La casa no volvió a ser la misma después de esa madrugada. No porque faltara Lily. Sino porque Davide dejó de fingir que aún quedaba algo humano dentro de él. Yo lo vi transformarse desde el primer minuto. No gritó más. No volvió a perder el control. Eso fue lo más aterrador. Caminaba por los pasillos con una calma antinatural, vestido de n***o absoluto: pantalón entallado, camisa cerrada hasta el cuello, y el reloj de acero oscuro marcaba cada segundo como un recordatorio cruel de que el tiempo se agotaba para alguien… no para él. Para los demás. —Cierren esa puerta —ordenó sin mirarme. Dos hombres empujaron a Emma dentro del despacho auxiliar. No fue violento, tampoco caótico. Fue medido, con esa sutileza que tiene el borde de una hoja al cortar sin producir dolor en el momento.. C

