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NARRA DAVID
—¿Estás seguro de querer hacer esto? — fue lo único que me preguntó mi abuela cuando estábamos reunidos en la agencia hablando sobre la misión para desestabilizar ambos carteles.
—Lo estoy. — dije y ella lo dudó un poco.
—¿Podrías dejarnos solos un momento? — le dice a Marco este asiente y sale de la oficina.
—¿Qué le dirás a Sandy? — me pregunta con su ceja alzada. Respiré profundamente, había meditado en si decirle sería una mala idea. Por donde sea que lo vea, la situación a ella no le gustará.
—Lo he estado pensando mucho abuela y he decidido no decirle. Antes de que me preguntes el porqué, debo decir que tengo días, que digo días. Meses meditando toda esta situación. No sé si estaré equivocándome, pero no quiero hacer que todo el tiempo que esté afuera sea una agonía para ella. Lo digo porque prefiero que no lo sepa hasta el final. Estoy consciente que esto me traerá problemas con ella, pero lo entenderá eventualmente. Si le digo, ¿Cómo podría hacerlo? ¿Pequeña, fíjate que me iré por un tiempo a enamorar a una mujer, la cual es la prometida de un líder de una mafia? No, abuela no podría. ¿Cómo crees que se sentirá todo este tiempo imaginando miles de cosas? No es la decisión más sabia abuela, pero sí la más correcta. No la sometería a ese nivel de sufrimiento. Si se llegara a salir de control, hablaría con ella. Se que ella entenderá. — digo y es algo que yo también trato de meterme en la cabeza, cuando lo único que me rodea es el miedo, miedo a perderla.
—Entiendo tu punto David, pero creo que debes hablar con ella. Esto no puede ser un plan de unas semanas, esto te podría llevar hasta meses. No creo justo, ni veo correcto que sea de esa manera, debes decirle. — me respondió y la verdad es que no iba a tener este dilema en mi cabeza más tiempo. Me iría mañana a Italia y no quiero pensar en otra cosa en este momento más que pasar el resto del día con mi pequeña pelirroja.
—Te apoyo únicamente porque esto es algo que no dejaré pasar a los Marchetti. Se burlaron y utilizaron vilmente a mi hija. Nunca he sido una mujer vengativa, pero sí una que les dará una lección. Esta será la ideal para el orgullo de Mario Marchetti. Se arrepentirá, de mandar a ese sinvergüenza a enamorar a mi hija y tenerla en esa situación. — dice ella apretando fuertemente su puño. Me sorprende un poco que jamás la había visto de esa manera. Lo que sí sabía es que mi abuela era una mujer de armas tomar y esas eran las armas de las que era partidaria. Dar lecciones de vida, aunque esta sea más propia que para otra persona. Asentí y después de organizar algunos temas pendientes, nos despedimos. Fui a casa de mi madre y mi padre y también les omití mi misión, entre menos personas lo sepan será mejor. Llegué hasta el departamento y afortunadamente Sandy no estaba en él. Preparé algo para pasar un momento agradable con ella mientras platicábamos. Sandy llegó a la casa y mi corazón latía a mil por hora, si solo con decirle que me tenía que ir a una misión ya era algo difícil. No digamos cómo decirle mi tipo de misión. Se que muchos no lo entenderán y puede que hasta tengan razón al juzgar mi decisión, pero no le daría a saber cuánto tiempo en pensar que su pareja puede estar haciendo cualquier cosa a otra mujer. El solo la idea me perturba y hasta llegué a ponerme en sus zapatos. Si fuera ella en una misión de este tipo y tuviera que dejarme a mí. ¿Me gustaría que me lo dijera o mejor darme cuenta de una sola vez y esperar una explicación? No lo sé. Salí de mis pensamientos cuando la vi terminar de quitarse los zapatos y dejar su abrigo dentro del armario. El hablar con ella fue tal como me lo había imaginado, se puso algo triste, pero entendió y me apoyó. Me tomó por sorpresa que fuera ella la que me arrastrara hasta nuestra habitación y no necesité más invitación que esa para tomarla durante toda la noche. No quería que fuera como nuestras veces anteriores, esta vez me tomé el tiempo para recorrer cada parte de su pequeño cuerpo. Grabando en mi mente cada detalle de sus gestos, lo roja que se pone su piel, sus gemidos y su rostro cuando ha alcanzado las estrellas. Una parte de mi sabía que era una posibilidad perder a mi pequeña. Lo único que sabía es que, de ser así, haría lo que fuera para que me perdonará. Muchas veces hay sacrificios que se deben hacer para mantener a salvo a tu familia. En mi caso es por el honor de mi familia y desestabilizar a ambas mafias. Ese matrimonio entre Francisca Dotti y Mario Marchetti, sería igual que el matrimonio de Máximo y Alexandra, por conveniencia. Estaba muy acostumbrado a sentir el calor de su cuerpo, ¿Cómo sobreviviré a estar sin ella? Todo lo que había preparado para nosotros antes se convirtió en merienda nocturna. No dormí en toda la noche, una porque tendría que salir temprano para tomar mi vuelo, dos porque no quería ver sus ojitos llenos de tristeza antes de irme. No quería llevarme esa última impresión de parte de mi pequeña. Cuando sentí que se quedó profundamente dormida a las 4 de la mañana, la cubrí con la cobija y salí con cuidado de la cama. Le dejé un carta donde explicaba por qué no la desperté y asegurando que ella es la única en mi corazón. Me acerqué a ella y le dejé un beso en sus labios. Antes de cerrar la puerta, miraba lo hermosa que se veía mi pequeña pelirroja entre las sábanas grises que vestían la cama.
