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2633 Palabras

La casa de Nicola tenía un silencio distinto esa mañana. No era calma… era presión. Una especie de eco invisible que se movía entre las paredes y que me empujaba a recordar que ese lugar tenía un pasado más sucio del que cualquiera sospechaba. Pasé por el pasillo rumbo al despacho y me detuve al ver algo que no había visto desde el día anterior. A Allysel. No en pijama, no con ojeras, no con ese aspecto de alguien que cargaba días enteros de abandono acumulado en la piel, o peor aún, el aspecto de alguien que se estaba dejando destruir por ese ,aldito vicio. No. Llevaba unos pantalones caqui ajustados que se moldeaban a sus piernas de una forma irritantemente atractiva, y una camiseta blanca simple, limpia, que dejaba ver la silueta suave de sus pechos cuando respiraba. El cabello lo

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