No le di tiempo a pensar. Ese fue el primer error que le quité de las manos. El trayecto fue largo, deliberadamente largo. No por distancia, sino por aislamiento. Tomé rutas secundarias, carreteras sin nombre, desvíos que no figuran en mapas comunes. La ciudad quedó atrás como una idea que se disuelve cuando deja de ser útil. Allysel no preguntó nada durante las primeras horas. Observaba por la ventanilla con esa atención tensa de quien intenta memorizar el camino sabiendo, en el fondo, que no servirá de nada. La casa apareció sin anuncio. No había letrero, tampoco buzón, no había número, ni vecinos visibles. Era una estructura limpia, moderna, de líneas precisas, incrustada en el paisaje como si hubiera sido diseñada para no llamar la atención… y aun así dominarlo todo. Hormigón pulid

