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1086 Palabras

No dormí. Ni siquiera cuando la casa se quedó en silencio, ese silencio mentiroso que solo existe cuando todos contienen la respiración. Clara estaba allí. No como un recuerdo. No como un fantasma. Estaba viva, caminando por los mismos pasillos que yo había jurado no volver a transitar y menos si eran caminos contaminados con su presencia. Y con la del recuerdo del desgraciado de Nicola. El nombre me cruzó la mente como una hoja oxidada. Nicola Sforza. Mi peor error. Una herida abierta. Me serví un vaso de whisky en el despacho sin encender la luz. Llevaba aún la camisa negra abierta en el cuello y las mangas arremangadas; no había tenido fuerzas para cambiarme. El reflejo del vidrio me devolvió una versión mía que no reconocía del todo: tenía la mandíbula tensa, y la mirada dura, pe

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