Capitulo 1, parte 2

1173 Palabras
Para el día en que mi hermano y yo salimos a la plaza yo ya me había masturbado unas cincuenta veces. Y no me juzguen, traten de recordar lo que hicieron una y otra vez cuando supieron de qué se trataba. No seré la única, estoy segura. Y tal vez, me parece, que aquello que notaban extraño mis papas respecto a mi comportamiento no era más que cansancio por el afán de estarme tocando a cada momento. - Vamos. Ava. Mi papá me ha dado un buen fajo de billetes para gastarlo. - Me dijo mi hermano queriendo parecer divertido y animarme. - Sì, que emoción. - Le devolví la intención, pero no me lo creyó. En el camino no podía evitar mirarlo de reojo. Siempre pensé que sería divertido salir con mi hermano porque lo veía desde el plano infantil, como cuando compartíamos juegos; pero ahora, ya crecidos, se trataba de otra cosa. Mis ojos se posaban discretamente en su entrepierna como intentando adivinar si el bulto que se le marcaba era porque lo tenía parado o que estaba tan dotado que incluso aguado podía vérsele. En un movimiento brusco que sacudió el coche me asustè demasiado y mi mano fue a parar justo en ese lugar para darme cuenta de que era lo segundo. Estaba muy apenada y seguramente mi rostro se volvió rojo. Mi hermano volteò a verme y yo a él, así quedamos algunos segundos mientras sentía en la palma de mi mano como su m*****o crecía despacio. ... Llegamos al centro comercial y después del susto todo parecía normal y digo parecía porque no lo era del todo. Se había creado una especie de tensión entre nosotros que en algún momento iba a estallar. - Mira. Vamos a esa tienda, debe haber cosas lindas. - Me dijo señalando una en la que no vendían prendas que yo acostumbrara a comprar. - No lo creo. No es para mí. - Dije con timidez. - ¿Estas loca? ¿Por qué no, hermanita? - Preguntò juguetón. - Pues ya sabes, ahí compran las chicas lindas y la ropa es pues para otros tipos de cuerpos. - No seas tonta, tú eres muy bonita. Ven, vamos a probarte algo. Su comentario me alegrò, pero no tanto como el haberme tomado de la mano. Me sentía como una tonta, me imaginaba que los demás pensarían que era mi novio y me enorgullecìa, aunque de repente la realidad me hacía topar y pensaba en que ¿cómo es que un chico guapo como mi hermano podría decidir salir con alguna como yo? - Hola, chicos. ¿Como puedo ayudarlos? - Nos abordó una trabajadora que seguramente si no hubiera sido por mi hermano a mí no llegaría a atenderme - Hola, estamos buscando algunas cosas lindas para ella. - Respondió mi hermano señalandome. - Ah muy bien, aquí tenemos muchas cosas que le encantarán a su novia. Yo estaba a punto de decirle que era mi hermano, pero ella se dio la vuelta rápido y él solo me vio riéndose y guiñando un ojo. Parecía que le divertía. Estuvimos alrededor de 10 minutos siguiendo a la chica que tomaba algo de por aquí y algo de por allá hasta que al final me dio un paquete de prendas que por mí misma no las hubiera seleccionado, pero ya estaba. Le dije a mi hermano que no estaba muy segura, pero me animò de nuevo. - Anda, entra y aquí te espero. No olvides salir a mostrarme. Me dijo mientras se sentaba en una banca que daba directo al pasillo de los probadores. Ya en el pequeño cubículo pude ver bien todo lo que llevaba. Eran blusas, shorts, un par de faldas y dos vestidos. En verdad que no me cabía en la cabeza como me había pasado eso, quizá quería hacerme quedar en ridículo frente a mi "novio" sabiendo que nada de eso me calzaría bien. Lo primero que me probé fueron los pantalones y las blusas. Elegí bien con cual salir para mostrarle mi mejor versión y èl pareció sorprenderse al verme ajustada pues acostumbraba a usar ropa holgada o mi uniforme. - No estàs tan flaca. Mi amor. - Me dijo burlón y de. Inmediato me metí. Lo siguiente eran los shorts y ahí fue que recordé que no me había depilado las piernas desde hacía una semana. "Rayos" pensé. Aunque fuera mi hermano me sentía apenada, qué tal si por ahí había algún otro chico guapo. Y es que, por la urgencia de masturbarme en cualquier momento libre, aprovechaba el tiempo de baño para dar placer y como no debía tardar mucho, elegía eso en lugar de cuidar mis piernas, al fin de cuentas nadie las vería, o eso pensé. Me puse los shorts y elegí el mejor. Esta vez al salir no me acerqué mucho y lo hice por escasos diez segundos. Puse los dos pies afuera, di una vuelta a media velocidad con las manos en mi cintura y volví a entrar. Pero esta vez mi hermano no hablò. De hecho, al terminar de girar notè que su vista estaba a la altura de mi trasero y recorrió rápido mis piernas. Su cara mostraba sorpresa. Me quedé pensando en què pudiera haber pasado así que, con el punzón de nuevo en mi entrepierna decidí salir con las dos faldas. La primera era de mezclilla, me quedaba dos manos arriba de mi rodilla y no tenía pliegues. La forma en que estaba hecha hacía que mis piernas se vieran más largas, pero a la vez más torneadas. Me vi por detrás y me sorprendí porque se me iba incluso un pequeño culo como nunca. Igual que mi hermano me quedé sorprendida. Esta vez tomé aire antes de salir y que sorpresa me llevé cuando al voltear hacia la banca no lo vi. "Perro, se ha de haber ido con alguna de por ahí", pensé, y por instinto salí a asomarme. Me quedé en shock cuando apenas terminó la pared porque lo encontré justo ahí recargado. Tragué saliva y me quedé mirándolo. - Emmm... mira. - Le dije con voz de niña consentida asustada. - Wow, Ava. No puedo creerlo. Te ves muy bien. - Respondió sonriendo. Me di la vuelta para regresar, pero quise comprobar algo y giré de nuevo. Como lo pensé, estaba viéndome las nalgas y para colmo se mordía el labio inferior. La segunda falda era un poco más corta, quizá dos o tres centímetros de colores claros pastel y de cuadros. Tenía tablones, de esos que tanto les gustan a los chicos hoy en día y mi hermano no fue la excepción. Esta vez al salir estaba tranquilo en su lugar y no tuve que acercarme, pero decidí extender un poco más el tiempo de muestra. A él le encantó, por supuesto, lo pude ver en la forma en que se acomodó el pene al recargarse bien en la silla y por la forma tan descarada en que me veía de arriba a abajo. ...
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