NARRA DAVID
—Halcón, ¿Halcón? ¡¿Halcón?! — me grita Marco mi superior, sacándome de mis pensamientos.
—Concéntrate o todo esto se irá a la mierda. — me regaña. Debo de aceptar que tiene razón, he pasado los últimos días pensando en Sandy. Tengo que concentrarme en lo que está pasando aquí y ahora. En especial porque tenemos un operativo frente a nosotros. Me pongo mi pasamontañas y tomo mi arma para después salir de la camioneta. El operativo se extendió un poco ya que los informantes no estaban seguros de cuándo sería el movimiento de las personas a las que intentaban llevar a prostíbulos al extranjero. Afortunadamente pudimos cumplir con la misión y no hubo bajas más que dos agentes heridos no de gravedad. Me encontraba en Colombia y al terminar esta misión volaría directamente a casa. Se sentía muy extraño pensar que había alguien esperando por mí. Tres días después volé de regreso a casa y lo primero que hice fue ir hasta el pequeño departamento que mis abuelos habían asignado para mi cuando me tocaba estar en Zaragoza y no ser visto por la familia. Al entrar me encontré a la bella señora que es mi abuela.
—Hola, abuela. Perdón, Gorrión. — le hice el saludo y ella se rio.
—Estás loco David. Sabes que entre nosotros la sangre pesa más que el trabajo. Puedo ver que volviste antes y me imagino que es por cierta chica pelirroja ¿No es así? — me pregunta con la ceja alzada. Asentí, no podía negarlo. Claro, por ahora no lo gritaría a los cuatro vientos, porque deseo saber que piensa y desea ella. Lo único que sé es que ella después de haberme dado ese beso despertó un instinto muy extraño en mí. Inclusive esa misma noche deseaba quedarme con ella, pero no iba a ser posible.
—La verdad es que si abuela, quiero hacer algo especial para ella esta noche. Sé a dónde llevarla, pero no sé qué preparar. — le confieso y ella me sonríe y acaricia mi mentón.
—No te preocupes por eso, tú ve a darte un baño, cítala para las 7:30pm. Yo me encargo de conseguir algo. Para una noche especial ¿Tienes paquetitos plateados contigo? — me preguntó y no pude evitar atragantarme con el agua que estaba tomando. Mi abuela de más de 70 años hablándome de sexo.
—No me mires con esa cara, no dije nada del otro mundo. — me dice golpeando mi espalda porque definitivamente el agua había agarrado otro rumbo.
—Abuela, es nuestra segunda cita. Es imposible que tengamos intimidad en este momento. — le digo y ella se comienza a carcajear.
—Ay, mi niño. Cuando hay amor, no hay uso de razón y créeme cuando te digo que en esos momentos se piensan con las partes del cuerpo equivocadas. Solo te digo para que vayas preparado a cuidarla en todos los sentidos David, ahora me voy te vendrán a dejar algo antes que salgas. — dice dándome un beso en la mejilla y luego camina hacia la entrada y sale del departamento. Yo me quedo un poco sorprendido, pero igual le escribí a mi pequeña y me contestó diciendo que estaba con Clara en la tienda de Aitana discutiendo lo del vestido de novia. Me tomé mi tiempo en esperar lo que según mi abuela me traerían, ya que solo faltaban 25 minutos antes de la cita. A los minutos sonó el timbre me hacen entrega de una canasta para picnic y una bolsa que tiene un mantel y candelas de baterías en ella. Niego porque solo a mi abuela se le pueden ocurrir estas cosas. “Es esto o llevarla a un restaurante como normalmente lo haces. El tema es hacer algo bonito y diferente para ella”. Me grita mi conciencia. Tomé las llaves del auto y bajé en búsqueda de mi pequeña. Me sentía ansioso y super ganoso por verla. Me muero por abrazar su pequeño cuerpo. No le escribí en estos días para hacer un poco más ansiado este momento. Llegué hasta la tienda de Aitana y desde afuera pude verla riendo con Clara y Aitana. Se miraba realmente hermosa con su cabello ondulado. El maquillaje la hace ver perfecta, no me aguanto más y me decidí por entrar, ella me mira con sus hermosos ojos avellana. Fui hasta ella y como siempre mi prima Aitana es intensa. Saqué a mi pequeña de ahí para llevarla directamente al auto. Sin esperarlo le gustan mucho las canciones que escuchaban mis hermanas hace unos años. Aproveché el recorrido para platicarle sobre mi misión y es que hasta esto se siente extraño. Poder hablar tan libremente sobre mis misiones con alguien al llegar a mi casa. Llegamos a la roca y rápidamente acomodé las cosas que me mandó mi abuela. Tenía muchas cosas que decirle así que comencé por lo más importante, mis sentimientos.
—¿Me estás diciendo exactamente qué? — pregunta con una sonrisa y con su ceja alzada.
