Capìtulo 1, Parte 5

1181 Palabras
Apenas llegamos a casa y me bajè del coche, abrí la puerta trasera y jalè a mi amigo para entrar y subir a mi habitación. Ya ahí todo se volvió calma. - ¿Què te pasa? ¿Mucha prisa? - Me preguntò agitado. - Sí, no quiero ver a mi hermano, estoy enojada con él.– Respondí dejando la mochila a un lado y quitándome el chaleco del uniforme, un gesto normal que hago al llegar a casa. - Tendrá que ver con lo de anoche, ¿eh? - Me preguntò atento a lo que hacía. - Sí, de hecho. ... Pasaron unos minutos y estábamos ahí recostados en mi cama viendo cada uno su celular, sin hablar, cuando escuché que tocaban la puerta. - Ava, abre. - la voz de mi hermano era la del otro lado. No hice caso y se fue. - ¿Què pedo te traes con él? Parece inquieto también. No vaya a pensar que tú y yo...- Se detuvo, pero logrò insinuar algo que no era posible. - No sé, quizá lo mandaron vigilarme. Hablando de eso. Mira. - Le dije y me puse de pie con un brinco en dirección a mi guardarropa. Saqué una por una las prendas que me había comprado ayer y las fui aventando a la cama. Mi amigo, más que sorprenderse pareció divertirle el hecho de pensar que yo usara esas faldas tan cortas y vestidos. Por supuesto me molesté y le exigí que se volteara hacia la pared. Ante su negativa y mi insistencia no tuvo otra opción pues comenzaba a subir el tono de mi voz y le tenía miedo a mi hermano. - Ahora sí, voltea. - le pedí unos tres minutos después y varias revisadas en el espejo de cuerpo entero. Su cara es un tesoro del que no me queda evidencia. Estaba totalmente sorprendido de lo que veía y puedo apostar que llegó a pensar que algún ovni vino a secuestrar a Ava para poner a otra en su lugar. Lo vi tragar saliva. - Ves que no te mentí. - Le dije orgullosa. - No mames, Ava. Te ves... te ves...- Intentò acabar la frase, pero no pudo. - ¿Bien rica? Jajaja- Preguntè esperando solo una afirmación como respuesta. Lo hizo con la cabeza y yo me acerquè coqueta. Después de los movimientos de pierna y las dos vueltas super lentas que hice mi amigo ya no podía ocultar su erección y yo que estaba demasiado cachonda pensé "ni modo, es lo que hay". Le ordené sentarse al borde de la cama y trayendo de vuelta a la Ava nueva me puse justo enfrente de él, abrí mis piernas para poner sus rodillas entre las mías. - Acaríciame. Hazlo. Sè que quieres. Sin pensarlo colocò la palma de sus manos en mis rodillas y torpemente acariciò mis muslos de arriba a abajo. Lento, tonto, sin gracia. Se notaba su inexperiencia. Lo agarré por las muñecas y yo misma comencé a hacer los movimientos necesarios de un lado a otro, de atrás hacia adelante, de arriba a abajo. - Aprieta. ¿No te gusta? Volvió a decir que sì con la cabeza y poco a poco fue subiendo hasta mi entrepierna. Yo ya estaba que no podía más. Quería que me tocara ahí y terminar con eso de una vez por todas, pero estaba frente a un muchacho tonto. - Acuéstate. Ya en la cama, mi amigo me quedò viendo de arriba a abajo y sus ojos parecieron salirse cuando me quite la blusa y el top que usaba a modo de sujetador. Era la primera vez que alguien me veía desnuda y ya no sentía pena. De un solo jalón le bajè el pantalón y saltò de inmediato su m*****o, delgado y corto, esperando para ser domado. Lo siguiente que hice fue meter mis manos debajo de mi falda y me quité despacio y de la forma más sexy que podía mi panty. Era evidente, en ese punto, que mi amigo no iba a poder más, lo noté por las gotitas transparentes que comenzaron a salir de su pene, lìquido preseminal según leí para saber todo sobre el sexo, así que me subí con las piernas abiertas a la altura de su sexo y lo tomé para colocarlo en la abertura de mi v****a que ya estaba bien lubricada. - Ya sé que es la primera vez que lo haces, la mía también, aunque no parezca. Apenas le dije eso y me dejé caer para que me penetrara. Èl arqueo su espalda en señal de placer profundo y yo solté un gemido largo y fuerte. Había simulado la penetración durante la semana anterior con diferentes objetos de distintos tamaños para ir acostumbrando a mi v****a, como también leí, para mi primera vez, pero ni los lápices, el marcador, tampoco el mango de un cepillo para el cabello y ni siquiera el desodorante en aerosol me hicieron sentir lo de ese momento. Como una loca y seguramente ridícula comencé a moverme de adelante hacia atrás, cada vez más rápido y con mayor desesperación para asegurar un orgasmo. El mayor punto de excitación llegó justo en el momento en que mi hermano volvió a tocar la puerta de mi cuarto. Mi amigo se asustó e intentò quitarme, pero yo estaba muy concentrada y al escucharlo gritar mi nombre "Ava, Ava" me llenè de lujuria desmedida. Imaginé que era èl quien estaba debajo de mì e hice algunos movimientos de arriba hacia abajo que sirvieron como punto final. Mi amigo y yo terminamos al mismo tiempo y los gemidos ahogados con nuestras manos se fueron disipando al mismo tiempo que la voz de mi hermano por el pasillo. Ahora venía otro golpe de realidad. Mi amigo se puso de pie rápido, me dijo que se tenían que ir y sin despedirse bien abrió la puerta y salió tan pronto como pudo. Yo rápido me puse la blusa y justo cuando estaba por cerrar la puerta, el brazo de mi hermano se interpuso. - ¿Què chingados estabas haciendo? - Gritò con furia. - Terminando lo de ayer. - Le respondí pedante. - ¿Estas loca o qué? - Su cara estaba roja a causa del enojo.- Mis papas podrían haber llegado. Intenté en ese momento cerrar la puerta empujándolo con las dos manos, pero definitivamente él es más fuerte que yo y no pude hacerlo. Entrò a la habitación y por el impulso caí al suelo. Desde ahí vi cómo se quitaba la camisa dejándome ver su pecho y los brazos enormes y se abalanzó hacia mí para levantarme. Como un loco comenzó a besarme y tocar cada centímetro de mi cuerpo llegando hasta mi v****a. Se quedó quieto un instante y levantó su mano llevándola hasta su nariz. - ¿Lo dejaste venirse dentro de ti? - Preguntò apretando su deliciosa mandíbula y me aventó al colchón. Vi con ansia y desesperación como empezaba a desabotonarse el pantalón para quitárselo cuando desde abajo se escuchó una voz. - Niños, ya llegué. Era mi madre.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR