Capitulo 1, parte 3

1046 Palabras
Ya por la emoción y querer estar con él no salí para mostrarle los vestidos. Pero sè los comprè. Me veía genial, era una nueva Ava y mi hermano me había impulsado a eso. ... El resto de la tarde nos la pasamos platicando y ya no éramos los mismos que al llegar. Esa tensión se había hecho aún más grande y con una pequeña grieta por donde los dos intentábamos entrar. Algo iba a pasar y yo quería que sucediera de inmediato. - Oye, hermanita. Deberías de vez en cuando quitarte esos pelos de las piernas, eh. ¿O piensas usar así tus faldas? - Me dijo con arrogancia. - ¿Y a ti que te importa? Sì, así las voy a usar. Al fin de acabo nadie va a andarme agarrando las piernas. - Le respondí igual. - Uy, pensé que por haberte traído a comprar me ibas a dejar ir de regreso con la mano ahí, al fin somos "novios", ¿no? - Al decir eso se rió por lo que parecía una broma, pero era un evidente juego s****l así que le tomé la palabra. Caminamos un poco más y al ver una farmacia le dije “espera tengo que comprar algo y salí corriendo”. Por mi cara de urgencia y además de que al regresar le dije que iba al baño rápido, seguro pensó que me había llegado el periodo o algo así, pero nada de eso. Fueron alrededor de siete minutos los que tuvo que esperar, pero valió la pena. El rostro de impaciencia que le vi antes de que notara mi presencia se transformó en algo que ni siquiera puedo describir. Ahí me tenía, con mi faldita nueva, enfrente de él, ahora sin pelitos en las piernas y brillantes como seguramente a él le gustaban. - Ava, yo... Yo lo dije en broma... Disculpa no quiero que...- - Tranquilo, no pasa nada. ¿Nos vamos? Lo interrumpí para que no arruinará el momento. Al final de cuentas yo sé lo que quería. El camino al estacionamiento fue largo, en silencio, pero mágico. Nos fuimos tomados de la mano, hombro con hombro, mirando hacia el suelo. Sin prisa, pero con muchas ganas de llegar al coche y saber lo que pasaría. En un movimiento inusual, mi hermano se me adelantò para abrirme la puerta del coche. Nunca en mi vida pensé que lo haría, pero como dije ya no éramos los mismos. Al subirme y cerrar la puerta rápido me acomodè y como no queriendo subí algunos milímetros más mi falda y separè un poco las piernas, colocando mis brazos a lado de mi cuerpo, bien recargada en el asiento. Él se subió y sin voltear a verme encendió el coche. Apenas había hecho el cambio de palanca cuando hable. - Wililam. - Mi voz estaba cargada de deseo. - Sí, Ava. Dime-. - Respondió con una pesadez que demostraba como luchaba contra sus impulsos primitivos. - Bésame. - Le pedí. ... En un microsegundo ya lo tenía frente a mí, con sus labios pegados a los míos, paseando su lengua dentro de mi boca mientras sus manos presionaban mi cabeza para que me fuera imposible separarme. El coche seguía en marcha, pero no importaba. - Tócame, acaríciame. - Le exigí. De inmediato bajò su brazo izquierdo hasta mis piernas y primero despacio pero luego con intensidad acariciò cada parte de ellas. Le gustaban, las estaba disfrutando y yo también. Quise imaginar como serìa que alguien más me masturbara, lo había pensado durante mis momentos íntimos, pero esta era la primera vez que estaba tan cerca y le tomé por la muñeca para dirigirlo a mi entrepierna. La sensación fue maravillosa y comencé a gemir cada vez más rápido, casi gritando, hasta que de golpe una luz en la ventana y un toque de dedos en la misma nos regresó a la realidad. Era el guardia de la plaza. - Ey, muchachos, no pueden estar haciendo eso aquí. - Nos gritó molesto. Por instinto juvenil mi hermano regresò a su lugar y en un intento de escape pisò el acelerador, pero fue un error no estar atento a todo porque el coche fue a parar directo al lugar destinado a los coches de compra que dejan los automovilistas. Ahí, con el coche apagado por el golpe, volteamos a vernos y nos dimos cuenta de que estábamos en problemas. ... El golpe generó un ruido de tal magnitud que otros paseantes voltearon y rápido fueron a auxiliar sin saber lo que pasaba. De un momento a otro estábamos rodeados de gente y vi como el guardia llamaba a alguien por el radio. No tardaron ni cinco minutos cuando otros tres estaban con nosotros. Poco a poco la gente fue yéndose y yo aún en el coche veía como mi hermano discutía con los cuatro hombres que le exigían un número telefónico para comunicarse con algún responsable. Él se negaba, como podìa apreciar en su movimiento de cabeza, pero nada de lo que dijera funcionó. - Viene papá. - Me dijo apenas subió al carro sin voltear a verme. En total silencio esperamos veinte minutos hasta que vimos a nuestro padre llegar. Aparcó cerca de donde estábamos y fue directo con los vigilantes. Durante otros diez minutos estuvimos viendo còmo la plática pasó de ser cordial a convertirse en casi una pelea. Mi padre estaba vuelto loco y por poco le propina un golpe al primer guardia, el que nos había visto. No estábamos seguros por qué, pero una idea teníamos. Lo vimos caminar hacia el auto donde estábamos, ya acomodado en un cajón del estacionamiento, y al llegar nos dijo - Vamos, este hijo de perra es un maldito pervertido. No quiero que jamás en su vida vuelvan a poner un pie en este lugar. Si bien lo dicho no daba mucha luz, ahora si sabíamos sobre què había tratado la conversación. Cuando nos dirigíamos a la salida, pasamos a un lado de los guardias quienes parecían tranquilos e incluso reían viendo un teléfono y mi corazón se aceleró cuando al estar justo a un lado, uno de ellos levantó la pantalla dejándome ver un fragmento del video en donde aparecíamos besándonos. No había escapatoria y habíamos dejado evidencia.
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