—Que esto que siento por ti es más grande que yo y prefiero decírtelo en este momento porque sé que tú tienes planes, expectativas y conocerme no formaba parte de tu plan. — le digo y ella me sonríe.
—Si bien conocernos, enamorarnos no estaba en los planes de este viaje, pero pasó y aquí estamos. Siempre he hecho muchas cosas por y para los demás. Cuando te conocí encendiste algo en mí. Algo que nunca había sentido y aunque me da miedo este sentimiento. Tampoco puedo negarlo. — me dijo y segundo después sin que pudiera controlarme ante su confesión. Tomé su rostro y besé sus labios, un beso que daba a nuevos comienzos de nuestra parte. El cual también fue subiendo de tono y es en este momento que me agradezco que mi padre fuera el dueño de estos terrenos y no hubiera nada, ni nadie para ver o interrumpir este momento. Nos separamos y tomé su mano para guiarla hasta donde tomaría asiento. Se quitó sus tacones y se dispuso a ver lo que había dentro de la canasta. Y sirvió todo cuidadosamente sobre la manta. Me encanta hablar con ella y ella parecía fascinada escuchando la vez que casi muero en una misión en Italia, una vez que quede guindado por un arnés en Tokio. Ella me contó sobre los primeros años en la universidad y sobre lo que hacían en su comunidad para divertirse. Vi que su rostro se había tornado un poco triste, pero luego volvió a poner una sonrisa en él.
—Me encantan las fresas con chocolate, son mis favoritas. — me dice ofreciéndome una fresa con un poco de Nutella. Abrí mi boca para aceptar lo que me ofrecía y sonreí cuando la muy traviesa me llenó la mejilla de chocolate.
—Bueno, ya que fuiste tú quien me ensució mi mejilla. Tienes que hacerte responsable de limpiarla. — le digo y ella se muerde su labio inferior ante mi comentario. Se puso de rodillas y se acercó a mí. Dejo mi mejilla accesible para ella y sentí el delicado toque de su lengua sobre mi mejilla. Solo ese gesto, activó cada parte de mi cuerpo. Antes de que se alejara, rodee su pequeña cintura con mis brazos atrayéndola más a mí. Su mirada se conectó con la mía y las palabras que salieron de su boca fueron el desencadenante para que perdiera completamente mi cordura.
—Te quiero David. Te quiero a ti y quiero todo contigo. — podía sentir su cuerpo temblar ante su nerviosismo.
—Yo también te quiero mi pequeña. — Sin más preámbulo la besé, nuevamente poseí sus dulces labios. Esta vez olvidándome de todo lo que nos rodeaba, el lugar donde estábamos, y si alguien nos miraba. Solo me importaba este momento con ella. Sus manos se colaron entre mi camiseta y mi chamarra, la quité sin separar nuestro beso. Un golpe de cordura llegó a mi cuando sentí sus manos por mi abdomen. Las saqué de dicho lugar, llamando su atención.
—Si deseamos continuar, creo que no sería en este lugar, pequeña. No mereces tener tu primera experiencia en el suelo y a la intemperie. — le dije dejando besos en su cuello.
—Si me lo preguntas, este sería un momento mágico. Poder entregarme a ti bajo la luna y las estrellas como testigos. — dice con su voz entrecortada por las ligeras caricias que hago en su espalda. No puedo creer que mi pequeña crea que este es el mejor escenario. “Es único y especial, ahora deja de dudar y ponte en acción. Pegaso quiere salir a cabalgar un poco”. Reí ante mi pensamiento.
—¿Estas segura? — pregunte para confirmar que estaba de acuerdo. De su boca salió un sí, que sonó más que una palabra y se escuchó más como un gemido. Ahora fui yo quien comenzó a quitarle su chamarra. Ella quitó mi camisa con urgencia, así como cada una de nuestras prendas fueron cayendo al suelo. La recosté sobre la manta y sus ojos ya no me miraban con dulzura, ahora me miraban con deseo, un fuego el cual me sentía muy orgulloso de haber encendido en ella. Al acariciar su piel podía sentirla erizada y no creo que sea por la brisa fresca de la noche, es de lo que está por venir. Ella cerró sus ojos al sentir mis besos bajando por su cuello, no llevaba puesto un sostén lo que dejaba sus pequeños pechos a mi entera disposición. Su cuerpo se estremeció cuando mis besos estaban llegando a la zona baja de su vientre.
—David — Gimió al sentir mi intención de llegar hasta su dulce paraíso. Uno del cual sólo yo sería poseedor y será mi tesoro a partir de ahora. Recorrí cada centímetro de su cuerpo entre besos y caricias. Quité la última prenda sobre su cuerpo y ella puso a mi entera disposición su bello y apetecible paraíso. Tomé una de sus piernas y la fui besando con delicadeza.