—Solo espero no volver muy tarde para nosotros, pequeña. — fue lo único que susurré antes de cerrar la puerta de la habitación.
—¿Listo? — me pregunta Marco, ya que él fue quien me vino a llevar al aeropuerto. No le contesto, porque estoy que me muero de miedo y no por mi misión. Si no por regresar y encontrar mi departamento vacío.
—Ella estará bien, asignaré a alguien para que se encargue de su seguridad en lo que tú no estás. — me dice y yo lo quedo viendo mal. Trae las dorso de sus manos hacia su pecho en señal de que mejor que calla.
Llegué a Italia y los primeros días mantenía comunicación constante con mi pequeña.
—¿Me extrañas? — le pregunté.
—Obvio que sí, cariño. Ariana me pasa preguntando por ti. — me dice mi pequeña y no puedo evitar sentir mi corazón derretirme al escucharla tan tranquila.
—¿Y la Caperucita extraña a su Pegaso? — pregunté, pues realmente la extraño estas primeras 4 semanas han sido muy frustrantes para mí. La extrañaba a mi lado por las noches, sentir el calor de su cuerpo, sus besos, sus caricias y sus pequeñas manos. Tocar a mi ahora adolorido Pegaso que solo con recordar a su caperucita ya está activándose dentro de mi pantalón.
—Si, no puedo mentirte. Extrañamos demasiado a Pegaso y a su portador. — dice con un tono de voz diferente.
—¿Quieres portarte mal por el teléfono, pequeña? — le dije con el mismo tono de voz seductor que sé que le encanta.
—Si. — suelta y se escuchó más como un gemido.
—De acuerdo, cariño. Te contaré una historia y solo disfruta con tus manos que yo haré lo mismo. — comencé a narrarle nuestra primera vez. Mientras la incitaba a tocarse de cierta manera como me gustaría estar haciéndolo yo. Escuchar sus leves gemidos eran todo para mí.
—Vamos pequeña, sigue así. — le dije cuando sentía que estaba por explotar en mi mano. No tardó ni un minuto más y sus gemidos y sonora respiración se hicieron escuchar.
—David. — dice con suaves gemidos.
—Dime, pequeña. —
—Te Amo. — sonreí ante su declaración después de llegar al orgasmo. Luego de hablar un momento más, cortamos la llamada. Suspiré ante nuestro momento, es increíble que hasta por teléfono siento esa conexión con ella. La mañana siguiente llegó y ahora comienza el trabajo de campo. Ya habíamos estudiado los lugares que Francisca frecuentaba y a que horas lo hacía. Tenía que hacer que el encuentro sea casual y “genuino”. Llegué hasta el Quadrilatero d'Oro donde están las tiendas de lujo en Milán. Utilizaría mi verdadera identidad así llamaría aún más su atención. Entre en la tienda donde me había informado que se encontraba. Una mujer de edad mediana se acercó a mí.
—Buongiorno, come posso aiutarti? — me recibe amablemente ofreciendo su ayuda. Le dije que necesitaba regalos para mis hermanas y mi madre. Así que me guío hasta el área de la ropa y accesorios femeninos. Me presenté como David Galeano y la señora se sorprendió.
—Famiglia della designer Patricia Galeano? — exclamó. Yo asentí. Sabía que mi tía Patricia era muy famosa, pero no creí que a nivel que todas se me quedaran viendo debido a la expresión de la señora. Francisca fue una de ellas, estaba acompañada por dos mujeres más. Una de ellas es Alexandra su hermana, la otra si no la conozco es mucho más joven que ellas.
