el daño que mi familia te ha causado, pero si me hiciera sentir mucha paz poder saber que esto no fue impedimento para que cumplas lo que desde que te conocí querías lograr. — Me dice y puedo ver un poco de tristeza en sus ojos, no puedo creer que a él tampoco le hayan dicho. Pensé inmediatamente en declinar su oferta, la verdad que no quería nada de ellos. Luego analicé sus palabras, si eso a él le trae paz, quien soy yo para quitársela. No tenía mucho dinero para comenzar de nuevo en Estados Unidos, no quería volver al departamento de Clara. No quiero volver a ver a David, aunque eso será algo imposible. Clara es mi mejor amiga y eventualmente la visitaré en los cumpleaños de los niños.
—Está bien señor Manuel, aceptaré su ayuda. Me gustaría que todo esto se mantenga en el anonimato. No quiero que sepan dónde estoy. Eventualmente me comunicaré con Clara ella será la única que sepa de mí, mas no donde me encuentro. — El asiente y me sonríe complacido.
—¿Señor Manuel podría irme mañana mismo? — le pregunté tímidamente, no me sentía con el derecho de exigir, pero él de igual manera asintió.
—Claro que sí, lo que tú quieras se hará. Aprovecha este tiempo para ver que trámites necesitas para pasar tus notas y demás a otra universidad. ¿Tienes pensado a donde iras? — me pregunta y yo asentí.
—Filadelfia, Pensilvania. Estaré algo cerca de mi familia y ese será mi motor. —
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Finalizamos el maratón... 3/3
Disculpen la tardanza, pero aquí esta. Nos leeremos mas tarde, feliz día.
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