Capítulo 2, Parte 2

669 Palabras
Capítulo 2, Parte 2 El día del viaje busquè a Fer y Armando. Aunque ya no hablábamos mucho, esto era algo que quería vivir con ellos porque desde que entramos al nivel lo platicamos emocionados. Hicimos planes y promesas que yo se estaban dispuesto a cumplir. - Chicos, despídanse y suban. - La voz del profesor nos ordenó. - Profe, pero faltan algunos. - Le dije intentando ganar tiempo. - No falta nadie, hija. Estamos los que somos. - Respondió.- Mmmm seguramente quieres saber sobre Fer, pero si no sabes es que ya no eres tan amiga de él. La frase fue dolorosa pero cierta, aun así, me molestó y me subí al camión. Ya arriba repasé con la mirada todos los lugares y ciertamente no lo encontré. Sin dudar y antes de que diera marcha el camión me cambie de lugar rápido para alcanzar a Sebastián, otro chico con quien se juntaba Armando, para preguntarle. Lo que me dijo me dejo impactada. - Los papás de Fernando tuvieron un accidente y están muy graves, su hermana y el iban con ellos, pero no les pasó nada. Mierda. Sentí como se me vino el mundo abajo porque de haber sabido no hubiera asistido al viaje, pero ya era tarde. Volteé a la ventana y dije adiós con la mano a mis padres que estaban ahí de pie. Lancé un beso que ellos tomaron como suyo, pero con dirección de mi hermano que ni siquiera sonrió. Ya se arrepentirá, pensé. En todo el viaje estuve pensando en cómo estarían mis amigos y deseando que volviera la señal de mi teléfono para mandarles mensaje, pero no se pudo. .... El lugar a donde fuimos no estaba lejos. En realidad, era solo a unos cien kilómetros solo que por la ausencia de civilización parecía que estábamos en otro lugar más alejado. Al llegar rápido nos bajamos y cada uno tomó su equipaje. Nos reunieron en una especie de solar y escuchamos cada una de las indicaciones que tenían para darnos. Todo eso fue más bien aburrido así que iré a lo importante. De un momento a otro el lugar se fue quedando vacío al exterior, cada uno tenía, de acuerdo con lo que se hubiera pagado, una habitación asignada. Algunos compartían otros no y este era mi caso, debido a la preocupación de mi mamá. - Le dejas todo más fácil, ma.- Decía William. - Así podrá meter a quien quiera. La mirada que le lanzaba mi mamá era determinante. Que no se atreviera a hablar así de su princesa. - Sácate a la chingada de aquí. ¡William! (Mi padre) ven a escuchar las pendejadas que dice tu hijo. Mi papa llegaba y decía cualquier cosa para regresar a lo que hacía y mi hermano quedaba riendo. Yo también lo hacía, pero borraba la suya con algún movimiento rápido en donde le dejaba ver alguna parte de mi cuerpo para que viera lo que otros se iban a comer. Entrè a mi habitación y me cayó la realidad, tal vez sea de la que hablaban en el viaje. Lo único que había era una cama cubierta por sábanas de colores ya desgastados y un mueble cuadrado a un lado cuyo cajón no podía abrirse. De frente, un tocador viejísimo de madera que tenía un espejo grande pero roto y encima de este un televisor antiguo, de caja, metido en lo que parecía una jaula. "No puedo creer que hasta la TV se roben", pensé. El baño también dejaba mucho que desear. En el piso y la taza habían manchas amarillas que, si bien parecían estar ya desde hace mucho tiempo, eran la evidencia de que el servicio de limpieza no pasaba muy seguido por ahí, era como sarro, del que es imposible desprender. Por supuesto no había agua caliente. Me tumbé en el colchón y miré al techo, una mancha grande y gris me daba a entender que antes ahí había algo pegado, pero ni siquiera me pude imaginar què. ...
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