—Si, soy su sobrino. — le respondí en español. Puse mi voz de príncipe encantador. Seguí a la emocionada mujer hasta las exhibiciones caminando lentamente analizando todas las carteras hasta que una señora trajo 2 de ellas y una de ellas llamó mi atención. Estaba por tomarla en mis manos cuando Francisca la tomó primero.
—Lo siento, esta es mi cartera. — me dice en español.
—No, discúlpame, pensé que estaba disponible. — dije y me alejé de ellas. Pude sentir sus ojos sobre mí todo el tiempo que estuve dentro de la tienda. Algunas de las dependientas de la tienda se me quedaban viendo como si fuera una barra de chocolate y es que me decidí por un atuendo que no deja muy a la imaginación mis músculos y mi abdomen bien definido con una camisa pegada al dorso y una chamarra de cuero. Salí primero de la tienda y entré a otra. Hice nuevamente lo mismo y para mi sorpresa las vi entrar minutos después de mí. Sonreí porque significaba que estaba cayendo bajo mi hechizo. Estaba entregando mi tarjeta para pagar lo que llevaba cuando Francisca me abordó.
—¿No vives aquí o sí? — me preguntó y me mostré sorprendido ante este acercamiento y su pregunta. Puse una de mis mejores sonrisas para responder.
—No, actualmente vivo en Paris, vine por negocios a Milán. Ando comprando regalos para mis hermanas y mi madre. Por si te parece extraño verme comprando y observarme comprar cosas de mujer. Que mal educado lo siento. - Le extendí mi mano. - Me llamo David Galeano, mucho gusto. ¿Señorita? — pregunté para que ella fuera la que se presentará.
—Soy Francisca, Francisca Dotti mucho gusto David. — dijo ella tomando mi mano con mi pulgar di una ligera caricia en el dorso de su mano.
—¡Francisca! — escuchamos que grita su hermana detrás de ella. Suelta su mano, ella mira a su hermana y con su mano le pide que espere.
—¿Te gustaría que nos viéramos para tomar un café? — me pregunta directamente.
—Una mujer que sabe lo que quiere, me gusta. — le dije haciendo sonrojar.
—Está bien, ¿Cuándo y dónde? — le pregunté y ella sacó un lápiz de su cartera. Escribe lo que parece ser su número en un papel y me lo entrega.
—Escríbeme un mensaje así sabré que eres tú. Adiós bello. — me dice para salir rápidamente de la tienda. No creía que este primer encuentro fuera tan fructífero. Llegué hasta mi habitación de hotel y envié un mensaje. Rápidamente me respondió y así fue como todo comenzó. Primero eran solo mensajes de texto sobre cómo había amanecido, que estaba haciendo y demás. Había comprado un nuevo número solo para esta misión. Trataba de no mantener tanto contacto con mi pequeña por su propia seguridad. Aparte que me sentía muy mal al estar haciendo esto a sus espaldas. Me fui a París donde tuve que adaptar un departamento y hacer ver que alguien vivía ahí desde hace un tiempo. Francisca vendría a aquí y lo más posible es que pudiera venir a mi departamento.
—Francisca vendrá a París mañana, así que te pido que tengas todo lo necesario para que esta misión ya llegue a su fin. Trataré de hacer mi mejor actuación. Solo tenemos unos días ya no puedo esperar más tiempo. — le dije a Marco. Quien estaba enfrente de mi asintiendo.
—¿Estas consciente que esto te puede meter a ti en problemas también? — cuestiona y lo quede viendo con la ceja alzada.
—Te recuerdo que esto lo ideaste tú. — le digo y él asiente.
—Me refiero a tu novia. No le gustará saber y ver eso en las noticias. Aparte que está el riesgo que Mario Marchetti quiera hacer algo en tu contra. — me dice y la primera parte de su comentario la tenía más que clara, pero no la segunda.
A la mañana siguiente Francisca llegó a París y nos quedamos de ver en un café dónde conversamos sobre la ciudad y sus experiencias en las pasarelas y proyectos de modelaje en la ciudad del amor. Cuando estábamos saliendo de la cafetería ella se acercó a mí a darme un beso y como era una actuación para mí la tomé de la cintura y profundicé el beso. Dando tiempo suficiente a cualquier medio o paparazzi de tomar sus fotos. Fuimos a caminar agarrados de las manos y la fui a dejar hasta su hotel.
—Pasa. — me invitó y yo negué.
