Me derrumbé sobre la cama después de que Davide me habló, como si todas las piezas de mi mundo se desarmaran de golpe. Su voz todavía retumbaba en mis oídos, cada palabra de él quedó clavada en mí como un cuchillo invisible. La amenaza de perder a Lily… esa simple frase me dejó sin aire, sin fuerzas, atrapada en un vértigo que no podía controlar. Cada respiración era un esfuerzo, cada latido de mi corazón un recordatorio de que había fallado, que me había dejado arrastrar por algo que no podía dominar. Intenté calmarme, respiré hondo, cerré los ojos, pero la droga todavía me recorría, fría y ardiente al mismo tiempo, alterando mi equilibrio, mi percepción. Mis manos temblaban, torpes, traicionando mi intento de aparentar normalidad. Intenté levantarme, caminar hacia el espejo, pero mis pi

