—Como siempre, exquisito, Davide… estar contigo siempre es placentero —me dijo Dinora cuando se bajó de encima de mi cuerpo, apenas dejé ver una sonrisa. Mi rendimiento no fue decepcionante, pero sí mi sentir. Con suerte Dinora no percibió mi abstracción mental. La maldita Allysel estuvo en todo este tiempo en mi mente. Mi boca se haci agua porque fuera ella quien hiciera explotar mi m*****o en su interior, mis manos cosquillear por tocar cada parte de su cuerpo nervioso. Me sentía atormentado. No pude sacarla de mi sistema ni siqueira porque Dinora es una mujer en todo el sentido de las palabras. No tiene nada que envidiarle a ninguna mujer, más bien al contrario, muchas la envidiaban, y sin embargo, conmigo, esta vez no logró darme el placer que tanto estaba buscando. —Ya me voy —a