—No creo que sea correcto. Es muy rápido todo y una mujer se debe cortejar de la manera correcta. Te veré mañana. — le dije dándole un beso en su mejilla y salí casi corriendo de ahí. Lo mismo hicimos esos días que estuvo ella en la ciudad. Ella intentó hacerme caer en sus redes, pero me mantuve firme a mi convicción de no hacer que esto se complicara más. No había hablado con mi pequeña en todos estos días estaba que se me caía la cara al solo saludarla. ¿Como sería capaz de darle la cara una vez que todo esto explote? Fue la pregunta que me atormentaba desde el primer día que vino Francisca a París. 6 días después estaba desayunando con Francisca en su hotel.
—Fue muy lindo mientras duró, lástima que no pudiera probar más allá de tus besos. Aunque creo que fue lo mejor. — me dice y yo alzo mi ceja.
—¿Porque lo dices? — interrogué.
—Porque muy pronto dejaré de ser libre. Voy a vender mi alma al mejor postor que mi padre encontró para mí y claro mi pureza lleva su precio también. Lo siento, por no ser sincera contigo desde un principio. Estoy comprometida con Mario Marchetti, él no es tan buen hombre como tú. Te agradezco que me dieras esta experiencia antes de unirme a ese infierno. Espero que esto no te traiga problemas a ti ni a tu familia. — me dice y yo me quedé anonadado ante su comentario. Sentí un poco de lástima por ella. Porque más que verla como una posible amante, siempre me pareció más como una niña falta de amor. No sé qué tipo de infancia ha tenido, pero sé que no pudo haber sido la mejor rodeada de ese mundo mafioso que los rodea.
—Me alegra mucho haber ayudado. Espero que esto no te traiga problemas tampoco. — le digo con pesar ella niega.
—Haber vivido estos días contigo contigo fueron lo más cercano a sentirme una mujer normal. No un pedazo de carne que solo tiene que preocuparse por verse bien e intentar joderle la vida a los demás. Gracias por eso David. Ahora tengo que irme. — me dice dándome un beso en mi mejilla para luego salir del restaurante. Estaba por ponerme de pie y sentí una fuerte mano empujándome hacia abajo.
—Sobrino, ahora tú y yo vamos a hablar. — me dice el idiota de Marchetti sentándose frente a mí.
—Esto te estará algo caro, pero primero dime, ¿Cómo está tu tía? — una sonrisa irónica se dibujó en rostro.
—¿Esperas que te diga algo sobre ella después de lo que le hiciste maldito miserable? — le digo y es ahora él quien se ríe.
—Era eso o la muerte. ¿Qué preferías? Ahora me toca tomar la misma decisión contigo. Mi padre no te dejará en paz después de esto ¿y lo sabes verdad? — me dice y un frío recorrió mi cuerpo. Máximo se carcajea frente a mí.
—Tranquilo no es para que pongas un huevo en la silla. Solo quiero hablar y necesito que me ayudes a hablar con tu abuela y tu tía. — me dice y vi algo de preocupación y ansiedad en su rostro. No vi mal escucharlo así que, eso hice. Hablamos por un tiempo y entendí muchos puntos, pero no le di la razón a muchas de las cosas que dijo.
—No te prometo nada, pero haré mi mayor esfuerzo para que eso suceda. — le digo y él asiente.
—Por cierto. Yo que tú vuelvo a casa, hoy por la mañana me notificaron que las noticias de un romance entre mi futura madrastra y tú están saliendo en todo España. — me dice poniéndose de pie y golpeando mi hombro. Antes de irme, siento que todo mi cuerpo queda como de piedra. Tomé mi teléfono y llamó a Marco.
—No pude controlar la filtración de algunos medios internacionales. Lo siento mucho. — me dice y yo apreté mi puño. Quería estar allá con ella cuando esa noticia saliera. Poder estar ahí para explicarle lo que había pasado. Salí corriendo de ese lugar para ir rumbo a mi departamento. Entre en este y alguien con un pasamontañas me cubrió la nariz con un pañuelo haciéndome caer inconsciente de inmediato. Sentí agua helada caer sobre mi cuerpo haciéndome despertar bruscamente. Lo primero que veo es a Máximo frente a mí. Estábamos en un tipo de sótano.
—Te dije que tenía una decisión que tomar contigo y pues seremos sutiles. — dice haciéndole señas a uno de los hombres que comienza a darme patadas.
—Ya saben, no le toquen la cara. Lo necesito de pie en unos días. — con eso salió de la habitación. Mientras sentía los golpes de los hombres sobre mi espalda y abdomen. Me tenían recostado sobre el suelo con mis extremidades amarradas. Por más entrenamiento que tengo no puedo hacer uso de él ante tal situación. Soporte los golpes que me dieron y pude observar que Ovidio fue el primero en aparecer en mi campo de visión.
—Ya saben que hacer y decirle a Don Mario. — les dijo y los hombres salieron del lugar. Dejándonos solos, este se ríe y niega.
—Plan inteligente, pero muy estúpido de su parte. Ve que venir a tocarle los huev0s al toro, se requiere de mucho valor y estupidez. Estarás aquí unos días, para que aumente el factor sorpresa en el plan de Máximo. — asentí levemente con un dolor muy punzante en mis costillas. No sé cuántos días pasaron y lo único en lo que podía pensar era en el sufrimiento de mi pequeña. Imaginarme en todo lo que debe de estar pensando de mí. Todos estos días sin poder hablar con ella solo me hacen sentir peor.
—Levántate que ya te vas, ya sabes que hacer y entrégales esto. — me dice Máximo, dándome unos sobres para luego salir del lugar. Ovidio me levanta y me acompaña hasta donde estaba el departamento. Me dejaron en la entrada y subí de inmediato, muchos de mis dolores ya habían pasado. Máximo había mandado a un doctor a revisarme si me habían fracturado y afortunadamente no fue así. Puse la clave del departamento y Marco estaba allí.
—¡¿Dónde mierdas has estado?! — No sabes lo preocupados que hemos estado todos. Desde hace 6 días te estamos esperando. Vine rápidamente después de colgar nuestra llamada y no te encontré por ningún lado.
—Llévame a casa. — fue lo único que dije antes de meterme al baño a bañarme, estaba todo sucio y me sentía terrible ante la mención de que habían pasado tantos días después y no saber nada de mi pequeña. Mientras el agua caía sobre mi cuerpo me permití llorar un poco por ella. Mi pecho me dolía y podía imaginarme el dolor que ella debe de estar sintiendo en este momento. Salí para reunirme con Marco en la sala ya listo para salir.
—¿Sandy? — pregunté sin verlo.
—Se fue, ayer tu abuela dio la orden de buscar en aeropuertos, estaciones de buses y no la encontramos. Todavía no tenemos idea de donde está. — Eso solo me golpeó aún más. Mi pequeña me había esperado este tiempo y no lo soporto. Me limpié una lagrima que rodó por mi mejilla y salí del departamento. Llegamos a Zaragoza por la noche y no quería ver a nadie. Fui directamente a mi departamento, nuestro departamento. La oscuridad dentro de él fue lo que me recibió. No ese delicioso aroma a comida que lo hacía cuando ella estaba aquí. Encendí las luces y todo estaba en su lugar, pero hacía falta ella sentada en el mueble con una de mis camisas y sus calcetines de franela. Caminé lentamente hasta la habitación y todo estaba ordenado. En la cama había un pedazo de papel y un brazalete rojo, que le había regalado con un dije de medio corazón en color blanco y yo tengo otro con un dije de medio corazón n***o. Juntos se pegaban eran como un imán, lo que significaba que éramos con el Yin y el yang.
Abrí la carta y no había más que 6 palabras.
“Dead to me de Melanie Martinez”
Bastaba solo con leer el título de la canción para saber de qué se trataba. Saqué mi teléfono y busqué la canción, le di reproducir y presté atención a la letra.
“Mis condolencias
Derramaré una lágrima con tu familia
Abriré una botella
Serviré un poco en tu memoria
Estaré en el velorio vestida de negro
Diré tu nombre, pero no me responderás
Le daré una flor a tu madre cuando me despida
Porque, cariño, tú estás muerto para mí.
Necesito matarte
Esa es la única forma de sacarte de mi cabeza
Oh, necesito matarte
Para silenciar todas la cositas dulces que dijiste
Realmente quiero matarte
Borrarte de la faz de la tierra
Y enterrar tu pulsera, enterrar tu pulsera
Seis pies bajo la tierra
Días lluviosos y paraguas negros
¿Quién te va a salvar ahora?
¿Puedes engañarme desde el subsuelo?
Mis condolencias
Derramaré una lágrima con tu familia
Abriré una botella
Serviré un poco en tu memoria
Estaré en el velorio vestida de negro
Diré tu nombre, pero no me responderás
Le daré una flor a tu mama cuando diga adiós
Porque, cariño, tu estas muerto para mi
(Te lloraré cuando te vayas)
Cariño tu estas muerto para mi
(Te lloraré cuando te vayas)”
La canción siguió, pero ya no presté atención. Estaba demasiado claro el mensaje. Ella me había matado de su vida y de su corazón.
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Nos leeremos hasta mañana mis hermosuras..
Cruzando los dedos para que ya mañana aparezca disponible "MAFIOSO DE MI CORAZON" (La historia de Max y Esme)
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