—¡Ah! — la escuché gemir nuevamente y ver cómo sus manos apretaban la manta debajo de nosotros. Me perdí en el delicioso sabor de su néctar. Mi lengua estímulo su hinchado y deseoso clítoris hasta que sentí sus espasmos golpeando su cuerpo.
—¡David! — gritó cuando había alcanzado la cúspide de su orgasmo y yo no podía sentirme más orgulloso de que había sido su primer orgasmo y que lo había alcanzado conmigo. Subí lentamente dejando besos por su abdomen.
—¿Todo bien? — pregunté con una enorme sonrisa en mi rostro. Ella asintió efusivamente.
—¿Estas lista para lo que se viene? Pegaso y tú no se han presentado. — me alejo de ella en búsqueda de mi cartera para sacar el preservativo. Al darme la vuelta ella está sobre sus codos.
—¿Pegaso? No me digas que así se llama tu… — no continúo porque ahora el susodicho se encontraba en su máximo esplendor y frente a ella.
—Si, este es Pegaso. Me dará toda su fuerza para complacerte. — dije tomando a mi alegre y deseoso pene en mi mano. Sus ojos se abren en sorpresa, pero luego se muerde sus labios. Me acomodo entre sus piernas.
—No tengas miedo, voy a cuidarte. — le dije mientras sacaba el preservativo de su envoltura.
—¿Te importaría si… fuera piel con piel? Me gustaría poder sentirte a ti por primera vez y no a un plástico. Juro que mañana lo solucionaremos. — me dice y la oferta me encanto. Yo también quiero eso, sería mi primera vez que no estuviera utilizando un plástico como ella lo nombró. Me acerco más a ella y puedo ver que se tensa, sé que es su primera vez y debe de estar algo asustada y más que Pegaso es algo… mejor se los dejo a la imaginación. Beso su cuello y sus labios para calmarla, tomó sus manos y las llevo hasta arriba de su cabeza.
—¡David! — gritó al sentir como me iba sumergiendo en su interior. Solté sus manos y la tomé por su mentón para vernos a los ojos. Estaba por adentrarme del todo y quería ver su rostro, memorizando cada uno de sus gestos.
—¡Aaaah! Siento que me estás quemando por dentro David. — dijo presa del placer. Su interior está demasiado apretado. Yo también trato de calmarme porque si no explotaré en segundos.
—Pasará pequeña. Dime cuando estés lista. — dije y no había ni terminado cuando sentí su interior apretar nuevamente. Con mi lengua recorrí nuevamente su cuello y hombros. Sus manos se aferraban a mi espalda y eso solo me llenaba de mucho más placer. Me moví lento, sin salir mucho de ella, no deseaba hacerlo. Su interior era una droga a la cual me acabo de volver adicto. Es loco pensar que es la primera vez que todo mi cuerpo responde ante tantas emociones y sensaciones al estar unido a ella. Sandy es la mujer que estaba esperando. Sandy me está enseñando que hay una enorme diferencia entre tener sexo y hacer el amor. Eso era lo que estábamos haciendo, el amor.
—¡Oh, por Dios! ¡David! — gritó cuando comencé a moverme aún más rápido entrando y saliendo de su interior. Apreté su pequeño cuerpo aferrándome a él. Su interior comenzó a sentirse muchísimo más apretado, sus gritos y gemidos sólo significaban que estaba llegando a su orgasmo. La sentí morder con fuerza mi hombro y el placer me recorrió por completo explotando dentro de su pequeño cuerpo. Se sintió magnifico haber estado con mi pequeña pelirroja.
—Sandy. — exclamé cerrando mis ojos. Toques en mi rostro me hacen ver hacia abajo.
—Te amo David. — no respondí nada en ese momento. Solo me acerqué y devoré sus labios con demasiada pasión. Pegué mi frente con la suya y sequé una pequeña lágrima que bajaba por su mejilla. Si para mí fue algo glorioso, me imagino lo que fue para ella al extremo de confesar que me ama y eso me hacía estúpidamente feliz.
—Yo también, te amo Sandy. Esto no solo fue sexo mi pequeña pelirroja. Esto fue amor y prometo cuidar de esto entre nosotros para toda la vida. — Ella lloró aún más. Salí de su cuerpo y sentí frío de inmediato. Traje lo que sobraba de la manta hacia nosotros para cubrirnos. Ella se acomodó en mi pecho y yo vi hacia las estrellas. Cerré mis ojos porque ahora lo que me invadió fue miedo. Miedo de que mi pequeña se vaya de mi lado cuando regrese a los Estados Unidos. “Ella quiere y merece una relación estable y tu iras de misión en misión dejándola sola por quien sabe cuánto tiempo”. Ese pensamiento que me saltó fue muy difícil de responder y peor después de lo que acabamos de hacer. En este momento no sabría responder nada más que, amo a esta pequeña chica a mi lado y voy a hacer lo que tenga que hacer para mantenerla a mi lado para siempre.
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