Capítulo 2
El hostal barato
Los pensamientos sexuales y las fantasías siempre, siempre, me traen la imàgen de mi hermano. Es increíble el darme cuenta de cómo pasaron los años, viviendo en la misma casa, y nunca pudimos terminar lo que él y yo iniciamos en aquel estacionamiento. A pesar de la cercanía, de todos los momentos que estuvimos solos y sobre todo de las ganas que teníamos de cogernos, cada ocasión que estuvimos a punto, algo sucedía para cortarnos la oportunidad. Eso sí, yo no iba a dejar de sentir los placeres del sexo y sé que él también tuvo lo suyo y estoy segura de que, así como yo, cada rostro de sus parejas sexuales lo transformaba en el mío.
Ya para terminar la educación media tuvimos la oportunidad de hacer un viaje estudiantil. La idea era darnos una experiencia de independencia que agradeceríamos en el futuro y a nuestros padres la oportunidad de que vivieran la angustia de tenernos lejos en un ambiente controlado. Había un chiste que se contaba sobre esa clase de actividades y que nunca entendí bien hasta después y trataba sobre que se iban treinta y regresaban cuarenta y cinco. Pues no estaba muy lejos de la realidad, después de todo, pero al menos no fue nuestro caso.
- Yo no estoy muy segura de eso, William. - Le decía mi mamá a mi papá respecto al viaje.- Esos muchachos no me dan confianza.
- Tranquila, mujer, son jóvenes y al final de cuentas van bien cuidados por los maestros. - Le contestaba tratando de calmarla.
- Yo he escuchado cosas bien creepies del viaje, pa. - Agregaba William Hijo intentando cortarme la posibilidad de ir.
Desde la ocasión en que me encontró cogiendo con mi amigo, mi hermano se había dedicado a lograr dos cosas. La primera era cogerme también y la segunda quitarme cualquier oportunidad que tuviera de volver a hacerlo.
- Pues como quiera, pero Ava, más te vale que no me vayas a regresar con sorpresas. Ya ha sido muy difícil para mí ver todos estos últimos cambios.
Tenía razón. Durante el último año no solo había cambiado mi forma de ser, también mi manera de vestir, mis amistades y sobre todo mi cuerpo. Nunca hubiera pensado que la actividad s****l fuera a detonar mi desarrollo y ahora lucía totalmente distinta. Mis pechos habían crecido tanto como para poder usar un escote pequeño, pero bien formado, las piernas y caderas eran más anchas y detrás mis nalgas bien redonditas que se acomodaban a cualquier prenda que usara. Las miradas por fin se posaban en mi cuando salíamos en familia, como nunca, y en la escuela comencé a llamar la atención.
Lo único que extrañaba de mi yo anterior era la cercanía con mis dos únicos amigos porque sabía que eran de verdad, ahora tenía bastantes, pero sabía que se trataba solo de acercarse a ver què lograban o para pedirme un favor en el caso de las mujeres. Como fuera, lo disfrutaba al por mayor.
Quien parecía no estar muy contento era mi hermano porque me reclamaba cada vez que se escábuia a mi cuarto lo mucho que había cambiado. Yo le regresaba diciéndole que todo era gracias a él y que no se quejara porque bien que nos la pasábamos de maravilla cuando se podía. Cada día era una queja distinta y siempre era igual: Entraba sin previo aviso, normalmente ya de noche cuando todos dormían, me decía sobre esto y el otro, y lo callaba con un largo y cachondo beso. Terminábamos desnudos en la cama bajo las sábanas, pero algún sonido lo hacía volver a su recamara.
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